Sunday, 4 October 2020

Hermann Tertsch lanza una campaña llena de bulos en la Eurocámara para "proteger la Santa Cruz del Valle de los Caídos"


El eurodiputado de Vox escribe a todo el Parlamento Europeo una carta en la que afirma que el proyecto de ley de memoria democrática está "basado en una clara y muy peligrosa construcción ideológica comunista"
— El Gobierno presenta la nueva ley de memoria histórica que hace responsable al Estado de la exhumación de fosas y anula sentencias franquistas
DOCUMENTO — El anteproyecto de ley de Memoria Democrática























Andrés Gil
Corresponsal en Bruselas —17 de septiembre de 2020 20:08h

40
@andresgil


El eurodiputado de Vox Hermann Tertsch ha enviado un correo electrónico a todos los eurodiputados y a sus colaboradores sobre los "alarmantes acontecimientos en España". En un texto plagado de inexactitudes y falsedades sobre el anteproyecto de ley de Memoria Democrática, que en ningún caso adjunta en su mensaje.


En su texto, Tertsch compara "la profanación de la tumba [de Franco]" con la persecución de los cristianos en los años treinta del siglo pasado", cuando, afirma, "socialistas, comunistas y anarquistas en España asesinaron a más de 12.000 sacerdotes y monjas, decenas de obispos y altos clérigos".

El eurodiputado de Vox defiende que el "Parlamento Europeo debería pedir al gobierno de izquierda radical en España que deje de intentar imponer los mitos y mentiras del comunismo como verdad oficial y ponga fin a su intento de reprimir la verdad y de iniciar el enjuiciamiento judicial de los hechos históricos".

Además, Tertsch atribuye a la ley unos contenidos que no aparecen en el texto.

"Es una versión ideológica reconstruida del pasado y de la Historia de España. Es la versión del Frente Popular, el Gobierno liderado por los comunistas que perdió una guerra civil tras secuestrar y destruir la democracia". Falso. El Gobierno del Frente Popular ganó las elecciones de 1936, con 4,6 millones de votos (47,03%) y 263 escaños; frente a la CEDA y sus aliados, un Frente Nacional que logró 4,5 millones de votos (46,48%) y 156 escaños. Lo que no dice en su carta tampoco Tertsch es que la Guerra Civil se produjo tras un golpe militar el 17 de julio de 1936 cometido por el general Franco contra un Gobierno legítimo y que, por otro lado, difícilmente podría estar liderado por comunistas cuando el PCE logró 17 escaños –frente a los 99 del PSOE, por ejemplo– y entró en el Gobierno en septiembre, tras el golpe y cuando ya había comenzado la Guerra Civil. Y lo hizo con dos carteras de 14: sanidad y educación (instrucción pública).

"La nueva ley impone una versión parcial, unilateral, injusta, manipulada y sectaria. Como se especifica en el anteproyecto de ley, contradecir la ley –cualquier infracción por parte de los ciudadanos– será sancionada con penas que podrían alcanzar los 150.000€". Falso. La ley prevé sanciones de entre 10.001 a 150.000 euros para las infracciones calificadas como "muy graves". ¿Y cuáles son esas? Básicamente el traslado de víctimas sin autorización, la destrucción de fosas de víctimas, la destrucción de lugares de memoria y la autorización o participación en actos que "inciten a la exaltación de la Guerra Civil o de la Dictadura, cuando entrañe descrédito, menosprecio o humillación de las víctimas o de sus familiares".

"Todo ciudadano que no apoye, siga y obedezca la versión tendenciosa y falsa de la 'verdad gubernamental', la del Frente Popular sobre el pasado, la república, la Guerra Civil y el franquismo será severamente sancionado". Falso. La ley no obliga a que ningún ciudadano "apoye, siga y obedezca" nada. Sólo condena "la apología del franquismo y la incitación directa o indirecta al odio o violencia contra las víctimas del golpe de Estado, de la guerra civil española o del franquismo". Y extingue aquellas asociaciones o fundaciones que lo hagan.

