Sunday, 13 March 2016

¡VIVAN LAS BRIGADAS INTERNACIONALES!

ME CAGO EN PÉREZ-REVERTE: ¡VIVAN LAS BRIGADAS INTERNACIONALES!



Siempre he considerado a Arturo Pérez-Reverte un macarra envalentonado por el éxito de su mediocre literatura. En una época que impide permanecer al margen de la historia, sin convertirse en cómplice de la ofensiva neoliberal contra los derechos y libertades de los ciudadanos, no está de más recordar su deleznable artículo “La guerra que todos perdimos” (19-04-11), donde mete en el mismo saco al “mono azul de miliciano, la boina de requeté o la camisa azul de Falange”. Pérez-Reverte tampoco establece distinciones entre los voluntarios de las Brigadas Internacionales y los voluntarios de la Italia fascista o la Alemania nazi. Todos eran “hijos de puta que ni siquiera sabían hablar en castellano y vinieron aquí a mojar en la sangre y en la muerte que solo era de nuestra incumbencia, sin que a ellos les hubiera dado nadie maldita vela en nuestro entierro”. Al releer esta miserable frase, he recordado el homenaje de Luis Cernuda a los brigadistas en su hermoso poema “1936”: “Gracias, compañero, gracias / por el ejemplo. Gracias por que me dices / que el hombre es noble. / Nada importa que tan pocos lo sean: / uno, uno tan solo basta / como testigo irrefutable / de toda la nobleza humana”.



59.380 brigadistas de 54 países diferentes lucharon en la guerra civil española (sería más correcto decir “guerra de clases”). No eran soldados profesionales, sino trabajadores, intelectuales o ex combatientes de la Gran Guerra reclutados por la Internacional Comunista. 15.000 perdieron la vida en el campo de batalla, muchas veces con edades que apenas rozaban los veinte años. Los primeros brigadistas llegaron a Albacete el 14 de octubre de 1936. Entre ellos había escritores de notable talento como Ralph Winston Fox y John Conrford. De nacionalidad británica, ambos murieron en la batalla de Lopera, una estrepitosa derrota que no obstante frenó el avance franquista hacia Andújar y Jaén. En la batalla del Jarama, cayó el poeta irlandés Charles Donnelly, que se refugió en unas olivas, huyendo del fuego de las ametralladoras franquistas instaladas en el cerro Pingarrón. Poco antes de morir, susurró: “Incluso las olivas sangran”. El poeta inglés Christopher Caudwell también falleció en el frente del Jarama. La presencia de numerosos escritores, poetas, médicos, artistas y científicos en las Brigadas Internacionales explica que algunos historiadores hayan descrito a los voluntarios como “la unidad militar más intelectual de la historia”.

59.380 brigadistas de 54 países diferentes lucharon en la guerra civil española (sería más correcto decir “guerra de clases”). No eran soldados profesionales, sino trabajadores, intelectuales o ex combatientes de la Gran Guerra reclutados por la Internacional Comunista. 15.000 perdieron la vida en el campo de batalla, muchas veces con edades que apenas rozaban los veinte años. Los primeros brigadistas llegaron a Albacete el 14 de octubre de 1936. Entre ellos había escritores de notable talento como Ralph Winston Fox y John Conrford. De nacionalidad británica, ambos murieron en la batalla de Lopera, una estrepitosa derrota que no obstante frenó el avance franquista hacia Andújar y Jaén. En la batalla del Jarama, cayó el poeta irlandés Charles Donnelly, que se refugió en unas olivas, huyendo del fuego de las ametralladoras franquistas instaladas en el cerro Pingarrón. Poco antes de morir, susurró: “Incluso las olivas sangran”. El poeta inglés Christopher Caudwell también falleció en el frente del Jarama. La presencia de numerosos escritores, poetas, médicos, artistas y científicos en las Brigadas Internacionales explica que algunos historiadores hayan descrito a los voluntarios como “la unidad militar más intelectual de la historia”.




Las Brigadas Internacionales desempeñaron un papel esencial en la Batalla de Madrid. 1.550 hombres y 78 mujeres establecieron su cuartel general en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense. Gracias a su enorme despliegue y a sus abundantes bajas, pudieron frenar a los golpistas en la Casa de Campo, la carretera de Valencia y la sierra de Guadarrama. Las Brigadas Internacionales no resultaron menos cruciales en la Batalla del Jarama y en la Batalla de Guadalajara. No tuvieron tanto éxito en la Batalla de Belchite y en la Batalla de Teruel sufrieron muchas bajas, intentando evitar que las tropas franquistas reconquistaran la plaza. Su sacrificio no fue menor en la Batalla de Caspe y en la Batalla del Ebro, donde intervinieron como tropas de choque. Su actividad como guerrilla fue particularmente meritoria, pues se infiltraron en pequeños grupos en las líneas enemigas para sabotear su red de comunicaciones. En 1938, el número de voluntarios se había reducido a un tercio. El 21 de septiembre, Juan Negrín, Presidente del Gobierno, anunció la retirada inmediata e incondicional de los combatientes extranjeros del bando republicano, con la ingenua esperanza de que el bando sublevado respondiera con un gesto semejante. El 28 de octubre de 1938 se organizó un homenaje de despedida en Barcelona. Las Brigadas Internacionales desfilaron por última vez. Manuel Azaña, Negrín, Companys y Vicente Rojo encabezaron un acto que reunió a 250.000 personas bajo el lema: “Caballeros de la libertad del mundo: ¡buen camino!”. Dolores Ibarruri, Pasionaria, pronunció un discurso emotivo y vibrante: “¡Podéis marcharos orgullosos! Sois la historia, sois la leyenda, sois el ejemplo heroico de la solidaridad y de la universalidad de la democracia!”. No suele mencionarse que el 15% de los voluntarios eran de origen judío. La mayoría eran comunistas o anarquistas sin convicciones religiosas. Muchos de los brigadistas no pudieron volver a sus países de origen, pues les esperaban dictaduras fascistas (Alemania, Austria, Italia, Bulgaria). Otros, se enfrentaron a gobiernos que perseguían al comunismo o les exigían cuentas por haber combatido en las filas de un ejército extranjero (Canadá, Suiza). Algunos acabaron en campos de concentración franceses. Otros se incorporaron a la resistencia. Cuatro brigadistas yugoslavos organizaron el Ejército Partisano de Liberación: Peko Dapcevic, Koca Popovic, Kosta Nad y Petar Drapsin. Todos son considerados grandes héroes nacionales. Entre los brigadistas ilustres, puede mencionarse a Willy Brandt, el pintor mexicano David Alfaro Siqueiros o el mariscal Tito. Los voluntarios de la Brigada Abraham Lincoln regresaron a Estados Unidos sin problemas, pero durante los años del macartismo sufrieron el hostigamiento del gobierno, que les consideraba simpatizantes de la Unión Soviética. El 26 de enero de 1996 el Congreso de los Diputados les concedió la nacionalidad española, a cambio de renunciar a su propia nacionalidad. La Ley de Memoria Histórica eliminó este ofensivo requisito en 2006 y en junio de 2009 la embajada española en Londres entregó varios pasaportes. La derecha española nunca ha ocultado su odio hacia las Brigadas Internacionales y ha boicoteado sistemáticamente cualquier clase de homenaje o reconocimiento.

