Thursday, 24 January 2013

Haga usted las leyes y déjeme a mí los reglamentos (I) Publicado por Alfonso Vila Francés

Arte y Letras, Historia
Haga usted las leyes y déjeme a mí los reglamentos (I)

Publicado por Alfonso Vila Francés
http://www.jotdown.es/2013/01/haga-usted-las-leyes-y-dejeme-a-mi-los-reglamentos-i/



1 ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? (España 1800-1936)

Hasta el siglo XIX las cosas estuvieron bastante tranquilas. Había un rey absoluto, que luchaba contra otros reyes absolutos. Si el pueblo se moría de hambre, si algunos nobles tenían problemas económicos, siempre se podía asaltar una judería. El pueblo era muy poco original, sobre todo cuando estaba desesperado, y los nobles y poderosos sabían sacar partido de ello (véase, por ejemplo, el asalto a la judería de León de 1449). Las cosas iban bien para algunos y mal para la mayoría, pero nadie se extrañaba por ello.

Es cierto que en Francia había habido una revolución. Y antes que en Francia, en las colonias inglesas de América del Norte habían hecho algo infinitamente peor, algo inadmisible: crear una república, con una constitución, con unas leyes que hablaban de “derechos inalienables”. Y dar una patada a su antiguo señor, el rey inglés… Eso era algo que los gobernantes españoles hacían bien en ocultar al pueblo. No. No eran tontos. Y ya lo dijo bien el Conde de Aranda, valido de Carlos III, en su informe sobre el nacimiento de los Estados Unidos: “Ese pequeño país nos va a dar problemas”, dijo. Y vaya si acertó…

Pero el pueblo, ya digo, estaba tranquilo, y el rey, dentro de lo que cabe, también.

Los franceses estaban cerca, pero los Pirineos siempre han sido una buena frontera. Y ya desde Felipe II se habían tomado medidas para que los españoles (los pocos que querían hacerlo) no estudiasen en las universidades europeas (excepto en la de Roma y alguna que otra excepción). Todo estaba bastante bien controlado.

Hasta que Napoleón no tuvo mejor idea que invadirnos. Allí se jodió el invento… No voy a hablar aquí de las enormes consecuencias a todos los niveles que tuvo la invasión francesa, es un tema muy interesante que tal vez abordaré en otro momento. Ahora me limitaré a recordar las palabras deÁlvaro Floréz Estrada, político, economista librecambista y patriota: “La lucha contra el invasor no tiene sentido si no es al mismo tiempo una revolución política”. Muchos liberales pensaban lo mismo, y pese a ello lucharon contra el “revolucionario” Napoleón. Y luego Fernando VII se lo agradeció enviándolos al exilio o fusilándolos.

Napoleón (que en realidad de revolucionario tenía bien poco, aunque, paradójicamente, sus ejércitos sí traían las ideas de la Revolución Francesa) fue la primera sacudida grave que sufrió el sistema absolutista español. Pero el sistema aguantó bastante bien. Y eso a pesar de la escasa astucia política de un personaje como Fernando VII, uno de los reyes más mediocres (por no decir algo peor) que hemos tenido en este país. Sin embargo, mal que bien, Fernando VII se las arregló no solo para morir siendo rey de España, sino para asegurar la continuidad de su dinastía. No le salió gratis al país. Pero después de la primera guerra carlista y algunos contratiempos más, Isabel, una acorralada niña de 13 años, fue nombrada reina. Tal vez el rey respiró tranquilo desde el más allá (en sus últimos años de reinado, su única preocupación parecía ser evitar que el trono recayera en su hermano Carlos), pero el reinado de su hija no iba a ser un camino de rosas. Tuvo que enfrentarse, muy a su pesar, a todos los problemas que no supo ni quiso resolver su padre.

¿Y qué hizo esta pobre criatura? Pues primero dejarse manejar por todos, hasta que se hizo adulta, después buscar el gobierno menos malo (para sus intereses, que, desde luego, no eran los intereses de la nación), y finalmente vivir bien y disfrutar de su riqueza y posición, que para eso era la reina. Lo malo es que todos los chollos se acaban algún día y a Isabel su chollo se le acabó en 1868. Ese año, con bastante retraso respecto al resto de la Europa occidental (Rusia y la Europa del este es otro mundo), los españoles quisimos ser modernos. Para empezar nos inventamos una revolución. Y la llamamos “La gloriosa”, que es un nombre con garra. Y casi con eso ya nos dimos por satisfechos…

Nuestros vecinos, a la altura de 1869, ya estaban en plena revolución industrial, habían vivido tres oleadas revolucionarias, sin contar la revolución francesa, y tenían más que superado el Antiguo Régimen. Aquí aún estaba prácticamente todo por hacer, en lo político y en lo económico.

1868 era la oportunidad que medio país estaba esperando. Y fue una oportunidad perdida… “La gloriosa”, si se mira bien, no fue nada gloriosa. Se pegó la patada a una reina, pero no hubo ninguna limpieza a fondo, solo un ligero lavado de cara. Y eso fue por la misma razón de siempre, por la que “fracasan” todas las reformas “desde arriba”: porque realmente no están concebidas para ser un éxito, sino solo para “salvar los muebles” (y perdón por las comillas, pero creo que es la mejor manera de decirlo: este tema es muy complejo y yo solo pretendo hacer un rápido resumen). ¡Ojo! Con esto no quiero decir que no haya personas que seriamente lo intentan: ministros como Mendizábal, comoMartín de Garay, como Manuel Fernández Giménez, entre otros muchos, pero estas iniciativas siempre chocan contra el mismo muro: la intolerancia de las clases altas, de los que siempre han tenido el poder y la riqueza en sus manos y no quieren ceder ni un ápice de ambas cosas, les cueste lo que les cueste. ¿Es casualidad que todas las reformas agrarias hayan fracasado en España, que todos sus impulsores hayan caído pronto en desgracia? No, desde luego que no. Y con las reformas fiscales, hasta bien entrado el siglo XX, se podría decir otro tanto.

Pero este es un tema para tratar en profundidad. Lo que quiero indicar aquí es que, a pesar de la prometedora revolución de 1869, la situación en la España a la entrada del siglo XX no era radicalmente distinta a la situación de 1860, de 1830 y hasta de 1788, año en que empieza a reinar Carlos IV. Sí. Ya no hay absolutismo, desde luego, no hay absolutismo como tal. Pero eso no quiere decir que haya una democracia. Ni siquiera quiere decir que haya un régimen liberal según el modelo europeo.

Tenemos un parlamento, sí, pero ¿quién lo compone?: nobles y burgueses. Y burgueses ennoblecidos. Y nobles que empiezan a actuar como burgueses. Y cuando hablamos de burguesía, hablamos de la gran burguesía, como ya veremos.