"Para ello, entre los 66 puntos del proyecto de ley por el que el gobierno español social-comunista pretende imponer las bases para construir una memoria colectiva para todos los españoles, también prevé la creación de una 'Fiscalía especializada para la memoria democrática y los derechos humana'. Falso. La Fiscalía se crea "para la investigación de los hechos producidos con ocasión de la Guerra Civil y la Dictadura, incluyendo los que tuvieron lugar hasta la entrada en vigor de la Constitución, que constituyan violaciones de los derechos humanos y del Derecho Internacional Humanitario. A esta Fiscalía se le atribuirán asimismo funciones de impulso de los procesos de búsqueda de las víctimas de los hechos investigados, en coordinación con los órganos de las distintas administraciones con competencias sobre esta materia, para lograr su debida identificación y localización". Es decir, es una Fiscalía para reparar a las víctimas, no para "imponer las bases para construir una memoria colectiva para todos los españoles".Carta de Hermann Terstch al Parlamento Europeo sobre la ley de Memoria Democrática.

"Como describió Lenin en Las tareas de las organizaciones juveniles, el gobierno social comunista de España tiene la intención de utilizar la escuela para construir esa memoria colectiva. Pretende que las próximas generaciones de jóvenes españoles se subordinen a sus doctrinas y pretende vincularlas a ella en cada paso de sus estudios, educación y formación". Falso Al margen de que el escrito de Lenin hablaba de los deberes y la formación de las Juventudes Comunistas, no de las tareas educativas de los Gobiernos, el anteproyecto de ley establece lo siguiente: "El sistema educativo español incluirá entre sus fines el conocimiento de la historia y de la memoria democrática española y la lucha por los valores y libertades democráticas".

"A estas aterradoras medidas se suma la 'resignificación' del Valle de los Caídos (un monumento de la guerra civil en las afueras de Madrid donde están enterrados soldados de ambos lados, del lado nacionalista y del lado republicano)". Falso. Sólo el franquismo define el Valle de los Caídos como un monumento integrador. Y lo que no dice el eurodiputado es que fue levantado gracias al trabajo forzoso de los perdedores de la Guerra Civil, como tampoco dice que lo que sí es es un mausoleo del dictador Franco mientras los huesos de miles de víctimas perdedoras que convierten la basílica en una gigantesca fosa común. ¿Y qué quiere decir el texto con "resignificación"? Reconvertir el Valle en "un lugar de memoria democrática con una finalidad pedagógica", al tiempo que "se reconoce el derecho de los familiares a recuperar los restos de sus ascendiente".

El Gobierno [...] contempla la remoción de la emblemática cruz del Valle de los Caídos, que es considerada la cruz cristiana más alta del mundo. Esta supuesta destrucción forzada de la abadía benedictina de la Santa Cruz del Valle de los Caídos es una barbarie y una violación de la libertad religiosa sin parangón en Europa. Falso. Ni en el anteproyecto de ley ni en ninguna declaración de ningún miembro del Gobierno se ha anunciado la "remoción de la emblemática cruz". En efecto, "la supuesta destrucción" es eso, una destrucción supuesta por Vox.

Saturday, 3 October 2020

El filósofo y periodista venezolano Eduardo Rothe analiza la situación colonizada de Cataluña

 

Friday, 2 October 2020

“El antifascismo es el denominador común de las Brigadas Internacionales”

Giles Tremlett se sienta en una terraza en una mañana soleada en Madrid a finales de junio, deja caer un manuscrito encuadernado en la mesa: “Para demostrar que existe”, bromea. Se trata de una nueva historia de las Brigadas Internacionales que lucharon con el Ejército Republicano en la Guerra Civil española. El mamotreto impresiona, pero Tremlett no lo ha terminado del todo. Para empezar, aún no lo ha leído su editor. “Además, sobran unas 40.000 palabras”, asegura. Si todo va bien, el libro se publicará el próximo verano.

Nacido en Plymouth, Reino Unido, en 1962, Tremlett lleva más de 20 años en la capital española. Periodista y corresponsal durante años de The Guardian y The Economist, ha escrito España ante sus fantasmas (2007), Catalina de Aragón (2013) e Isabel la Católica (2017).

Sus dos últimos libros se ocuparon de reinas españolas de los siglos XV y XVI. ¿Cómo ha sido volver al XX?