BRIGADAS 3

José Eduardo Almudéver nació en Marsella durante una gira del circo donde trabajaba su madre, natural de Valencia. Falsificó su edad para alistarse en las Brigadas Internacionales y no obedeció la orden de retirarse al extranjero, lo cual le costó ser capturado y recluido en los durísimos campos de concentración de Los Almendros y Albatera. Al ser liberado, se enroló en el maquis hasta 1947. Hace poco, con 94 años, evocó su primera experiencia en el frente: “Íbamos doscientos con fusiles, pero sin balas. Había que tener corazón para ir a la primera línea a luchar sin una bala”. No puedo evitar pensar en mi madre, que solo era una niña de doce años cuando le cayó una bomba de la aviación nazi en la calle de la Palma en el Madrid de 1937. Milagrosamente, el artefacto no explotó, pero una lluvia de cristales cayó sobre su cuerpo desnutrido. Mi abuelo era contable del Ministerio de Hacienda y ese mismo año fue trasladado a Barcelona, gracias a lo cual mi madre pudo contemplar la despedida de las Brigadas Internacionales y escuchar a la Pasionaria. No ha olvidado que los voluntarios se marcharon entre abrazos y flores arrojadas por una multitud conmovida por su valor y altruismo. Tampoco ha olvidado el miedo que estremeció a Barcelona cuando la Legión y los Tabores de Regulares pisaron la Avenida del Catorce de Abril, más tarde Avenida del Generalísimo y, en la actualidad, Avinguda Diagonal.





Con su estilo de rufián familiarizado con las reyertas y las puñaladas traperas, Pérez-Reverte finaliza su detestable artículo con un exabrupto: “No es cierto que nos ayudaran; déjenme de milongas pamperas, de camelos retóricos, de demagogia. El arriba firmante se cisca en la solidaridad internacional de las derechas y las izquierdas, en los discursos y en la mandanga”. No establecer diferencias entre un nazi de la Legión Cóndor y un brigadista como José Eduardo Almudéver constituye una infamia. Sin embargo, Pérez-Reverte considera que no es suficiente y cita su experiencia como corresponsal para vomitar más insidias: “Yo he pasado veintiún años yendo a guerras que no eran mías, y sé de qué iba Hemingway. Por eso me cago en Hemingway y en la madre que lo parió”. No esperaba menos de un meapilas que ha adquirido una fama abocada a disiparse tan deprisa como la de José María Gironella, autor del lamentable best-seller Los cipreses creen en Dios (1953), uno de los grandes éxitos de la literatura franquista. Hemingway nunca me ha inspirado demasiada simpatía. De hecho, creo que se parece bastante a Pérez-Reverte: fanfarrón, pendenciero, bocazas. Pienso en la infancia de mi madre, rota por la sublevación de Franco, y reparo en que Almudéver y otros jóvenes como él combatieron a los fascistas con mucho corazón y pocas balas. Arrojar porquería sobre su memoria me parece una inexcusable indignidad. Por eso, me cago en Pérez-Reverte y en los gilipollas que le han encumbrado. ¡Vivan las Brigadas Internacionales!

Sunday, 14 February 2016

Ser o No ser de España


Ser de España (NO SER DE ESPANYA)




Duelo a garrotazos, de Goya, un referente icónico de las Dos Españas que el pintor aragonés retrata entre los dolores de su nacimiento.

El Ser de España o Problema de España es el nombre que suele designar1 un debate intelectual acerca de la identidad nacional española que surge con el regeneracionismo a finales del siglo XIX, y coincidiendo con la aparición de los nacionalismos periféricos. Confluye con el tópico de las Dos Españas, imagen muy descriptiva de la división violenta y el enfrentamiento fratricida como característica de la historia contemporánea de España.

El objeto del debate no fue propiamente político o jurídico-constitucional —la definición de España como nación en sentido jurídico, tema que fue debatido en el proceso constituyente de la carta magna de 1978, en donde se enfrentaron posturas de negación, matización y afirmación de laNación española—; ni tampoco propiamente historiográfico —estudiar la construcción de la identidad nacional española, que se hizo históricamente como consecuencia de la prolongada existencia en el tiempo de las instituciones del Antiguo Régimen y, a veces, a pesar de ellas—. Lo que aquellos pensadores pretendían era dilucidar la preexistencia de un carácter nacional o Ser de España, es decir: cuáles son «las esencias» de «lo español», y sobre todo, por qué es algo problemático en sí mismo o no lo es, frente al aparente mayor consenso nacional de otras naciones «más exitosas» en su definición, como la francesa o la alemana, planteando la posibilidad de que España sea o no una excepción histórica. Todo lo cual dio origen a un famoso debate ensayístico, literario e historiográfico que se prolongó por décadas y no ha terminado en la actualidad, con planteamientos y puntos de vista muy diferentes. En muchas ocasiones el propio debate ha sido objeto de crítica en sí mismo, por un lado por lo que supone de introspección negativa, y por otro por la previa condición de buscar un esencialismo, es decir, una perspectiva filosófica en cuanto es una reflexión sobre la esencia, cuando lo propio de una perspectiva "histórica" sería el cambio en el tiempo, pues las naciones no son entes inmutables, sino construcciones de los humanos a lo largo de la historia, incluso restringidas a la historia más contemporánea en lo que respecta a los modernos conceptos de nación y nacionalismo.

Inicio del debate intelectual

Este libro de 1934 representa una evolución de Ramiro de Maeztu hacia posiciones mucho más «imperiales» que las de su juventud.

José Ortega y Gasset.Entre sus múltiples reflexiones sobre elproblema de España, llegó a decir:«Lo que nos pasó y nos pasa a los españoles es que no sabemos lo que nos pasa».2

Este tema ya aparece en el regeneracionismo de Joaquín Costa, con una aportación inicial muy significativa como fue laIntroducción a un tratado de política textualmente de los refraneros, romanceros y gestas de la Península, de 1881 y siendo su obra más trascendente Oligarquía y caciquismo como la forma actual de gobierno en España: urgencia y modo de cambiarla, 1901; también en Ángel Ganivet cuando escribió Idearium español y también Porvenir de España, ambos de 1898, año en que se suicidó. 