Y tenemos un sufragio, sí, pero censitario. Un sufragio que es solo para los que tienen propiedades, para los ricos, que deja fuera a la mayoría de la población. Si en 1868 el pueblo pide el sufragio universal (nada nuevo, en media Europa ya lo han conseguido a la altura de 1848), en 1874 el sufragio sigue siendo censitario, y eso a pesar de un rey “constitucional”, como Amadeo de Saboya y de un año de experiencia republicana, y todo para que al final vuelva un borbón, un hijo de Isabel II: Alfonso XII. Además hemos perdido las últimas colonias, no se ha dado nada parecido a una revolución industrial (solo ha habido un tímido desarrollo de algunas zonas del país) y se ha producido una nueva guerra civil: la tercera guerra carlista. Y eso sin contar los numerosos muertos en los cada vez más frecuentes conflictos sociales. En realidad, si se mira con lupa cada uno de los problemas políticos a los que se enfrentó Alfonso XII se llega a la conclusión de que son los mismos a los que se enfrentaron todos sus sucesores. Y esto se resume en una frase: falta de adecuación del sistema político a la nueva realidad económica y social. El rey, que teóricamente no gobierna, conserva en la práctica casi todo su poder. El parlamento, que teóricamente representa al pueblo, en la práctica solo representa a las clases privilegiadas. Los nobles, que teóricamente han cedido su lugar a los burgueses, siguen siendo los amos del país (para empezar son los amos de la mayoría de la tierra: de reformas agrarias, nada de nada…), los burgueses, los pocos burgueses españoles, que teóricamente deberían ser la clase menos conservadora, más abierta socialmente, con una mentalidad capitalista y pragmática, en la práctica se comportan como simples nobles ambiciosos, tan conservadores y tan clasistas como los nobles pero más avaros que ellos. Nadie, ni rey, ni nobles, ni burgueses (ni desde luego, la iglesia, el otro puntal del Antiguo Régimen) tienen la menor intención de preocuparse por el pueblo, el gran abandonado.

Pero el pueblo poco a poco va cobrando conciencia de su situación. Y esta situación no va mejorando, sino todo lo contrario: el sistema capitalista avanza de modo lento pero inevitable. Ese avance empobrece aún más a los campesinos y crea una nueva clase social, el proletariado. Y esto es algo que parece que nadie lo ve. Fernando VII quería borrar de un plumazo las Cortes de Cádiz, olvidar los años de vacío de poder y los efectos económicos de la invasión francesa (efectos devastadores: la pérdida de las colonias americanas, entre ellos). Él creía que “Todo podía seguir como si nada hubiera pasado”. Eso es pretender negar la ley de la gravedad. Pero 100 años después nadie ha tomado nota. Los que se reparten el pastel siguen como siempre: peleándose por ver quién tiene el trozo más grande. No parecen escuchar el tumulto que se está formando al otro lado de la pared, fuera, en el frío glacial de la noche. Tal vez piensan que las antorchas se apagarán pronto. O que se dirigirán hacia otro sitio. Tal vez piensan que “todo puede cambiar para seguir igual” (como pensaba el Príncipe de Salina, el protagonista deEl Gatopardo, que no dudaba en sustituir a un rey por otro, porque “al fin y al cabo es un rey”). Esta vez, pese a los denodados esfuerzos de Cánovas, de Sagasta, de otros hombres inteligentes y muy útiles para el poder (al que sirven y del que viven, y muy bien, por cierto; Cánovas, por ejemplo, era consejero en las principales empresas de ferrocarriles del país, ¡ya hablaremos de ello!), el sistema va a caer.

El sistema va a caer porque deja fuera al noventa por cien del país. El sistema va a caer porque el capitalismo pide libertad económica, grandes espacios, uniformización, mercado único, capacidad de compra, alto consumo, jornadas de trabajo extenuantes y salarios “competitivos” (y los necesarios cambios familiares: curiosamente, los primeros defensores de la incorporación de la mujer al trabajo son los patronos de las fábricas, no sus maridos, que se oponen encarecidamente a ello y se quejan cuando les dejan). El capitalismo va contra los censos, los señoríos, los mayorazgos, las tierras de “manos muertas”, el capitalismo es ateo y no hace distinciones: la dignidad social la da el dinero, y todo lo demás importa muy poco si se está arruinado. El sistema va a caer porque su tiempo ha concluido.

Pero los que se benefician de él van a pretender alargarlo, mantenerlo con vida, aunque lo vean agonizar. Y luego, incapaces de reaccionar, van a soñar con el mito de El Cid. Van a querer que gane batallas después de muerto. De otro modo no se puede entender la hostilidad de la clases altas hacia la Segunda República. Su negativa a cualquier intento de reforma agraria o fiscal. Su incapacidad para entender el comunismo, el anarquismo, el cooperativismo. Cualquier ideología o movimiento social emergente es considerado como algo absolutamente nocivo. Incluso el derecho a la educación del pueblo es negado hasta el último minuto. Y entonces se agarran al machismo, y cuestionan hasta el final el derecho a la educación de la mujer (que no podrán entrar en la universidad hasta 1918, o su derecho a voto, que no se aprobará hasta 1931). Cualquier medida que sea vista como “un avance” será automáticamente estigmatizada. Y un profesor humanista y laico será tratado de igual modo que un terrorista. Para ellos es lo mismo. Si se cede en algo (derecho a la huelga, por ejemplo), es a la fuerza, porque no hay más remedio. Pero ellos siempre tienen un as en la manga. Y llevan jugando a ese juego muchos años. Se saben todos los trucos. Los ministros conservadores de Isabel II consentían en pactar leyes progresistas con los liberales, pero luego, bajo mano, se aseguraban de tener el control de todos los principales ayuntamientos del país. ¿Y para qué sirve una ley si nadie la aplica? Pero en el peor de los casos, aunque no haya más remedio que aplicarla, entonces aún tienen otro as en la manga: la violencia.

¿Cuántas veces los políticos republicanos españoles denunciaban que los matones del cacique amedrentaban a los campesinos u obreros? Vicente Almirall, político nacionalista catalán, relató casos en que era la misma Guardia Civil la encargada de dar una paliza a los que pretendían ejercer su derecho al voto (¡mucho después de 1890, cuando el sufragio universal masculino ya había sido definitivamente aprobado!). Pero a veces no hacía falta ni eso: bastaba con vaciar la urnas y quitar los votos que no gustaban. Dos partidos se repartían el poder. Ahora me toca a ti y luego me toca a mí. Todo es legal y todo el mundo aplaude. Los parlamentos van y vienen y todo está bajo control. ¿No es perfecto? Desde luego. Para los que están dentro… ¿Tan distinto es esto de las intrigas palaciegas del Antiguo Régimen? Y mientras el capitalismo arrasa nuevos continentes, mientras en Europa nace una nueva sociedad, una nueva cultura. Los agricultores se convierten en pequeños empresarios. Los obreros van adquiriendo derechos. Las mujeres se emancipan. La tecnología y la ciencia ocupa el lugar de la religión.