Francamente, maravilloso. Mi único problema ha sido la ingente cantidad de materiales con los que trabajar. Mi investigación me ha llevado por todas partes, desde la Institución Hoover en Stanford (California) hasta la Biblioteca Tamiment en Nueva York, pasando por Ámsterdam, Varsovia, Belgrado, París....

Además de ser prácticamente infinitas, sus fuentes estarían redactadas en muchos idiomas diferentes.


las Brigadas pierden la guerra en España, pero ganan la Segunda Guerra Mundial. En otras palabras, tenían razón. Como antifascistas, tenían razón

Sí, esa fue una dificultad adicional. Sé leer bastantes idiomas; los que no, los meto en el Google Translate para tener una idea. Si veo algo que me gusta, busco a un traductor. Pero luego está el problema de la fiabilidad. Hay miles de memorias de brigadistas, pero también hay mucha censura o autocensura. Es obvio que algunas historias han mejorado con el tiempo. Mucha gente, por ejemplo, jura haber avistado al mariscal Tito en España. Es verdad que ayudó a reclutar voluntarios en Yugoslavia. Pero aquí nunca puso el pie.


Este es su tercer libro de historia. A estas alturas, ¿sigue escribiendo como periodista o se ha convertido en un historiador en toda regla?

¿Dónde está la línea? Yo no lo sé. Lo que sí sé es que me interesan las historias y experiencias personales. Quiero ayudar a mis lectores a entender cómo fue estar allí.

Ese enfoque biográfico significa que tiene que seleccionar, centrarse en individuos particulares. ¿Eligió a personas cuyas experiencias cree que son representativas, o se inclinó por las historias más interesantes?

Algunas de las personas más interesantes no llegaron a entrar al libro, precisamente porque quizá lo son demasiado. Algunos de los personajes más obvios, como Robert Merriman [el combatiente estadounidense de mayor graduación de los que participaron en la Guerra Civil], por ejemplo, figuran mucho menos en mi libro que en otros. De hecho, decidí no concentrarme en los voluntarios británicos y estadounidenses. Tienen una fuerte presencia en la bibliografía pero, en realidad, fueron numéricamente menos importantes que los franceses y los belgas, por ejemplo.


¿Tuvo la oportunidad de entrevistar a veteranos?

A lo largo de los años, he entrevistado quizá a una docena de brigadistas. Pero honestamente no sentí la necesidad de hacer más entrevistas. El material documental es lo suficientemente rico. Por otra parte, la memoria no es precisamente fiable setenta u ochenta años después de los hechos. Eso sí, me parece que el hecho de que la generación de los voluntarios haya desaparecido casi por completo hace que este sea un buen momento para intentar contar toda la historia, superando las historias separadas de los diferentes grupos nacionales, todas marcadas por los respectivos marcos nacionales. La Brigada Lincoln es un buen ejemplo: la forma en que se cuenta su historia está muy filtrada por el marco narrativo de la historia norteamericana.

¿Qué significa entender todas esas diferentes líneas narrativas en el contexto de los años 30?

El mundo de los años 30 todavía no está globalizado. Pero está a punto de serlo. Para muchos voluntarios que viajaban a España, cruzar todas esas fronteras suponía un gran reto, incluso en términos culturales. No hay que olvidar que alrededor del 95% eran de la clase obrera. Muchos nunca habían salido de su propio país.


Sin embargo, las Brigadas atrajeron a personas con mentalidad, digamos, internacionalista, e incluían a muchos inmigrantes e hijos de inmigrantes.

Así es. En mi libro, utilizo dos grandes categorías, los “devotos” y los “desplazados”, que a menudo se solapan. Además de los devotos políticos, que eran muchos, los que yo llamo desplazados ya llegan con una experiencia de migración. Luego, por supuesto, estaban los marineros, de los que había muchos entre los escandinavos, americanos y canadienses.

Políticamente, escribir sobre las Brigadas significa meterse en un campo minado. ¿Eran héroes o tontos útiles? ¿Uno se concentra en las historias de coraje e inspiración, o en las experiencias de desencanto y abandono? Como sabemos, la historia de las Brigadas ha servido a muchos fines distintos, sobre todo durante la Guerra Fría.