Surge de las posiciones enfrentadas desde la denominada polémica de la ciencia española entre los krausistas, como Gumersindo de Azcárate o Francisco Giner de los Ríos y su Institución Libre de Enseñanza, y los pensadores que pueden calificarse de casticistas o reaccionarios, como Gumersindo Laverde o Marcelino Menéndez y Pelayo, director de laBiblioteca Nacional de España y autor de un descomunal estudio erudito donde identifica lo español con lo ortodoxamentecatólico, por contraste con lo que no lo es, aunque aparezca en España: Historia de los heterodoxos españoles, estando en el origen de la definición intelectual de lo que trágicamente se acuñó como «Anti-España».

Inmediatamente después, el Desastre de 1898 supuso un revulsivo conducente a la introspección y reflexión sobre sus causas, relacionándolas con el atraso relativo de España ante la modernidad, de forma paralela al concepto de naciones decadentes y naciones emergentes que se aplicaba en ese momento a Alemania frente a Inglaterra, Japón frente a Rusia o a Estados Unidos frente a España, muy al hilo de los argumentos a favor del imperialismo3 e incluso de las teorías desupremacía racial4 que en la época se consideraban «científicas», como la eugenesia o el darwinismo social.5

El debate es continuado por las generaciones de 1898 (Miguel de Unamuno En torno al casticismo, Del sentimiento trágico de la vida) y de 1914 (Ortega y Gasset Meditaciones del Quijote, España invertebrada, La rebelión de las masas, éste último con una vocación territorial más amplia, y que tuvo gran repercusión en Europa). El debate entre ambos, expresado en la disyuntiva europeizar España o españolizar Europa, tuvo como frase más divulgada el ¡que inventen ellos! de Unamuno, que Ortega consideraba desviación africanista del maestro y morabito salmantino.6

La identificación de lo español con lo castellano y la búsqueda en el paisaje y paisanaje de Castilla de sus características esenciales por parte de autores provenientes de la periferia ha sido considerada como una característica principal de la Generación del 98 (Unamuno, Ramiro de Maeztu, Pío Baroja [vascos], Azorín [valenciano], Antonio Machado [andaluz] y, menos claramente, Valle Inclán [gallego]). No se ocultaban los rasgos negativos: el atraso, la ignorancia, la envidia, elcainismo, la brutalidad (La busca, La tierra de Alvar González, Divinas palabras). El esperpento valleinclanesco (Luces de Bohemia), el expresionismo pictórico de José Gutiérrez Solana o la galería de tipos españoles de Ignacio Zuloaga son sus ilustraciones escénica y visual.


Se ha indicado que algunos miembros de la generación del 98 tuvieron una evolución o trayectoria vital «de izquierda a derecha», partiendo de posiciones próximas al movimiento obrero y muy críticas con la visión tradicionalista de España, para acabar reconciliándose con ésta, sobre todo Ramiro de Maeztu y Azorín, y en cierto modo (más espiritual el primero y más escéptico el segundo) Miguel de Unamuno y Pío Baroja. Antonio Machado y Valle Inclán tuvieron una evolución contraria: de posiciones más «conservadoras» a otras más «progresistas». De eso dependió que unos u otros fueran reivindicados por la oposición al franquismo o por el pensamiento falangista y el nacionalcatolicismo de los primeros años de éste. En realidad, vivieron de forma trágica la separación de las Dos Españas, y todos ellos participaron de una manera o de otra en un cuestionarse por el Ser de España que no tenía una respuesta clara. Quizá el mejor ejemplo lo dio la triste separación de los hermanos Machado: Manuel, en el bando nacional y Antonio, en el republicano.

La generación de 1914, que se ha calificado como más europeísta y modernizadora, contó con intelectuales que se implicaron en política (Ortega, Manuel Azaña, Ramón Pérez de Ayala) y con otros que optaron por el apartamiento voluntario de la realidad (Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna). Muchos otros autores, vinculados a esta generación, o a su etiqueta paralela (novecentismo de Eugeni d'Ors), aparecerán como los principales contribuyentes al debate sobre el Ser de España en las décadas posteriores a la guerra civil, tanto desde el exilio (Salvador de Madariaga, Américo Castro, Claudio Sánchez Albornoz...) como desde el interior de la España franquista (Manuel García Morente).
Referencias en la literatura anterior[editar]

Las referencias literarias a España habían sido un tópico o subgénero que aparece con cierta continuidad desde muy antiguo: con carácter positivo los laudes hispaniae o loas a España, como los de la literatura latina y en concreto el de San Isidoro


honra y prez de todo el orbe; tú, la porción más ilustre del globo

o como el de Alfonso X el Sabio


Pues esta España que decimos tal es como el Paraíso de Dios

7

que adquieren tintes sombríos con Quevedo


Miré los muros de la patria mía

si un tiempo fuertes, ya desmoronados

de la carrera de la edad cansados

por quien caduca ya su valentía

Esas palabras son muestra de la conciencia de la decadencia española por las mentes más lúcidas del siglo XVII, entre las que destacan los arbitristas, como Martín González de Cellorigo (Memorial de la política necesaria y útil restauración de España y estados de ella, y desempeño universal de estos reinos, 1600) o Sancho Moncada (Discursos de 1619, editados más tarde como Restauración política de España). El esfuerzo de los novatores entre finales del XVII y comienzos del XVIII tuvo escasa repercusión.

Washington Irving.

En el siglo de las luces, la crítica ilustrada, desde la precoz de Feijoo (Teatro crítico universal) a la desesperanzada de José Cadalso(Cartas marruecas, y Defensa de la nación española, ambas respuesta a las Cartas persas de Montesquieu),8 pasando por la academicista de Antonio Ponz (Viage de España), percibía el atraso acumulado por España desde el Siglo de Oro frente a la deslumbrante Francia del Grand Siècle y la Encyclopédie.9 La opinión interna se debatía entre castizos y afrancesados. La percepción exterior era cruel: el desolador «¿Qué se debe a España?» de Masson de Morvilliers (Encyclopédie Méthodique, 1782). La respuesta a tal provocación, un artículo de Juan Pablo Forner (Oración apologética por la España y su mérito literario, 1786) ni siquiera fue tomada en serio por la opinión ilustrada española, dando origen al célebre y pesimista «pan y toros» de León de Arroyal,10 un tópico que continuó representando la opinión elitista de la intelectualidad española y renovándose periódicamente, con aportaciones del propio Unamuno.