España, en cambio, se cierra. Machado y otros lo ven y sufren. “Que inventen ellos”, dicen con ironía. Pero al rey solo le preocupan sus amantes y a sus ministros solo les preocupa conservar el poder el mayor tiempo posible. Y luego, cuando les dan la palada, un ejército de “cesantes” abandona el ministerio. Aunque siempre están los que creen que pueden burlar al destino. Como el Conde de Romanones. Siempre está el que se permite chulear delante de sus adversarios, tan seguro está de ser intocable. “Haga usted las leyes”, les suelta, “que ya haré yo los reglamentos”. Y cayó. Él también cayó. Aunque, claro, cuando uno cae de tan alto siempre puede luego ocuparse de sus negocios, y dedicarse a escribir sus memorias, que eso queda muy bien. Cuando ya no tienes ningún as en la manga aún puedes hacer una última jugada: reservarte un buen lugar en la historia.

[Aclaración al lector: dado que el periodo de tiempo que pretendo estudiar (de la decadencia del absolutismo a la democracia actual) abarca doscientos años, he tenido que pasar de soslayo o incluso obviar en esta primera parte algunos aspectos y sucesos históricos que serán tratados con más detenimiento en la segunda parte, que contará así mismo con un apéndice documental]

Haga usted las leyes y déjeme a mí los reglamentos (II) Publicado por Alfonso Vila Francés

Arte y Letras, Historia
Haga usted las leyes y déjeme a mí los reglamentos (II)

Publicado por Alfonso Vila Francés
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(Viene de la primera parte)

2. El rey ha muerto ¡Viva el rey! (España 1936-¿?)

La Guerra Civil merece un artículo aparte. Aquí nos interesa una consecuencia política: la desaparición de la Falange y del carlismo y la acumulación de todo el poder por parte de Franco.

¿Desaparición de la Falange y del carlismo? Sí. Eso he dicho. La Falange fue flor de un día. Tuvo su momento de gloria en los primeros momentos de la Guerra Civil. Luego le pasó lo mismo que a los carlistas, a los monárquicos, a los políticos de la CEDA, a la derecha de toda la vida: se los tragó Franco. Los engulló literalmente. Los fagocitó y desnaturalizó. Los borró del mapa. Algunos sin resistencia. Otros porque no tenían más remedio. Otros a la fuerza. Al final todos acabaron marcando el paso de Franco, bailando su macabro pero bien organizado pasodoble. En eso el mérito no fue solo de Franco, desde luego, sino de algunos muy leales colaboradores, como Serrano Suñer. Pero Franco fue el que se llevó los aplausos y el premio gordo.

Sanjurjo y Mola se mataron convenientemente en un avión. (¡Cuidado!, no digo que Franco los matara, digo que le vino de perlas que ocurrieran esos accidentes). Los rojos le hicieron el favor de fusilar (pero sobre todo de tener retenido) a José Antonio Primo de Rivera. Luego Franco metió en la cárcel a Manuel Hedilla, su sucesor (pero no sin antes haber intentado que la Falange no conociera el destino de su líder, para tenerla inmovilizada, “a la espera”). Para completar la jugada, impuso un nuevo jefe (el más mediocre y manejable que encontró, según Dionisio Ridruejo) y corrompió a todos los que pudo. Con los cuadros de mando bajo control, las bases eran totalmente inofensivas. Pese a todo algunos prominentes falangistas protestaron y le plantaron cara, como el ya citado Dionisio Ridruejo, que se atrevió a decir que la Falange era una simple marioneta y que el régimen “ya solo sobrevivía como tinglado” (y eso que estábamos aún a principios de los años 40: el tinglado iba a dar mucho de sí…).

Con los carlistas hizo algo parecido. No fueron un enemigo tan poderoso como la Falange. Casi bastó con desterrar a su jefe: Fal Conde. La mayoría de sus cabecillas abandonaron pronto sus reivindicaciones políticas. Todas ellas. Y lo mismo pasó con la inmensa mayoría de los monárquicos. El rey estaba muy lejos. En suiza. El que les había salvado el cuello era Franco. Y mejor Franco que Stalin, desde luego, eso ni se discutía. Franco había salvado, de paso, al país entero. ¿Cómo no iban a estarle agradecidos?

¿Y la antigua nobleza? ¿Y el clero? Pues lo mismo. Las matanzas de la Guerra Civil les habían asustado. Por primera vez estaban dispuestos a ceder, a perder poder. A entenderse con las clases trabajadoras. Qué remedio. Mejor eso que la revolución.

En resumen, la guerra la perdió mucha gente y la ganó Franco. Él, que había empezado siendo uno más de los generales sublevados, que se había sumado a la rebelión en el último momento, y cuyos méritos bélicos al principio de la guerra fueron más que discutidos (véase lo que dijo el conde Ciano, yerno de Mussolini: “Franco o no quiere ganar la guerra o no sabe cómo hacerlo”), acabó la guerra convertido en jefe del ejército, jefe del Estado y caudillo de España por la gracia de Dios. A la altura de 1939 ya acumulaba todos los poderes posibles (hasta el judicial) y actuaba en la práctica como un rey absolutista, y como tal justificaba su poder ante Dios y solo rendía cuentas ante Él.

Pero ningún poder absoluto es realmente absoluto (y si no que se lo digan a Stalin, que tuvo que arremeter contra sus propios funcionarios, que malinterpretaban las ordenes, o no las cumplían o no eran lo suficiente rápidos o eficientes, y con esto no lo justifico: solo digo que su autoridad real se veía limitada por el propio sistema que lo encumbraba como un Dios). Franco tenía que ceder una parte de los beneficios que generaba el usufructo del poder a las diversas familias del Régimen, porque sus colaboradores eran sumisos, pero no eran tontos. Y eso, hay que decirlo, lo hizo muy bien. Sabía repartir por igual los castigos y los premios. Sabía tenerlos a todos igual de contentos e igual de disgustados. Así no había problema. Se pueden poner muchos ejemplos. Pondré uno: el caso Matesa. En ese episodio tan gracioso y tan provechoso se ve perfectamente la habilidad de Papa Franco para hacer la paz entre dos hijos díscolos, castigando a ambos (pero solo lo justo, y a los dos en igual medida) y, ya de paso, indultando rápidamente al principal acusado, el empresario, Juan Vilá Reyes, y condonándole el pago de la multa (que era inmensa, aunque menos inmensa del dinero del Estado que había estafado) y dejando claro así quien era el que mandaba.