Lo que planteo es que las guerras, de por sí, son binarias. Normalmente, solo hay dos lados. Y tienes que elegir uno, por muy imperfectos que sean ambos. Entonces, ¿qué lado eliges? La respuesta puede parecer tremendamente obvia para nosotros hoy. Pero claramente no lo era en aquel momento. De lo contrario, los brigadistas no habrían sufrido tanto en sus propios países después de la guerra, por no hablar del Pacto de No Intervención.


Si quieres saber lo que pasó en Belchite, no acudes a un departamento universitario. No. Le preguntas al historiador local que lleva cuarenta años obsesionado por el tema y que ha montado su propio pequeño museo

Ahora, para mí, está claro que hay una definición que se ajusta a casi todos los voluntarios internacionales. Algunos pueden ser operativos supuestamente mexicanos de la Komintern, enviados por Moscú; otros, anarquistas italianos; otros, simples aventureros o desempleados. Pero la categoría que engloba a casi todos era la del antifascismo. Las Brigadas Internacionales no eran una tropa de la Komintern. Eran una tropa antifascista. La Komintern es importante, claro, como los son los diferentes partidos comunistas nacionales. Pero el verdadero denominador común de las Brigadas es el antifascismo.

La historia de las Brigadas Internacionales se ha contado de muchas formas diferente según dónde y cuándo. En la Europa del Este, después de la Segunda Guerra Mundial, eran venerados. En Estados Unidos, fueron “antifascistas prematuros” y perseguidos con saña durante el macartismo. Además, todas estas narraciones están moldeadas por aquellos que tienen el poder o la oportunidad de contarlas. El grupo oficial de los veteranos de la Brigada Abraham Lincoln, por ejemplo, eran un grupo bastante selecto, cuya historia no es necesariamente representativa de los 2.800 brigadistas norteamericanos. ¿Cómo procesar todas estas historias, que no sólo son increíblemente diversas, sino que también están cargadas de controversia e inversión afectiva?

Me he dado cuenta de que hay una clara ventaja en mirar a todas las diferentes nacionalidades juntas. Se aumenta el tamaño de la muestra. Ya no dependes de una sola versión. De hecho, la misma evolución de todas estas diferentes narrativas es fascinante de por sí. Por ejemplo, la historia de los voluntarios judíos, sobre todo los que vinieron de Palestina. Inicialmente, fueron despreciados: habían ido a España en lugar de quedarse a luchar contra los árabes. Más tarde, su historia fue redefinida –en mi opinión, correctamente– como una especie de resistencia al fascismo previo al Holocausto, un acto de resistencia que, como tal, fue inmensamente valioso. A lo largo de los años, Israel ha ido entendiendo esto poco a poco.


En la Europa del Este, hasta 1989, los veteranos de las Brigadas fueron héroes. Luego se les obligó a devolver sus medallas.

Toda la historia de Europa del Este es increíble. Allí, las Brigadas Internacionales fueron un semillero para las futuras élites: ministros del gobierno, generales, diplomáticos, etc. Algunos acabaron purgados, por supuesto. Pero los supervivientes se convirtieron, a menudo, en personajes muy importantes. En muchos casos, sus historias individuales son bastante complejas y desagradables. En Alemania del Este, el Servicio de Seguridad del Estado (la Stasi) estaba dirigido por veteranos de las Brigadas. En Yugoslavia ocurre algo parecido. Sin embargo, en Checoslovaquia, Hungría y Polonia, muchos brigadistas se convierten en víctimas de purgas, a menudo porque eran judíos.

Las historias de lo que vivieron los brigadistas veteranos después de su paso por España llenarían un libro por sí solas. Incluidos, por supuesto, los años inmediatamente posteriores, en la resistencia contra los nazis. ¿Quién disparó al primer oficial alemán en París? ¿Y al segundo? Brigadistas. ¿Quién dirigía muchos de los equipos de los partisanos en Italia y Yugoslavia? De nuevo, los veteranos de España. También escribo sobre el trato horrible que sufrieron en Estados Unidos. O en Holanda, donde los nazis los apresaron utilizando las listas proporcionadas por la policía holandesa.