En cambio, otros extranjeros supieron poner en valor las peculiaridades que encontraban en España, desatando una verdadera «hispanofilia» desde el romanticismo, para el que España era el punto más cercano donde encontrar la atracción morbosa delexotismo, forzando la percepción para confirmar las expectativas que la dibujaban como tierra de bandoleros, toreros y gitanos, (Carmen, de Prosper Mérimée, convertida en ópera por Bizet); y retroceder a una ucrónica Edad Media, poblada de refinados reyes moros decadentes (Cuentos de la Alhambra, Washington Irving) y sombríos inquisidores (El pozo y el péndulo, Edgar Allan Poe). Se abusó tanto de ese tópico que el realista Honoré de Balzac pudo escribir:

"El público está hoy harto de España, del Oriente, de suplicios, de piratas y de la historia de Francia al modo de Walter Scott."11


Simultáneamente, pero con mayor recorrido, nace el hispanismo como disciplina intelectual, apoyado por la presencia en Francia e Inglaterra de los exiliados españoles,12 como Antonio Alcalá Galiano (Memorias, Lecciones de literatura española, francesa, inglesa e italiana del siglo XVIII) o

Juan Antonio Llorente (Histoire critique de l'Inquisition espagnole, 1817 y 1818), incluyendo el caso de cambio de nacionalidad y religión de José María Blanco White (Letters from Spain, 1822).



 Entre los primeros «hispanistas» que no son meros traductores de los clásicos del Siglo de Oro se encuentran el francés Louis Viardot (Histoire des Arabes et des Maures d'Espagne), el norteamericano Alexander S. Mackenzie (A year in Spain, 1829) o el inglés Lord Holland, estudioso de Lope de Vega y anfitrión de los liberales exiliados. Una perspectiva peculiar la aportó el predicador protestante y estudioso de idioma y costumbres de los gitanos, George Borrow.13

La coyuntura trágica de división entre españoles del siglo XIX, que trajo los primeros exilios (afrancesados, liberales...), con la nueva perspectiva que da ver desde fuera la España que ya no se tiene, se debió a la feroz sucesión de guerras civiles ideológicas (Guerra de Independencia Española, Guerra Carlista) y la costumbre de confiar la alternancia política a los pronunciamientos militares (Riego, Cien Mil Hijos de San Luis, «espadones» moderados y progresistas...), en ausencia de elecciones libres o prácticas parlamentarias y administrativas aceptadas mutuamente por los principales partidos. Aunque esa situación se remedió con el Pacto de El Pardo entre liberales de Sagasta y conservadores de Cánovas (1885), ni antes ni después de esa fecha, ni siquiera en coyunturas críticas (como la crisis de 1917, que obligó a gobiernos de concentración y produjo resultados de práctico empate entre los dos partidos gobernantes) ningún gobierno español perdió unas elecciones convocadas por él mismo hasta 1931 (gracias al uso de los procedimientos del caciquismo y el pucherazo).

Los hechos fueron prontamente objeto de estudio historiográfico en sí mismos (Conde de Toreno Historia del levantamiento, guerra y revolución de España París, 1851) y, antes incluso, los literatos españoles comenzaron a inspirarse directamente en el enfrentamiento, como los tristes versos de Bernardo López García (referidos a la Guerra de Independencia)


oigo, patria, tu aflicción

y escucho el triste concierto

que forman, tocando a muerto

la campana y el cañón

14

o la visión del periodista que firmaba como Fígaro (Mariano José de Larra), poco antes de suicidarse (en el contexto de la Guerra Carlista)

Mariano José de Larra, porJosé Gutiérrez de la Vega. (Museo Nacional del Romanticismo de Madrid). En el multitudinario entierro de Larra, comenzó a destacar otra figura señera del romanticismo, que llegaría a dominar la escena madrileña de los años siguientes:José Zorrilla, continuador del mito de Don Juan.


Aquí yace media España, murió de la otra media

«El día de difuntos de 1836»

y recorren un camino que va del nacionalismo dolido pero orgulloso al patriotismo escéptico en Benito Pérez Galdós (Episodios Nacionales, Miau, Misericordia) o Leopoldo Alas. Pero es la generación del 98 la que convierte la introspección crítica sobre lo español en centro integral de su propuesta estética e ideológica, forjando lemas lapidarios:


Me duele España

Miguel de Unamuno


Ya hay un español que quiere

vivir y a vivir empieza

entre una España que muere

y otra España que bosteza

Españolito que vienes

al mundo, te guarde Dios

una de las dos Españas

ha de helarte el corazón

Antonio Machado

Simultáneamente, aparece el ambiguo Adéu, Espanya! del poeta catalán Joan Maragall.




...On ets, Espanya? No et veig enlloc.

No sents la meva veu atronadora?

No entens aquesta llengua que et parla entre perills?

Has desaprès d’entendre an els teus fills?

Adéu, Espanya!

¿Dónde estás, España, dónde que no te veo?

¿No oyes mi voz atronadora?

¿No comprendes esta lengua que entre peligros te habla?

¿A tus hijos no sabes ya entender?

¡Adiós, España!

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Las dos Españas[editar]

Y aún dicen que el pescado es caro, deJoaquín Sorolla, un ejemplo de pintura social.


[...]El territorio nacional se divide en dos campos enemigos irreconciliables[...]

Miserias de la Guerra, Pío Baroja


El concepto machadiano de las dos Españas, con el que este debate está íntimamente asociado («la discusión se centró... en el origen histórico de la gran tragedia española, intentando explicar, por un lado, el supuesto fracaso ante la modernidad y, en último extremo, la guerra civil»), ha sido rastreado por Santos Juliá16 desde sus primeros acuñadores: Mariano José de Larra, pasando por Jaime Balmes y los ya citados Marcelino Menéndez Pelayo, Ramiro de Maeztu y José Ortega y Gasset. También el portugués Fidelino de Figueiredo (As duas Espanhas). Otros autores, como Américo Castro (cuya aportación imprescindible se trata más adelante), negaron la oportunidad de tal expresión.

Significa en realidad la evidencia de una triple fractura, que se abre simultáneamente a los cambios que supone la Edad Contemporánea y que llevará al enfrentamiento de 1936. Esa triple fractura se puede expresar en tres pares de conceptos opuestos:17
La oposición derecha / izquierda, ligada a la denominada «cuestión social» del siglo XIX: que a su vez contiene tanto el surgimiento del movimiento obrero como respuesta a la industrialización y que se convierte en una temible lucha de clases (por ejemplo, el pistolerismo de Barcelona entre patronal y sindicatos), como el atraso rural y el «señoritismo» y «caciquismo» que intentan remediarse con la reforma agraria.