Y lo dejó tan claro que se permitió el lujo de morirse de viejo, en su propia cama, después de unos últimos años, vamos a decir, “un poco malos”, aunque él se fue tranquilo, convencido de que todo iba a seguir más o menos igual (en eso se parece a Fernando VII, que pensaba que el absolutismo continuaría después de él). Cuando se tiene todo en la vida, se quiere tener todo en la muerte, podríamos decir, pero las cosas no estaban tan bien atadas como pensaba Franco y algunos (algunos pocos) franquistas. Suárez y el rey pronto empezaron a hacer lo contrario de lo que “debían hacer”. La iglesia, tan buena aliada en otros tiempos, hizo algo más de lo que llevaba haciendo últimamente: ahora ya no eran unos pocos “curas rojos”, ahora toda la institución le dio la espalda a un Régimen huérfano y débil. Un Régimen que se hundía invocando al mito del Cid (la historia siempre se repite, porque los hombres son en general muy desmemoriados, y a los que tienen memoria los fusilan rápido…). Y así podríamos continuar durante páginas y páginas. En 1833 pasó lo mismo. Los más avispados saltaron del barco a tiempo. Otros decidieron hundirse con él. En poco tiempo el mar se tragó los restos del naufragio y todo el mundo siguió con lo suyo. Paz, trabajo, y ya que nos la dan, un poco de libertad. ¿Hace falta más? Pues sí. Unas leyes. Un sistema político. Un objetivo para la nación (entrar en Europa, ese punto se solucionó pronto, España quería otra vez ser moderna, ser como sus vecinos, abrirse al mundo, y lo más rápido posible, para recuperar los muchos años de retraso). Por suerte las cosas fueron bien. Y que conste que no fue nada fácil. En un momento tan importante y delicado para el país, se tuvo la suerte de contar con un grupo de hombres inteligentes y valientes. ¿O fue algo más que suerte? ¿Acaso los políticos y las mentes pensantes de entonces eran de otra pasta, de una clase de pasta que por desgracia ya no abunda? (Ahí queda la pregunta, que cada cual se la responda en la intimidad).

Pese a todo faltó solucionar algunas cuestiones. Es normal. Siempre quedan cabos sueltos.

Entonces se pensó que lo importante ya estaba hecho (y lo estaba) y se pensó que las generaciones futuras se encargarían de los últimos remaches y retoques del edificio. Luego era solo cuestión de no descuidar el mantenimiento…

3. Apéndice documental

A. Muerte en la fábrica. Las condiciones laborales. El trabajo infantil y femenino

“He aquí la causa de esa enfermedad, que comenzando por una tos cada vez más fuerte y más difícil, llega a tener todas las apariencias de una tisis pulmonar, siendo llamada por los médicos de los distritos manufactureros tisis algodonera, o pneumonía algodonera, nombres significativos de una enfermedad cruel, cuyas víctimas van a morir en los hospitales en la flor de la edad; porque como esta operación no exige fuerzas musculares, se encarga a las mujeres y a los jóvenes de pocos años”.

J. Salarich, Higiene del tejedor (1858)

Hay que recordar que la primera legislación en España sobre el trabajo infantil y femenino data de 1900. En el primer artículo de la ley del 13 de marzo de 1900 se dice que “los menores de ambos sexos que no hayan cumplido los diez años no serán admitidos en ninguna clase de trabajo”. Pero poco después añade: “A los niños que acrediten saber leer y escribir se les admitirá en la fábrica un año antes de la edad marcada por la presente ley”. Es decir, que un niño de nueve años estaba legalmente capacitado para trabajar en una fábrica. Pero esta ley es un avance para la época (aunque llegue con retraso), porque por primera vez se pretende regular el trabajo infantil, así como el derecho de la mujer embarazada a un periodo de descanso después del parto (de seis semanas) y una baja por maternidad a partir del octavo mes de embarazo. Antes cada patrono decidía por su cuenta, teniendo en cuenta que el vacío legal era absoluto.

B. Los que velan por el bienestar de la nación: el pucherazo

“Hubo, en efecto, mesas constituidas a la una de la mañana, custodiadas por un grupo de matones para impedir acercarse a los enemigos y dar tiempo a la falsificación del acta. En otros lugares, como en Oza en 1886, se cambió a última hora el lugar destinado al colegio electoral. También se instalaron urnas en lugares estratégicos para disuadir al elector desafecto: bien en un hospital de epidémicos —como ocurrió en Madrid en la elección de 1886—; o bien en un tejado; o bien en una cuadra u otro lugar maloliente (…) En 1891, en una de las secciones de Murcia, el presidente ordenó que se votase por la ventana para así sustituir cómodamente las papeletas (…) En 1886 funcionarios madrileños votaron varias veces suplantando otros nombres”.

José Varela Ortega, Los partidos políticos. Partidos, elecciones y caciquismo en la restauración (1875-1900),2001

Sobran comentarios… Pero ya puestos a descubrir el truco, no puedo resistirme a mencionar dos casos que citaVicent Almirall, el lúcido político catalán. El primero se refiere a un pueblo gallego. Colocaron la mesa electoral en un pajar, al que solo se podía subir por una estrecha escalera, y el primero que subió recibió un buen mamporrazo al asomar la cabeza, después de lo cual los otros votantes se abstuvieron de ejercer su derecho. Y el otro caso le atañe directamente a él, pues en sus escritos refiere que había comprobado cómo su propio padre, que ya llevaba muchos años muerto, acudía fielmente a participar en todas las votaciones que se iban produciendo. Eso sí que es poder, amigos míos, hacer votar a los muertos…

C. Cinismo administrativo: cómo prohibir algo permitiéndolo

El Fuero de los Españoles, Ley Fundamental de 1945, decía:

Artículo 12.- Todo español podrá expresar libremente sus ideas mientras no atenten a los principios fundamentales del Estado.

Artículo 33.- El ejercicio de los derechos que se reconocen en este Fuero no podrá atentar a la unidad espiritual, nacional y social de España.

A esto hay que sumarle el artículo 2, en el que se afirma tajantemente que: “Los españoles deben servicio fiel a la Patria, lealtad al Jefe del Estado y obediencia a las leyes”. También, un poco más abajo, se dice que “Los españoles podrán reunirse y asociarse libremente para fines lícitos y de acuerdo con lo establecido por las leyes” (subrayo lo de “lícitos”, que es un matiz importante).

Es decir, que menos atentar contra la unidad nacional, espiritual y social, menos decir algo que vaya contra los principios fundamentales del Estado, menos ser infiel a la patria, ser desleal al Jefe del Estado y ser desobediente ante las leyes (aunque no las votado ni te hayan pedido tu opinión para nada) y, por supuesto, menos reunirte para fines “ilícitos”, puedes hacer y decir lo que te dé la gana. ¡Viva la libertad!

D. Elogio de la mediocridad

Cito textualmente a Paul Preston, en su libro El gran manipulador:

“El ambicioso Arrese era un lacayo servil, por lo que Franco lo apreciaba mucho. Cuando fue nombrado ministro secretario general de la FET de las JONS, los seguidores de José Antonio se quedaron con la impresión de que su mayor cualificación para el cargo había sido su mediocridad. Dionisio Ridruejo le dijo delante de un grupo de altos cargos falangistas: ‘No te hagas ilusiones, Franco te ha nombrado porque cree que eres el más dócil e insignificante de los falangistas que tiene a mano y le más fácil de manejar’”.