Esta historia puede contarse como un relato de heroísmo: un momento histórico en el que, increíblemente, unas 35.000 personas arriesgan voluntariamente la vida por una causa noble. Pero uno también se puede centrar en lecciones morales o políticas más complejas. La historia de las Brigadas Internacionales, ¿encierra alguna lección que podamos aprovechar hoy?

En realidad, creo que hay dos narrativas opuestas que se desarrollan al mismo tiempo, y que reflejan de nuevo la naturaleza binaria de la guerra. Sí, es verdad, las Brigadas pierden la guerra en España, pero ganan la Segunda Guerra Mundial. En otras palabras, tenían razón. Como antifascistas, tenían razón. Hoy, eso lo sabe todo el mundo. Lo que trato de hacer en el libro es seguir la historia de la llamada “no intervención” –parte de la historia del apaciguamiento– para ver cómo esta se desarrolla en tiempo real, mientras las Brigadas están luchando. No olvidemos que, después de todo, lo que la República Española está intentando hacer al final es seguir luchando hasta que los demás países le den alcance y se espabilen. Es decir, hasta que haya una lógica en lo que está sucediendo.


Las historias de lo que vivieron los brigadistas veteranos después de su paso por España llenarían un libro por sí solas. Incluidos, por supuesto, los años inmediatamente posteriores, en la resistencia contra los nazis

El arco narrativo en el que los brigadistas terminan ganando el debate está ahí, por supuesto. Pero la victoria sólo llega seis años después de que pierdan la guerra en España. ¿Eso los convierte en héroes? No estoy muy interesado en el heroísmo como tal. Es cierto que, individualmente, muchos de ellos fueron bastante heroicos. Pero lo que es más importante para mí es el hecho de que, como antifascistas, tenían razón. Punto final. Esto, a estas alturas, ¿cómo puede dudarlo nadie?

Si el heroísmo como tal no le interesa, ¿qué pasa con la ejemplaridad? ¿Hay alguna lección política o moral que extraer de esta historia, ochenta años después, sea en términos positivos o negativos?

Ya que me lo pregunta, para mí, la historia de las Brigadas Internacionales es un ejemplo positivo. Pero no lo pondría en estos términos. La lección que yo sacaría, más bien, es esta: frente a las tempestades de la política y de la historia, es valioso aferrarse a una certeza moral. El principio del antifascismo, del que las Brigadas son solo una parte, es un buen ejemplo de una certeza así. Repito que esto no significa que, como individuos, los voluntarios internacionales fueran ejemplares necesariamente. Quiero decir: si luchas contra el fascismo en España para después convertirte en jefe de la Stasi, ¿qué clase de ejemplo eres? Si los brigadistas fueron heroicos lo fueron en el sentido de que se plantaron y arriesgaron sus vidas por el principio del antifascismo. Eso sí, dejan a familias que tienen que hacer frente a las consecuencias de su compromiso político. Y luego en el campo de batalla, individualmente, algunos resultaron ser héroes y otros no tanto. Del mismo modo que, más tarde, algunos se convirtieron en personajes bastante horrorosos. Hay una parte de la devoción política que les impulsa que, históricamente, sale horriblemente mal.


El gran arco narrativo que usted describe como indiscutible –en que se pierde la guerra contra el fascismo en España para ganarla en 1945– no se desarrolla precisamente así en la propia España, un país que sigue sin ser capaz de encajar su propia narrativa histórica en el marco europeo. ¿Cómo cree que será recibido su libro en España?

Honestamente, creo que las posturas aquí en España están demasiado enrocadas para mover la aguja de manera significativa. Aunque también me gustaría pensar que hay una generación más joven que no sabe mucho, que no está muy afectada por su historia familiar y que tiene una mentalidad más abierta, o simplemente está interesada en saber más.

De hecho, una de las cosas que fascinan de España es la cantidad de trabajo local que se ha hecho sobre la Guerra Civil. En este caso, la idea de que la historia se construye sobre hombros de gigantes resulta ser un disparate. Si se construye sobre algo, es sobre el trabajo de docenas y docenas de personas en pueblos pequeños, a menudo como parte de asociaciones locales. Si quieres saber lo que pasó en Belchite, no acudes a un departamento universitario. No. Le preguntas al historiador local que lleva cuarenta años obsesionado por el tema y que ha montado su propio pequeño museo. O encuentras a la persona local que ha echado horas y horas online en el archivo de la Komintern, o desenterrando documentos en el archivo militar de Ávila. Esa es la gente que sabe de verdad.