 La debilidad de las clases medias «ilustradas» o «profesiones liberales» (incluso la inexistencia o destrucción prematura de una burguesía nacional) ha sido mencionada por algunos como una de las causas de la polarización social y política, y expresada como una característica del «carácter español» desde que la leyenda negra fijó su estereotipo: el modo de vida hidalgo, el espíritu cristiano viejo, el desprecio por el trabajo... La distinta implantación de socialistas y anarquistas introduce un elemento más de fragmentación, en este caso, interna al movimiento obrero.18


Al marchar a la siega

entran rencores,

trabajar para ricos,

seguir de pobres

Seguir de pobres, Ignacio Aldecoa19



Procesión del Corpus en Atienza. Las manifestaciones del culto católico siguen siendo en la actualidad las convocatorias públicas de cualquier tipo seguidas por más cantidad de españoles de todas las zonas y clases sociales.20

La oposición catolicismo integrista / anticlericalismo, que surge con la descristianización de las capas populares e intelectuales desde el segundo tercio del siglo XIX, coincidiendo con las guerras carlistas (matanza de frailes en Madrid de 1834, motines anticlericales de 1835), se acentúa con la desamortización eclesiástica de Mendizábal, no se apaciguó con el Concordato de 1851 (a pesar de que Isabel II intentó integrar a los «neocatólicos» y reunió una verdadera «corte de los milagros» presidida por San Antonio María Claret y Sor Patrocinio, la (monja de las llagas), continuó contra el krausismo del último cuarto de siglo XIX (expulsando a los catedráticos que no se avinieron a acomodar sus enseñanzas a la ortodoxia, como Francisco Giner de los Ríos, que optaron por fundar la Institución Libre de Enseñanza), y se acentuó a principios del XX (Semana Trágica de Barcelona, lerrouxismo), expresándose incluso desde algunos gobiernos dinásticos (ley del candado de José Canalejas) y sobre todo los del primer bienio de la Segunda República, especialmente en lo relativo a la enseñanza y la supresión de la Compañía de Jesús.21 

Incluso la concesión del sufragio femenino en 1932 tuvo detractores desde ambientes progresistas por considerar que las mujeres votarían según la orientación de sus confesores (enfrentamiento entre Clara Campoamor y Victoria Kent). Agustín de Foxá resumió con ironía que los españoles están condenados a ir siempre detrás de los curas, o con el cirio o con el garrote

22

Sabino Arana, fundador del Partido Nacionalista Vasco.


La oposición centralismo / nacionalismos periféricos, identificados estos últimos a la defensa de lenguas distintas al castellano pero socialmente con diferentes orígenes: el resentimiento frente a la inmigración y el crecimiento industrial de las ciudades de los pequeños propietarios rurales católicos y carlistas en el País Vasco;23 y la burguesía progresista industrial catalana, organizada durante el siglo XIX en la defensa de una política económica proteccionista opuesta al librecambismo de los exportadores cerealistas castellano-andaluces, hegemónicos políticamente en «Madrid».24 Paradójicamente, un planteamiento similar de bandos enfrentados se había producido dentro de la misma Castilla siglos antes, desde la Baja Edad Media hasta la Guerra de las Comunidades.25

En la mayor parte de los casos, podía ubicarse a las fuerzas políticas y sociales, y a los individuos, en una u otra de las Dos Españas así definidas, aunque para otros casos no estaba tan claro: en Vizcaya o Guipúzcoa, muchos católicos (incluyendo a sacerdotes) eran nacionalistas vascos, e intervinieron en la Guerra Civil en el bando republicano; la Lliga Regionalista de Francesc Cambó tenía muy poco que ver con la Esquerra Republicana de Francesc Macià y Lluís Companys (de hecho, de la derecha catalana partieron los apoyos iniciales del general Miguel Primo de Rivera, así como una significativa parte de los de la sublevación militar de Franco); 


Mientras que las izquierdas eran notablemente centralistas y los republicanos pretendieron crear un «estado integral» que reconocía las autonomías regionales, por exigencias de la «conllevancia». 

La expresión proviene del debate del Estatuto de Autonomía en las Cortes (13 de mayo de 1932), notablemente realista y pragmático, en el que intervinieron Azaña y Ortega, y no se marcaba ningún acento trágico ni «excepcional».


El problema catalán, como todos los parejos a él, que han existido y existen en otras naciones, es un problema que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar... un problema perpetuo... un caso corriente de lo que se llama nacionalismo particularista... las naciones aquejadas por este mal son en Europa hoy aproximadamente todas, todas menos Francia [por]... su extraño centralismo.

José Ortega y Gasset26

Por otro lado, la mayor parte de las agrupaciones y partidos definidos como republicanos, así como la propia masonería (cuyo papel en la época ha sido objeto decontrovertidas teorías), tenían un componente social nada obrero, y más bien cercano a las clases altas o medias.
La Tercera España[editar]

Para algunos autores, la división fratricida en Dos Españas es tan maniquea que no se reconocen en ella. Se ha acuñado la expresión Tercera España (atribuida aSalvador de Madariaga)27 con la que se quiere indicar la existencia de un grupo social, encarnado en la postura de destacadas personalidades intelectuales, que no tomaron parte en la Guerra Civil o que no se identificaron realmente con ninguno de los bandos en contienda, independientemente de que antes de ella hubieran simpatizado con partidos o movimientos que pudieran asociarse a alguna de las Dos Españas o que después de ella se mantuvieran en el exilio o bajo el régimen franquista, lo que hace difícil fijar una lista de los que han sido asociados a ese difuso grupo:


... esa Tercera España, la de Ortega, Madariaga, Sánchez Albornoz, Menéndez Pidal y tantos otros que soñaron para este país una democracia liberal en la cual fuese posible vivir en paz, en libertad y en progreso.

28

En otros casos se citan los nombres de Julián Marías,29 Xavier Zubiri y los filósofos de la Escuela de Madrid vinculada a Ortega, distanciado de la trayectoria que veía en la República desde su No es eso, no es eso30 y que había mantenido un silencio clamoroso con su más discreto En tiempo de guerra, cuando la pasión anega a las muchedumbres, es un crimen de leso pensamiento que el pensador hable.31 También suele citarse al primer presidente de la Segunda República, Niceto Alcalá Zamora.32

Para otros autores como Xavier Casals, el concepto mismo es cuestionable.33
La «Edad de Plata»[editar]

Billete dedicado a Ramón y Cajal en 1935. En su reverso, el monumento obra del escultor Victorio Macho (1926), que se encuentra en el Parque del Retiro.

A pesar de que la dinámica social iba aumentando la energía de las contradicciones que, vistas con perspectiva, llevaron al trágico estallido de la Guerra Civil, el primer tercio del siglo XX (desde el reinado de Alfonso XIII, pero sobre todo durante la dictadura de Primo de Rivera y la Segunda República), fue cualquier cosa menos una época tenebrosa y pesimista: acogió la llamada Edad de Plata de las letras y ciencias españolas.34
Véase también: Historia de la ciencia y la tecnología en España#La ciencia y la tecnología en la «Edad de Plata»

Tradicionalmente, en este período se habla de varias generaciones de la cultura española, que son conocidas como del 98,14 y 27.

Como periodo no ha sido acotado con nitidez, pero un hito inicial de gran repercusión interna por lo que supuso para elorgullo nacional tras el deprimente desastre de 1898, fue sin duda el Premio Nobel de medicina otorgado a Santiago Ramón y Cajal (1906). Aunque en aquel momento en realidad sólo significaba una luminaria aislada surgida del esfuerzo individual, los hechos posteriores demostraron que representaba un síntoma de la renovación científica de España del primer tercio del siglo XX, y que conscientemente intentaba construir la nación mediante el progreso. Por contraste, el Premio Nobel de literatura otorgado dos años antes a José de Echegaray suscitó un sonoro escándalo en el mundo literario español, lo que no dejaba de ser prueba del dinamismo y la pluralidad existente en su seno.