(Nota: no sabemos qué le contestó Arrese, pero podemos suponerlo. Pero lo cierto es que al tal “lacayo” la cosa no le fue mal: además de ministro secretario general del Movimiento , fue ministro de vivienda y procurador de las Cortes hasta 1977. Teniendo en cuenta que empezó su carrera política en 1941 podemos decir que no le fue nada mal.)

Monday, 31 December 2012

Briton who fought against Franco's fascists dies, aged 94

International Brigades member was the last British-based survivor of Spanish Civil War

Sam Masters
Sunday 23 December 2012 19:32 

Men of the British Battalion of the XV International Brigade in Spain in the Civil War, 1937




The last surviving British-based member of the International Brigades, who fought General Franco's fascists in the Spanish Civil War, has died aged 94.

David Lomon was a 19-year-old rag-and-bone man in east London when he decided to join around 2,500 others from the British Isles in volunteering to fight for the left-wing Republican forces in Spain. Born into a Jewish family in the working class borough of Hackney, he signed up for the International Brigades after clashing with Oswald Mosley's black shirts at the Battle of Cable Street in London's East End in 1936.

Like many others, Mr Lomon, then a member of the Young Communist League, had to be recruited in secret. He first visited an office in London before travelling to Paris to be tested for his "suitability" for the volunteer force. After passing tests he travelled across the Pyrenees Mountains into Spain by night, while avoiding border patrols and Franco's forces.


Over the course of the war some 35,000 men and women from around the world volunteered to fight Franco's fascists. They included the writers George Orwell and Laurie Lee, and the trade union leader Jack Jones.


Mr Lomon fought in the battle of Teruel and in the Aragon offensive, where republicans faced overwhelming odds. Franco's forces were equipped with 950 aeroplanes, 200 tanks and more than 100,000 troops provided by Mussolini.

But on 31 March 1938 he was captured and subjected to beatings by guards, starvation rations and verminous conditions. Almost one in five of the hundreds captured did not survive. Eventually, he was freed after a prisoner-of-war exchange in 1938 for Italian captives held in Britain.

Mr Lomon served in the Royal Navy during the Second World War before returning to the textile industry and living in Bourne End, Buckinghamshire.

He continued to attend International Brigades ceremonies. In March last year he was present for the unveiling of a new plaque at the memorial to volunteers in Jubilee Gardens on London's South Bank.

"He was very modest and unassuming," said Jim Jump, secretary of the International Brigade Memorial Trust.

He added: "He had a conventional life when he returned. He was not the type to boast about what he did. He was a lovely man: very polite; a classic English gentleman."

Mr Lomon passed away in Slough, Berkshire, on Friday. His death leaves just one living British volunteer – Stan Hilton, who lives in a nursing home in Australia.

Wednesday, 5 December 2012

Al Alba !! NO olvidar 30 Sept !! Ultimos fusilados del Franquismo y todo el resto !!

No Olvidar !!

Mujeres en la Guerra civil

Mujeres en la Guerra civil


reff & Texto: José Carlos Velasco


Introducción
 
Cuando se concedió el voto a las mujeres en 1931, su concesión no se puede atribuir a la presión de los grupos sufragistas ni alas movilizaciones feministas tal como había ocurrido en Gran Bretaña y los Estados Unidos. La concesión de voto obedeció más bien a la revisión general de la legislación emprendida con el nuevo régimen. El texto de la Constitución estableció el principio de la igualdad de derechos en su articulo 25: "No podrán ser fundamento de privilegio jurídico: la naturaleza, el sexo, la filiación , la clase social, la riqueza, las ideas políticas, ni las creencias religiosas". partir de entonces, aunque la tradicional mentalidad que consideraba el mundo político ajeno a ellas perduro, las españolas gozaron de los mismos derechos políticos que los varones.
A pesar de sus derechos políticos fueron muy pocas las mujeres que se incorporaron de lleno al mundo de la política. La concesión del voto impulso un cierto reajuste ideológico respecto al rol político de la mujer y éste condujo al reconocimiento social de su intervención en la política.
A lo largo de los años de la Republica, la dinamización del asociacionismo femenino fue mayor. También se promovieron numerosas secciones femeninas de partidos políticos . Pero el denominador común de todas ellas fue su carácter subordinado en las estructuras del partido. Otras organizaciones de mujeres se vincularon con el movimiento obrero. Es el caso de "Mujeres contra la Guerra y el Fascismo" creada en 1933 por el Partido Comunista para coordinar la lucha antifascista y organizar el apoyo a la comunidad obrera de Asturias tras la represión de octubre.

Las mujeres en la guerra civil.

Durante la guerra civil es evidente que en la zona republicana se produjo un cambio inmediato en el trato recibido por las mujeres y que la guerra no sólo generó su discurso nuevo sino también una imagen distinta de la mujer. Las diferentes fuerzas políticas lanzaron constantemente llamadas de cara a su movilización. Oradoras como la Pasionaria (P.C.), Federica Montseny (C.N.T.-F.A.I) o las jóvenes Teresa Pamies y Aurora Arnáiz (J.S.U.) se dirigieron a las mujeres para la incorporación a la lucha antifascista.
Efectivamente, la imagen y la representación de las mujeres adquirieron dimensiones nuevas. Los numerosos carteles de propaganda puestos en circulación durante la guerra presentaron con mucho impacto la imagen innovadora de la miliciana guapa y joven, que, vestida de mono y cargando un fusil, marcha con paso decidido hacia los frentes de guerra. Junto a esta imagen heroica de la resistencia beligerante, contrasta la tradicional representación de la mujer victima del fascismo, la madre, defensora de sus hijos que reclama la solidaridad antifascista y desconsolada por la perdida de los suyos que insta a la participación en la lucha. En los primeros meses de guerra también se produjo una espectacular movilización de miles de mujeres hasta entonces aisladas de la dinámica socio-política del país participaron en la fortificación de barricadas, en el cuidado de los heridos, en la organización de asistencia en la retaguardia, en la realización de servicios auxiliares de la guerra, en la formación cultural y profesional, en la organización de talleres de costura, como también en el trabajo en los transportes o en las fabricas de municiones.