¿Qué le queda por hacer antes de que salga el libro, además de cortar esas 40.000 palabras de más?

Soy un obsesivo contrastando hechos, y todavía tengo miles de detalles por comprobar. No me quiero equivocar en nada. Siento una gran responsabilidad. A fin de cuentas, este es un gran tema que significa mucho para mucha gente. Hay un ejército de individuos que mantienen viva la memoria de las Brigadas, en asociaciones por todo el mundo. También siento una responsabilidad hacia los propios brigadistas, aunque ya están todos muertos. Por supuesto, al final, como escritor, tienes que salir con tu versión. Que no le va a encantar a todo el mundo. No pasa nada, abramos entonces un debate.

Sebastiaan Faber 

Madrid , 18/09/2019


Giles Tremlett

https://ctxt.es/es/20190918/Politica/28196/Giles-Tremlett-brigadas-internacionales-antifascismo-guerra-civil.htm#.X5UJtEgFXWU.twitter

–––––––

Una versión en inglés de esta entrevista se publicó en The Volunteer, revista de los Archivos de la Brigada Lincoln.

Thursday, 1 October 2020

NO! así NO! Esta es Spain Hoy: Fascista Homófoba Racista Misogina Antisemita

 


La Calle Federico García Lorca de Bellavista de Aljaraque, Huelva, amaneció el pasado domingo con esta pintada...

Los servicios municipales ya se han encargado de hacer desaparecer este ataque contra la memoria del poeta granadino asesinado por el franquismo

📸 
Huelva Información

Wednesday, 30 September 2020

Intervención magistral del portavoz de Podemos a las Cortes de Castilla León, Pablo Fernández

 

Monday, 14 September 2020

How the U.S. Schemed Against Spain’s Transition from Dictatorship to Democracy

According to conventional wisdom in Spain and in the U.S., in Spain’s transition from the Franco dictatorship to democracy, it was King Juan Carlos, with the assistance of the U.S. government (first the Ford administration, then the Carter administration),

who brought democracy to Spain. In this interpretation of events taking place from 1975, when the dictator died, to 1978, when the first democratically elected government was installed, the U.S. government actively supported the development of democracy in Spain.
The reality, however, was very different. As documented in a recent book by Nicolas Sartorins and Alberto Sabio, El Final de la Dictadura (The End of the Dictatorship), the U.S. government was not very keen on having full democracy in Spain. The primary, if not exclusive, concern of the U.S. government in Spain was to preserve its military and economic interests. Democracy in Spain was the least of its concerns.