La repatriación de capitales obligada por la evacuación de Cuba distó mucho de ser una tragedia económica, y la neutralidad española en la Primera Guerra Mundial produjo fabulosas oportunidades de negocio, al mismo tiempo que intensificó los desequilibrios sociales (crisis de 1917). La sociedad de consumo de masas no se implantó hasta mucho más tarde, aunque sí aparecieron algunas de sus características, como la electrificación y la difusión de los modernos medios de comunicación (teléfono y radio).


Multitud de cabeceras periodísticas contribuyeron de forma muy notable a la divulgación de la producción intelectual y la creación de una opinión pública caracterizada por la libertad y el pluralismo.

En lo cultural, ésta época presenció la madurez de las generaciones de 1898 y de 1914, el florecimiento de instituciones creadas en las primeras décadas del siglo (laJunta para Ampliación de Estudios, la Residencia de Estudiantes y muchas otras35 ), y fue testigo de cómo la posición unamuniana del «Que inventen ellos» quedaba superada por la cada vez mayor conexión de la intelectualidad española con la europea de vanguardia. Las mentes españolas más lúcidas parecían estar encontrándose consigo mismas, y con su lugar en el mundo. De ese clima intelectual es muestra un documental, recientemente recuperado, que se filmó en la época para ser distribuido en América, titulado ¿Qué es España? 1929–1930.36

La generación de 1927 o de la amistad reunió a una pléyade de poetas irrepetible (Federico García Lorca, Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Pedro Salinas,Jorge Guillén, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Manuel Altolaguirre, Emilio Prados...)37 cuya nómina no agota las individualidades de todos los ámbitos de la cultura que suele dejar fuera (la filósofo María Zambrano,38 el científico Severo Ochoa, el dramaturgo Alejandro Casona, su rival escénico José María Pemán,39 los fundadores del teatro del absurdo español, Miguel Mihura y Enrique Jardiel Poncela, y más poetas, como José Bergamín,40 Juan Larrea, Rosa Chacel, Carmen Conde, Miguel Hernández, el ingeniero Eduardo Torroja, los arquitectos de GATEPAC...).

Todos ellos, junto a artistas como los jóvenes Dalí y Joan Miró, o los ya maduros Jacinto Benavente y Juan Ramón Jiménez (ambos premio Nobel de Literatura), Pau Casals y Manuel de Falla (músicos), Julio González y Pablo Gargallo (escultores) o el universalmente valorado Picasso (Gaudí había muerto en 1926, y no gozó de la proyección internacional que alcanzó posteriormente su obra), volvieron a hacer pensar en Europa si acaso era cierto que el «genio español» había muerto con Goya (único nombre que, desde una óptica chauvinista pero no exenta de base, se reconocía entre el erial científico y la escasa repercusión de las artes españolas del siglo XIX).

La difícil reconciliación de tradición y modernidad que todavía Machado oponía dialécticamente (dejando un penoso retrato de la la España... devota de Frascuelo y de María), parecía haberse conseguido con García Lorca41 (Primer Concurso de Cante Jondo de Granada, 1922, en colaboración con Manuel de Falla;42 Romancero Gitano, 1928; Poema del Cante Jondo, 1931; amistad con Ignacio Sánchez Mejías...), quien puso el folclorismo, el flamenco y la tauromaquia43 a la altura que merecen como expresión de cultura popular, empeño entusiasta que compartió con un formidable grupo de jóvenes y maduros que, al mismo tiempo, llevaba a los clásicos a las aldeas en las Misiones Pedagógicas y las giras de La Barraca. Madrid volvió a ser un referente cultural para los intelectuales hispanoamericanos en el periodo que va desde la primera visita de Rubén Darío (1898)44 a la última estancia de Pablo Neruda (1935–1937),45 y César Vallejo46 pasando por Vicente Huidobro.47 El intercambio de profesores con las universidades americanas (Julio Rey Pastor) y giras de compañías dramáticas en sus teatros (Margarita Xirgú) se fue haciendo habitual. El año 1929 presenció la celebración simultánea de la Exposición Universal de Barcelona y la Exposición Iberoamericana de Sevilla.

En modo alguno fue un periodo complaciente, pues la conciencia del atraso seguía produciendo críticas, como la durísima película de Luis Buñuel Las Hurdes, tierra sin pan, vinculada a las famosas expediciones de Maurice Legendre48 y Gregorio Marañón49 (a la que asistió el rey Alfonso XIII). Otras figuras intelectuales apuestan por implicarse decididamente en el poder para llevar a cabo un programa reformista con la Segunda República (Fernando de los Ríos, Julián Besteiro y destacadamenteManuel Azaña), estrellándose con la realidad de la política y con el distanciamiento de unos (No es eso, no es eso, es el título de un famoso artículo de Ortega y Gasset, anteriormente el alma de los intelectuales de la Agrupación al servicio de la República, y que participó en el Congreso constituyente) y la abierta hostilidad de otros, decididamente opuestos a ese camino (José Antonio Primo de Rivera, Ernesto Giménez Caballero). Las tragedias consecutivas de la Guerra Civil Española, la posguerray el exilio marcaron una radical ruptura con aquel clima intelectual.

No obstante, el pesaroso panorama favoreció la introspección, y la reflexión sobre el problema de España continuó, se renovó y se enriqueció con aportaciones de loshispanistas, como el citado Legendre, desde una posición cercana al bando vencedor, otros cercanos al perdedor (George Orwell Homenaje a Cataluña, Ernest Hemingway Por quién doblan las campanas, Fiesta) y destacadamente desde 1943 con "El laberinto español" de Gerald Brenan, que eligió las Alpujarras primero yChurriana después, como sus lugares de residencia.50
Las dos caras del debate: 1949

Un debate nítidamente planteado, con dos posturas enfrentadas que se responden una a la otra ante la opinión pública, fue propiamente iniciado con dos libros de 1949 que representaron una bifurcación en la intelectualidad falangista de posguerra: Pedro Laín Entralgo España como problema y Rafael Calvo Serer España sin problema. El primero, mostrando el «desengaño» de cierta parte de los intelectuales afines al régimen (como el citado Laín, Dionisio Ridruejo, etc.); y el segundo, exhibiendo la aceptación sin complejos del concepto orteguiano-joseantoniano de España como «unidad de destino en lo Universal», que inspiraba la educación nacionalcatólica y lemas omnipresentes como «Por el Imperio hacia Dios»51

España, camisa blanca

La cada vez más clara defección del régimen del propio medio universitario llevó a la crisis de 1956 (huelga universitaria yrepresión que tuvo que ejercerse a la vez sobre los «hijos de los vencedores y de los vencidos»). El debate iniciado en 1949 fue enseguida llevado al exilio republicano, donde se elevó en tono intelectual con las aportaciones de Claudio Sánchez Albornoz (España, un enigma histórico, Buenos Aires, 1957, que en otros textos más pegados a la realidad documental se mostró como una autoridad de la historia de las instituciones), partidario de buscar la identidad española en la herencia romana y visigoda, apoyado en investigaciones sobre el reino de Asturias y el goticismo de su reivindicación (la «pérdida de España» de las Crónicas), y Américo Castro (La realidad histórica de España, México, 1954, Origen, ser y existir de los españoles, 1959), más cercano al campo de la literatura y la historia de la cultura, que proponía el surgimiento de la identidad española como una mezcla de influencias de «judíos, moros y cristianos» (aprovechado como título por Camilo José Cela52 ).