Las organizaciones femeninas: La Agrupación de Mujeres Antifascistas y Mujeres Libres

Las organizaciones antifascistas llegaron a aglutinar más de 60.000 afiliadas en más de 255 agrupaciones locales. La A.M.A. se representaba como única organización unitaria que representaba a las mujeres antifascistas de cualquier afiliación política y que reunía a mujeres comunistas, socialistas, republicanas y católicas vascas. Sin embargo cabe destacar que la conjunción socialista-comunista tuvo gran peso en la organización y que además el Partido Comunista de España tuvo gran incidencia en su dirección y orientación política, con La Pasionaria como presidenta. En general , los objetivos de estas organizaciones unitarias se centraron en la lucha antifascista, la defensa de la paz, de la cultura y de la libertad. Su discurso en torno a la mujer era poco innovador. Se articuló a partir de la ideología de la separación de las esferas y el papel social que ésta tenía como madre y responsable de la familia. De hecho, la A.M.A. se dirigió pocas veces a las mujeres como individuos con identidad propia. Mujeres Libres y el Secretariado Femenino del P.O.U.M. presentaron, por su parte, una identidad política más definida y, a diferencia de la A.M.A., ambas defendieron la necesidad de impulsar una dinámica de transformación revolucionaria en el marco de la lucha antifascista. Mujeres Libres ofrecía una identificación clara con el movimiento anarquista, pero manifestaba también originalidad de pensamiento. Abogaba por una estrategia de doble lucha: la social para alcanzar la transformación revolucionaria de la sociedad y la feminista para alcanzar la propia emancipación de las mujeres.

Las milicianas y las heroínas de la retaguardia

El perfil tipico de la miliciana es el de una mujer joven, con vínculos políticos, familiares o afectivos con sus compañeros de milicias. Actuaron motivadas por su conciencia política y social, sus motivaciones fueron el rechazo al fascismo, y la defensa de los derechos políticos y sociales adquiridos durante la Segunda Republica.
La contribución clave de las mujeres a la lucha antifascista se realizo en la retaguardia, la consigna acatada por las organizaciones femeninas fue " Hombres al frente, Mujeres al trabajo". La retórica utilizada incluso fue militarizada y se hablo de la incorporación de las mujeres a las "trincheras de producción" , en "brigadas de trabajo" para constituir la "vanguardia de la producción". Las mujeres representaron una reserva de mano de obra que permitió el mantenimiento de la producción. Hubo frecuentes quejas por parte de las mujeres antifascistas asi como de las mujeres anarquistas, por la falta de colaboración y la hostilidad masculina con que los hombres recibieron su incorporación a oficios calificados y a puestos de trabajo asalariado desempeñados hasta entonces por hombres.
Pero prevalecieron los trabajos de tipo asistencial, los de auxilio a los refugiados, heridos, huérfanos de guerra, etc. Organizaron guarderías para los hijos de las trabajadoras, escuelas para los niños refugiados y una extensa red de solidaridad y de apoyo a los numerosos refugiados. Y desempeñaron, por ultimo, un importante papel en la organización de la solidaridad antifascista a nivel nacional e internacional.

Las mujeres bajo el franquismo.

En el bando sublevado la labor fundamental también se realizo en la retaguardia bajo la dirección de la Sección Femenina de Falange, creada en 1934 como Sección de la Falange Española de las J.O.N.S., la S.F. tenia como objetivo fomento en las mujeres del espíritu nacionalsindicalista y por parte de éstas el apoyo a la Falange, su lema era" el fin esencial de la mujer, en su función humana, es servir de perfecto complemento al hombre, formando con él, individual o colectivamente, una perfecta unidad social.
El ideario político de la Sección Femenina se basaba en los parámetros del nacionalsindicalismo y en los valores tradicionales que evocaban la figura de la madre y de la esposa sumisa como prototipo femenino, desempeñaron una labor importante en las oficinas del Estado Mayor, en las cárceles, en las enfermerías y en los lavaderos de los frentes, organizaron talleres de costura. La Sección Femenina desarrollo secciones de protección a la madre y al niño, de auxilio al enfermo, de fomento del trabajo familiar y de la defensa de la vejez. Recaudaron fondos para la guerra y crearon talleres de confección de ropa para los soldados.

Thursday, 11 October 2012

bloody spain that has not changed seguimos en el limbo (Siete días de Enero)