Simultáneamente, la poesía social de los jóvenes de las décadas de 1940 y 1950, huérfanos de sus padres de la generación del 27, se debatía contra la poesía esteticista como mejor vía de expresar el mensaje necesario en una hora tan baja del pulso español, dando frases tan impactantes como profundas:


De entre todas las historias de la historia, la más triste es la de España, porque termina mal.

Jaime Gil de Biedma53


España, camisa blanca de mi esperanza

Blas de Otero54

Mientras tanto, en el ámbito historiográfico del interior, había aparecido el clásico de José Antonio Maravall (1954) Concepto de España en la Edad Media, y la renovación de los estudios de historia económica y social que proponía Jaume Vicens Vives, otro tipo de acercamiento a la realidad histórica (más básico, de algún modo respuesta a la petición unamuniana de una intrahistoria, similar en tendencia a lo que en Francia estaba desarrollando la Escuela de Annales).

En México, Francisco Ayala publicó Razón del mundo: la preocupación de España (1962), en que se distancia de los planteamientos «esencialistas», desde una perspectiva que le aporta su acercamiento a la sociología. La renovación metodológica no fue muy bien acogida por los próceres del exilio, como Salvador de Madariagao Sánchez Albornoz, obteniendo éstos una réplica de Maravall en la orteguiana Revista de Occidente.55

Archivo General de la Guerra Civil Española, Salamanca. Formado con la documentación requisada con fines represivos durante la guerra y la posguerra por el bando vencedor, incluyendo la truculenta y abigarrada reconstrucción física de una logia masónica, por interés del propio Franco, que pretendía la identificación con lo «antiespañol» de su obsesión personal: la conspiración judeo-masónico-marxista-internacional, y de lo «español» con el estereotipo del «Una, Grande y Libre». Más tarde fue convertido en sección del Archivo Histórico Nacional y objeto de la polémica por la devolución de los llamados Papeles de Salamanca reivindicados por la Comunidad Autónoma de Cataluña.

Desde antes de la muerte de Franco, aparecieron en el interior obras como la de Julio Caro Baroja (El mito del carácter nacional. Meditaciones a contrapelo),56 que marcan la tendencia a la superación del debate identitario mediante el análisis metódico desde la perspectiva de las ciencias sociales.
La transición y la democracia[editar]

Más tarde, el periodo de la Transición trajo un florecimiento de la historiografía particularista de los nacionalismos periféricos y un manifiesto amortiguamiento de las referencias a lo «español» incluso en la evitación de ese nombre. Curiosamente, coincide en el tiempo con un rebrote de la «hispanofilia» que había caracterizado a la solidaridad con la España doliente de 1936 y que, cuarenta años más tarde, se extendió a la admiración internacional por la forma pacífica en que se produjo la llegada de la democracia, que fue puesta como modelo para las dictaduras americanas en la década de 1980 y para el este de Europa desde 1989. El «modelo español», basado en la continuidad institucional, la amnistía, el consenso político (Constitución de 1978) y el pacto social (Pactos de la Moncloa); ha sido acusado (por los partidarios de la «ruptura» en vez de la «reforma») de fomentar el «olvido del pasado», fundamentalmente por no exigir responsabilidades a las personalidades políticas y sociales beneficiadas por el franquismo y no reivindicar suficientemente la memoria histórica del bando perdedor de la guerra civil y la represión.

El nivel del análisis histórico consiguió descender a un estadio menos «esencialista», no exento de apasionamiento, en el contexto de los debates sobre la memoria histórica y el uso del concepto de «nación» en la reforma del Estatuto de Cataluña y otras posteriores. Del nuevo tipo de debates es muestra el reciente intercambio de artículos y cartas entre Antonio Elorza y José Álvarez Junco.57 Este último, con Mater Dolorosa. La idea de España en el siglo XIX (Premio Nacional de Ensayo 2002) realiza un importante estudio del surgimiento del nacionalismo español, que había quedado escasamente tratado desde ese planteamiento, mientras que los nacionalismos periféricos contaban con una abrumadora bibliografía.58
Normalidad o excepcionalidad[editar]

Resucitando un anterior debate entre Gerald Brenan y Raymond Carr (1966),59 en España, 1808–1996, El desafío de la modernidad Juan Pablo Fusi y Jordi Palafox «rechazan las tesis sobre la excepcionalidad del caso español, sobre todo cuando éstas están impregnadas de una interpretación claramente negativa y pesimista, y cuando se recurre a los conocidos tópicos del "fracaso",60 de las "frustraciones" o de "inferioridades" españolas... la ausencia de autoestima, los excesos, casi masoquistas en los que han derivado ciertas interpretaciones históricas sobre el caso español»; recibiendo la crítica de Borja de Riquer, que les acusa de «visión restrictiva, y quizás en exceso "optimista", ya que minimiza la importancia de otros muchos factores que hicieron de la situación española un caso realmente peculiar y que hipotecaron, hasta hace muy poco, su auténtica homologación a las pautas europeas». Este autor plantea diez «anormalidades» del caso español en la época contemporánea.61 Desde una posición matizada, el hispanista Edward Malefakis propone «aunque no podamos decir que España sea un país muy normal, pues siempre parece estar a punto de suceder algo, lo cierto es que experimenta una convivencia muy aceptable».62 Por su parte, John H. Elliott señala que la constatación de que en muchos aspectos España no era tan diferente de otros Estados europeos como se suponía tradicionalmente ha contribuido a devolverla a la corriente principal de la historia;63 mientras que otro hispanista, Stanley G. Payne, localiza las excepcionalidades de la historia de España en determinados episodios y no en otros (niega el fracaso del liberalismo) y propone la existencia de lo que denominaideología española de duración milenaria.64
Un tema sin fin[editar]

No son escasos los ejemplos de literatura ensayística, epígonos del debate de la década de 1950, como España inteligible de Julián Marías (1985) o Gárgoris y Habidis, de Fernando Sánchez Dragó. Pero el tema cada vez va teniendo un tratamiento más alejado del esencialismo.