La Matanza de Atocha de 1977 fue un atentado terrorista cometido por extremistas de derecha en el centro de Madrid la noche del 24 de enero de 1977, en el marco del llamado terrorismo tardofranquista. Cinco sindicalistas fueron asesinados, marcando la transición española iniciada tras la muerte del dictador Francisco Franco. Un comando ultraderechista penetró en un despacho de abogados en derecho laboral de Comisiones Obreras (CC OO) y militantes del Partido Comunista de España (PCE), situado en el número 55 de la calle de Atocha, abriendo fuego contra los allí presentes, matando a cinco personas y dejando cuatro heridos. El Tribunal que dictó sentencia el 4 de marzo de 1980 consideró que los procesados Francisco Albadalejo (secretario del Sindicato Vertical del Transporte Privado de Madrid y vinculado a FE de las JONS), José Fernández Cerrá, Carlos García Juliá y Leocadio Jiménez Caravaca constituían un "grupo activista e ideológico, defensor de una ideología política radicalizada y totalitaria, disconforme con el cambio institucional que se estaba operando en España". El fallo condenó a José Fernández Cerrá y Carlos García Juliá a un total de 193 años a cada uno de ellos, y a Francisco Albadalejo, a un total de 73 años. El periódico italiano Il Messaggero indicó en marzo de 1984 que neofascistas italianos habían participado en la matanza,1 tesis que fue respaldada en 1990, cuando un informe oficial italiano relató que Carlo Cicuttini, un neofascista italiano próximo a la organización Gladio (una red clandestina anti-comunista dirigida por la CIA), había participado en la matanza. Cicuttini había escapado a España donde adquirió la nacionalidad española, después del atentado de Peteano de 1972, hecho con Vincenzo Vinciguerra.2 En la actualidad hasta en 23 pueblos de la Comunidad de Madrid, existen calles y plazas, recordando a las víctimas de Atocha del número 55.3 Índice [ocultar] 1 El atentado 2 Legalización del PCE 3 Polémicas capturas 4 Filmografía 5 Véase también 6 Referencias 7 Enlaces externos El atentado[editar · editar fuente] Los terroristas, al parecer, iban en busca del dirigente comunista Joaquín Navarro, Secretario General del Sindicato de Transportes de CCOO en Madrid, convocante de unas huelgas anteriores que, en buena medida, desarticularon a la que llamaban mafia franquista del transporte. Al no encontrarle, ya que había salido un poco antes, decidieron matar a los presentes, concretamente dos jóvenes con armas de fuego, después de llamar al timbre del piso entre las 22:30 y 22:45 horas. Con ellos iba una tercera persona, encargada de cortar los cables del teléfono y registrar los despachos. En la misma noche, personas desconocidas asaltaron también un despacho del sindicato UGT, que se hallaba vacío. Como consecuencia de los disparos resultaron muertos los abogados laboralistas Enrique Valdevira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz y Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco; el estudiante de derecho Serafín Holgado de Antonio; y el administrativo Ángel Rodríguez Leal. Resultaron gravemente heridos Miguel Sarabia Gil, Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, Luis Ramos Pardo y Dolores González Ruiz, casada con Sauquillo. Legalización del PCE[editar · editar fuente] Calle de Atocha en Madrid. El PCE seguía siendo ilegal. El secretario general del partido comunista, Santiago Carrillo, había regresado del exilio en febrero de 1976 clandestinamente. Sin embargo hizo acto de presencia para forzar el reconocimiento y legalización del PCE. En los dos días anteriores habían muerto otras dos personas relacionadas con movimientos de izquierdas, una a manos de la misma Triple A y otra por un bote de humo lanzado por la policía a corta distancia durante una manifestación en protesta por la muerte del primero. Debido a todo ello, se temía una reacción violenta que ayudase a desestabilizar aún más la transición política. Al entierro asistieron más de cien mil personas, la primera manifestación multitudinaria de la izquierda después de la muerte del dictador Franco, y transcurrió sin incidentes. Le siguieron importantes huelgas y muestras de solidaridad en todo el país, además de un paro nacional de trabajadores el día después del atentado. En estas muestras de fuerza se da la paradoja que las fuerzas de seguridad incluso protegen a los miembros de un partido ilegalizado, contribuyendo en buena medida, incluso algunos lo consideran como el momento decisivo, para la legalización del partido después. En abril, tres meses después, la legalización se oficializa durante el día conocido como Sábado Santo Rojo, por ser durante el sábado de la Semana Santa, festividad católica para así aprovechar y mitigar parte de la oposición política y militar en vacaciones. En febrero el gobierno de Adolfo Suárez ya habían comenzado a legalizar otros partidos como el PSOE o el PNV. La Matanza de Atocha es quizás el clímax o el momento más grave de los distintos sucesos violentos que van sucediéndose, poniendo en peligro un cambio político y social en el país, con atentados del grupo terrorista vasco ETA (responsable de 28 muertos en 1977), el maoísta GRAPO (en el mismo mes responsable de la muerte de dos guardias civiles y un policía nacional) o por ejemplo de otras organizaciones como el Movimiento Para la Autonomía e Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC). En junio se convocan las primeras elecciones generales democráticas posteriores a la dictadura franquista, en un ambiente de gran efervescencia o inquietud social y político que a muchos les recordó la proclamación de la Segunda República en 1931.4 Polémicas capturas[editar · editar fuente] Los asesinos, creyéndose bien amparados por sus contactos políticos, no se tomaron la molestia en huir de Madrid. Desconocían que para el gobierno era una prioridad capturarlos, de tal modo que se confiase en el proceso de transición democrático. En pocos días, la Policía Armada detuvo a José Fernández Cerrá, Carlos García Juliá y Fernando Lerdo de Tejada en calidad de autores materiales de los hechos, y a Francisco Albadalejo Corredera -secretario provincial del Sindicato Vertical del transporte, estrechamente vinculado con la mafia del transporte- como autor intelectual. También fueron detenidos Leocadio Jiménez Caravaca y Simón Ramón Fernández Palacios, excombatientes de la División Azul, por suministrar las armas, y Gloria Herguedas, novia de Cerrá, como cómplice. Durante el juicio se llamó a declarar a conocidos dirigentes de la extrema derecha, como Blas Piñar y Mariano Sánchez Covisa. Sin embargo los propios agentes declinaron cobrar la recompensa por su captura. No obstante, hubo dudas y polémica de si no habría alguien con una mayor responsabilidad en los atentados. El juez de la Audiencia Nacional encargado del caso, Rafael Gómez Chaparro, se negó a investigar más allá de los encausados comentados. La fuga de Lerdo de Tejada, que continúa en paradero desconocido a pesar que su delito prescribió en 1997, antes del juicio durante un extraño permiso penitenciario por Semana Santa que Gómez Chaparro le concedió en abril de 1979, contribuyó a profundizar estas dudas que han perdurado hasta la actualidad. Además, Simón Ramón Fernández Palacios, falleció el 23 de enero de 1979. La mayoría de los criminales estaban próximos a Fuerza Nueva y otras organizaciones políticas de extrema derecha. La Audiencia Nacional condenó a los acusados a un total de 464 años de cárcel. José Fernández Cerdá y a Carlos García Juliá, autores materiales de los hechos a 193 años de prisión cada uno; 63 años a Francisco Albadalejo Corredero (fallecido en prisión en 1985); 4 años a Leocadio Jiménez Caravaca (fallecido en 1985 de cáncer de laringe), y a Gloria Herguedas Herrando, a un año. Uno de los heridos, Miguel Ángel Sarabia, comentaba al respecto en el 2005: Aunque ahora parezca poca cosa, el juicio de los asesinos de Atocha, en 1980 -pese a la arrogancia de los acusados, con camisa azul y muchos asistentes, también de uniforme-, fue la primera vez que la extrema derecha fue sentada en el banquillo, juzgada y condenada.3 García Juliá se fugó también 14 años después, al serle concedida la libertad condicional con todavía pendientes más de 3800 días o unos 10 años de prisión.5 Sería detenido a los dos años en Bolivia, esta vez por narcotráfico, y allí permanece en prisión, requerido por las autoridades judiciales españolas. Fernández Cerrá puesto en libertad tras 15 años en la cárcel, algunos lo sitúan trabajando en una empresa de seguridad.5 Jaime Sartorius, abogado de la acusación particular, declararía años después: Faltan las cabezas pensantes. No nos dejaron investigar. Para nosotros, las investigaciones apuntaban hacia los servicios secretos, pero sólo apuntaban. Con esto no quiero decir nada.5 Después de las revelaciones del primer ministro italiano Giulio Andreotti en octubre de 1990 acerca de la red Gladio, una organización secreta anticomunista durante la guerra fría, un reporte del CESIS italiano informaba que Carlo Cicuttini había participado a la matanza de Atocha.2 El 11 de enero de 2002, el Consejo de Ministros concedió la Gran Cruz de la Orden de San Raimundo de Peñafort a los tres abogados y el estudiante fallecidos, mientras que a Ángel Rodríguez Leal, en tanto que administrativo, se le otorgó la Cruz de la Orden de San Raimundo de Peñafort. Esta condecoración es la más alta distinción con la que se reconoce en la Justicia de España a quienes han destacado a lo largo de su vida por sus méritos profesionales y humanos al servicio del Derecho. En el mes de noviembre de 2005 fallece Luis Ramos, uno de los abogados heridos en el atentado. Sus amigos y la Fundación Abogados de Atocha le rinden un homenaje que se celebra en el Ateneo de Madrid el 14 de enero de 2006. Como lema del homenaje figuró la frase de Paul Eluard, Si el eco de su voz se debilita, pereceremos. Miguel Sarabia murió en Madrid el 20 de enero de 2007 tras una larga enfermedad.


 Siete días de enero, película del género dramático dirigida en 1979 por Juan Antonio Bardem, producida en España y Francia. Basada en la Matanza de Atocha del 24 de enero de 1977, durante la transición española. Durante su estreno, se encontró con problemas y amenazas de grupos de extrema derecha autodenominados como Cristo Rey. La película funciona a modo de documental, relatando los días de enero anteriores y posteriores al atentado en Atocha y cuando, posteriormente, se realiza el juicio del grupo autoidentificado como Alianza Apostólica Anticomunista (Triple A). Sinopsis[editar · editar fuente] Día 22 de enero, una familia burguesa vinculada al franquismo, celebra la boda de uno de sus miembros. Durante la fiesta, se escuchan las discusiones preocupadas de militares y miembros de la iglesia católica, con discursos de tinte fascista. Mientras dos abogados, el matrimonio formado por Lola y Francisco Javier, entra en el portal de su despacho donde se encuentran con miembros de la policía, relacionados con la extrema derecha, atentos a la reunión de un grupo del sindicato de trabajadores para continuar o no con una huelga. Poco después Lola recibe una llamada amenazante dirigida a Joaquín Navarro, la cabeza visible de los trabajadores en la huelga. Día 23 de enero, en las calles de Madrid, utilizando algunas imágenes de archivo, hay una manifestación pro-amnistía de presos políticos mientras se celebra un entierro de Luis Pardo, acompañado de falangistas. Durante una carga policial, un estudiante cae abatido, Arturo Ruiz. En un bar se reúnen los tres policías anteriores, con jóvenes militantes de extrema derecha, para luchar contra la izquierda y sus continuas manifestaciones. Día 24 de enero, a grito de libertad, libertad se disuelve una huelga en una asamblea de trabajadores por un acuerdo con las patronales, con provocaciones de grupos de extrema derecha, cada vez más indignada, entre los que se encontraba Luis María. En una manifestación por la muerte de Arturo Ruiz muerto el día antes muere una estudiante universitaria, Maria Luz Najera de 21 años, alcanzada por un bote de humo de la policía antidisturbios. En el mismo día el grupo maoísta GRAPO, secuestra al Teniente General Villaescusa. En una conversación entre Luis María y su madre y luego en una reunión en su casa, se alienta y planifica el asesinato de los abogados de derecho laboral y de la figura de Joaquín Navarro. Finalmente Luis María y dos más armados, se dirigen al despacho situado en calle Atocha y esperan a que el último sindicalista salga, precisamente el último será Joaquín Navarro, e irrumpen en el piso acorralando a los abogados y a un administrativo contra la pared. Luis María se encarga de quedarse en las escaleras y vigilar que nadie interrumpa, mientras los otros dos disparan a los rehenes. Día 25 de enero, después de lo ocurrido, en un hospital uno de los abogados supervivientes relata a la policía todo lo ocurrido e identifica a uno de ellos, ya que iban a cara descubierta. Día 26 de enero, manifestación multitudinaria de más de 100.000 personas por el atentado, Luis María confiesa a su novia que ha cometido un servicio a España. Se vuelve al 24 de enero, cuando Joaquín Navarro y otros compañeros habían bajado ya de la reunión en el despacho de abogados y se encontraban en un bar, al escuchar el ruido de sirenas de la policía se encuentran con la matanza sucedida. Día 7 de febrero, comienzan las declaraciones, compareciendo Joaquín Navarro, los abogados supervivientes. Día 11 de febrero, se rescata al Teniente General Villaescusa, mientras la madre de Luis María y un amigo familiar ven la situación que se complica, el GRAPO y los patriotas de Atocha se están poniendo a la misma altura, como asesinos que están perdiendo apoyo público. Día 14 de febrero, uno de los policías habla a Luis María y otros relacionados con la matanza para que dejen el país hasta que la situación se pueda normalizar. En marzo, después de estar escondido Luis María en un chalet en la sierra, se va a un restaurante en Murcia invitado por militares para homenajearlo, pero se percata de que está siendo vigilado por la policía. Día 12 de marzo finalmente es detenido junto al resto de miembros que habían colaborado, e intentan organizarse para mostrar una coartada común en el juicio. Día 23 de marzo, comienza el juicio con la declaración de los imputados. Día 23 de octubre, los abogados supervivientes asisten a una rueda de reconocimiento donde se les identifica como los responsables. La película termina con imágenes reales del entierro multitudinario de los abogados. Premios[editar · editar fuente] Golden Prize en el Festival Internacional Cinematográfico de Moscú en 1979.

Saturday, 6 October 2012

Les deportades de Ravensbrück: Neus Català fa 100 anys


Les deportades de Ravensbrück: Neus Català fa 100 anys





Fa quatre anys l'Amical de Ravensbrück va organitzar un homenatge a les deportades al camp de concentració de Ravensbrück, amb motiu del 20è aniversari de Montserrat Roig, l'autora del llibre Els catalans als camps nazis que ens va mostrar que les dones també van patir les atrocitats de l'holocaust. Ravensbrück (Alemanya) va ser el camp de concentració per a dones més gran durant el nazisme. Aleshores, amb Montserrat Roig, la protagonista va ser Neus Català, supervivent d'aquest camp.

El lloc triat va ser a la plaça del Rei. Un lloc recollit, que va permetre una certa intimitat per homenatjar les supervivents i recordar les víctimes catalanes i espanyoles que hi van deixar la vida per defensar la República i la llibertat. Al llarg de l'acte van ser dits en veu alta tots i cadascun dels noms d'aquestes dones que van viure l'horror de la deportació, acompanyats de la música de Josep Tero, Marina Rossell, Hevia i Paco Ibáñez.

Avui, 6 d'octubre de 2015, Neus Català (Els Guiamets, Priorat, 1915) fa 100 anys i amb la seva presència i la seva lluita contra el nazisme i el feixisme manté viva la llumeta que ens recorda l'extermini sistemàtic que el nazisme va exercir sobre 6 milions de jueus i centenars de milers d'homosexuals, gitanos, eslaus i d'opositors al règim de Hitler. És l'última supervivent de Ravensbrück i el 2015 ha estat declarat "Any Neus Català" per la Generalitat de Catalunya.

Fruit dels treballs al voltant d'aquest aniversari és el vídeo realitzat per l'Institut Català de les Dones. Un viatge en imatges per la vida de Neus Català, elaborat per l'historiador Jordi Alguer.




El passat 27 de desembre, la directora de la l’Institut Català de les Dones, Núria Balada, i l’alcalde dels Guiamets, Miquel Perelló, van presidit l’acte de cloenda de l’Any Neus Català, on es va donar a conèixer aquest vídeo i va ser inaugurada en el seu poble natal l’escultura Solidaritat, que representa una cadena de mans que vol ser un monument a la lluita i a la solidaritat que permeten travessar murs impossibles, segons explica la seva creadora, l’escultora Ció Abelló.


Inauguració a Els Guiamets de l'escultura de Ció Abelló
dedicada a Neus Català





Entrevista de Montserrat Roig a Neus Català en el programa
Protagonistes, emès per TVE l'1 de gener de 1978



Publicat per Enric H. March
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