Francisco Umbral dedicó un artículo a poner en cuestión la retórica de la eterna pregunta del concepto de España.65 Desde su peculiar posición y reflexión erudita, reflexiona Gustavo Bueno en su discurso España.66 Luis Suárez Fernández insiste, desde una posición tradicionalista, en la reivindicación de las aportaciones españolas a la civilización.67 Eloy Benito Ruano ganó el Premio Nacional de Historia de España 1998 por el trabajo colectivo Reflexiones sobre el ser de España. Entre los libros galardonados en distintos años hay muchos que pueden incluirse en el mismo ámbito: Juan Marichal El secreto de España (1996), Carmen Iglesias Símbolos de España(2000), el ya citado Santos Juliá Historia de las dos Españas (2005) y el más reciente, Antonio Miguel Bernal España, proyecto inacabado: costes/beneficios del imperio(2006). Una de las últimas aportaciones historiográficas, muy debatida, ha sido la de Henry Kamen,68 posición contestada por Arturo Pérez-Reverte,69 famoso por su reconstrucción de la sórdida y épica España del siglo de Oro en la serie de novelas sobre el capitán Alatriste

Sunday, 31 January 2016

El Caso Scala



El Caso Scala marcó un punto de inflexión en la transición española para el movimiento anarcosindicalista y libertario. Un montaje policial realizado desde las más altas esferas del poder del estado.

Wednesday, 20 January 2016

Fallece a los 95 años la miliciana antifascista Julia Tello

Fallece a los 95 años la miliciana antifascista Julia Tello.

Julia Tello
Julia Tello
El pasado sábado 16 de enero nos dejaba Palmira Julia Tello Landeta (Madrid, 2 septiembre 1920), la Tellito, miliciana antifascista, que se había incorporado a la naciente JSU en 1936, y por la que se entregó a la defensa de Madrid con tan sólo quince años. 

Su trabajo estuvo centrado en la Brigada Thaelmann de las compañías internacionalista que llegaron a España para defender la causa democrática y en hacer entender a la población la necesidad de la formación de un potente ejército reclutando nuevos soldados.

En junio de 1939 debe huir de Madrid: se encuentra con una amiga que la avisa de que la andan buscando, están deteniendo a las jóvenes compañeras de la JSU (acabarían ejecutando a trece, “las trece rosas” y a muchos más, hombre y mujeres). Feliz aviso. Pasó a la clandestinidad con un nuevo nombre: Amaya.

Compañera del pintor Ciriaco Párraga, sin casarse y sin papeles, permanecieron toda la vida unidos por el amor y sin dejar de luchar por la libertad y la democracia.

Al sencillo acto familiar celebrado en el mismo tanatorio donde recibió reconocimiento y homenaje asistieron miembros del Foro por la Memoria y de la Fundación Domingo Malagón. Descansa en paz, Tellito, y gracias por tu entrega y ejemplo.

Bárbara Párraga

Thursday, 14 January 2016

How Truth and Trauma need to come out for all of us in Spain .....



Reading a paper about trauma, negative dialects, by Kate Schick 1*

‘TO LEND A VOICE TO SUFFERING IS A CONDITION FOR ALL TRUTH’: ADORNO AND INTERNATIONAL POLITICAL THOUGHT.


" poststructural writing argues that trauma is silenced to prevent it disrupting narratives of order and progress and instead advocates a continual ‘encircling’ of trauma that refuses incorporation into a broader historical narrative."K.S.
I can't help but to think more and more, how urgent it is to re-open all cases, all issues, all conversations, around our private traumas -inherited in many shapes and forms after not only the Civil War- but also because of, it and because who win it. 

And not only because who win it, but how and why it was won, and how and why it was left to exist till this days. With out actually having beed dismantled properly a deeply rooted rightwing totally connected not only to Fascism as their method and practice, but to Nazism and the subsequent implication to that political measures all over Latin America.
Its success would have not been possible with out help. And here is where all the negation, the void of information and the truth about it becomes so painful. As we were the victims of the worst entity we can only just imagine, the USA, the CIA, the MI5/6 etc etc. The whole of the global right wing, that we see now coming out again.
The case for the recovery of memory, the thousands of yet to be discovered mass graves plus the ones that have been opened.
The amount of burned and disappeared archives that were in the hands of the fascist regime but evaporated during the Spanish so called transition.
The tabu, the fear, the hatred that stills floats around all of us in every corner,in every province or village....
All this is pushing for help,for restoration,for support.
Are we going to find this?
This is what is again more than ever and to another level of threat been pushed back and out.
If the Spanish Civil war, was the site where the International democrats and anti capitalist, socialist and sensitive souls, were crushed between extremes of fascist reactionaries either Russian Communist or right wing military class. We can see who won, we can trace its lines of action again around latin America, and we can see who was pulling the strings for this to just stay as it was.
New words new history telling about UK politics of no intervention wile letting an english pilot to fly Franco from North Africa to Spain and the non told yet people who poured money on to a bank account for his cause.
Is now that we wake up and see how far all its been hidden and keeps hidden and censored.
In between this, there are us, just the people, the victims.
We need to come to terms and we need to empower ourselves to be able to ask the right questions and be able to really fight, this time with actions and words for our emancipation and a better future, if ever can exist.
Esther Planas


1* Edkins rejects a politics of forgetting, drawing attention to the contingency of accepted social arrangements and arguing that if we are to resist depoliticisation then we must ‘encircle again and again the site’ of the trauma (Žižek 2002a: 272; Edkins 2003: 15). Such encircling stands outside of linear narrative time in what she terms ‘trauma time’ (15). Edkins maintains that ‘[w]e cannot remember [trauma] as something that took place in time, because this would neutralise it’. Against gentrification of the traumatic ‘real’ and a return to the everyday banalities of politics as usual, she seeks to continually recall the radical contingency of the social order. Following Slavoj Žižek, she argues that the truly political act is to draw attention to that which is concealed by everyday politics and to ‘occupy the place of the lack’ therein (1999: 13).
In the remainder of this paper, I draw on Adorno’s work to suggest an alternative conception of suffering in international political thought, an approach that situates trauma in historical and social context and asks how we might come to terms with it. Adorno argues that attention to fragmentation and suffering must be tempered with attention to unity and hope. We must continue to reach towards a conception of the ‘whole truth’ by attending not only to particular suffering but also to the historical and social antecedents of suffering. Such an attempt is not a hubris-filled attempt to ‘solve’ the world’s ills, but an always incomplete and imperfect reaching towards a world in which Auschwitz might not happen again. It is a form of working through that will never be complete but that always holds before it the hope that moral learning, however fragile, might takeplace.http://www.heathwoodpress.com/to-lend-a-voice-to-suffering-is-a-condition-for-all-truth-adorno-and-international-political-thought/