As a matter of fact, the U.S. government would have preferred to keep both Franco and the dictatorial regime alive and in good health, rather than open up a democratic process with an uncertain outcome. As the U.S. ambassador in Spain, Mr. Stabler, wrote in February 1975 to Secretary of State (under President Ford) Henry Kissinger, It will be much easier to reach an agreement with the Spanish Government to renew the military bases in that country if Franco stays in power. But he is not going to last much longer and the transition to a post-Franco era has already begun(Archives of the Gerald Ford Foundation. National Security Advisor, Box 12, Spain).  Beginning in 1945, the U.S. government saw Spain as a military base. The democratic forces in Spain, which had helped the Allies in defeating the Nazi regime in Europe (the first battalion to liberate Paris consisted of Spanish republicans), were hoping that the collapse of the Hitler regime would be followed by the collapse of one of its main allies in Europe “ the Franco regime. To bring about that collapse, the Spanish democratic forces needed U.S. and allied support. But the Truman administration had different thoughts. Even though the Cold War had not yet officially begun, the U.S. government saw Franco’s anti-communist stance as an important asset, and his willingness to please the allied forces (to make them forget his support for Hitler) made him very agreeable to the U.S. demands. The most important of these, expressed in a Pentagon study published on April 19, 1945, was the need for the U.S. government to establish its own Gibraltar in Spain. And this it did “ not just one (Rota), but six U.S. military bases equivalent to Gibraltar were established in Spain. It was Truman who gave the green light to save Franco’s regime, and it was Eisenhower who visited Spain to give that regime the international recognition Franco craved. From then on, the U.S. government became the major ally to one of the most hated dictatorships in the history of Europe. (Franco assassinated nearly 200,000 people immediately after his fascist coup in 1939.) The U.S. government also pushed for membership of the Franco regime in NATO, a proposal that was too much for the U.S.’s European allies to accept. They vetoed it. The U.S. military bases came up for renewal in 1975, when Franco’s days were numbered. The Ford administration was aware that the Franco regime was very unpopular, and so were the U.S. government and its military bases in Spain. Even in a poll carried out during the dictatorship (which repressed all opposition views), the majority of Spaniards had indicated they wanted U.S. military bases out of Spain.
During the period 1974-1978, the Spanish working class was restless. Its opposition to the dictatorship was very active. No other country in Europe witnessed such strong popular agitation against its government. From 1974 to 1977, Spain saw enormous labor agitation, the largest in Western Europe since World War II. This worried the Ford administration. Moreover, Portugal was in the midst of a military and popular revolt against Franco’s best friend in Portugal, the dictator Salazar. The Pentagon even made plans in case Portugal and Spain were taken over by political forces hostile to U.S. interests: the U.S. would support the establishment of an Atlantic government, allied to the U.S., to include the Islands of Azores, Madeira, and the Canary Islands. The Pentagon was still recovering from its defeat in Vietnam (Saigon on April 30, 1975), and in Europe the left was positioned to win the elections in France and Italy. It was clear to the Ford administration that however much it might prefer seeing Franco remain in power, things in Spain and elsewhere were getting quite rough for U.S. government interests; it could not afford to lose Spain. And the King became the solution. Franco had appointed Juan Carlos as his successor, and at his coronation he had sworn loyalty to the fascist party (El Movimiento National). But the King (and the U.S. administration) was aware that something needed to change in Spain.
The Democratic Conversion of the Spanish King King Juan Carlos appointed Arias Navarro, a close confidant of the dictator Franco, to lead his first government. The ministers of this government, presided over by the King, were linked to U.S. economic interests and were profoundly pro-U.S. government. The Foreign Affairs Minister, Mr. Areilza, was Spanish ambassador to the U.S. in the 1950s and was close to Rockefeller family interests and the Chase Manhattan Bank. The Minister of Justice, Mr. Garriges Diaz-Caisabete, was Spanish Ambassador in the U.S. in the 1960s (and had played a key role in the renewal of U.S. military bases in Spain) and consultant to many U.S. corporations in Spain. The Vice-President, Mr. Osorio, was once president of the Spanish affiliate of Exxon. The Minister of the Economy, Mr. Vilar Mirt, had been head of a major steel company of the United Steel Corporation.
It was this government that signed the renewal of the U.S. military bases. Just as Franco had needed the military bases to gain U.S. government support, so the King now needed U.S. support to gain legitimacy and international recognition. And the U.S. government gladly offered both, even though the brutality of this government of the Monarchy rivaled that of the Franco regime. Torture, political assassinations, and jailing of political opponents were common practice in Spain under the Arias Navarro government, and the U.S. government was fully aware of this. A reception given by the U.S. Chamber of Commerce for King Juan Carlos at the Waldorf Astoria in New York was met by demonstrations against the royal visit, organized by Amnesty International.
The same support for the Spanish monarchy came from the Carter administration and its Secretary of State, Mr. Cyrus Vance. The profoundly anti-communist position of the King made him attractive to the Carter government, which had pressured its European allies to admit Spain to the European Common Market. The U.S. government thought Spain’s entry into the Common Market would be good for U.S. business interests based in Spain. Here again, no concerns were expressed by the U.S. government that Spain was still a dictatorship, now led not by a general but by a king. The European governments, however, were not ready to admit the Spanish dictatorship into the Common Market. The German Premier Helmut Schmidt, a social democrat, vetoed it. Not so, incidentally, Germany’s foreign secretary, the liberal Mr. Gensher, who supported it. He was fairly representative of the European liberal parties (which are right-wing parties in Europe), which had always put their economic interests above any liberal concerns. It was the social democratic governing parties that vetoed entry of the Spanish dictatorship to the European Common Market.
Continuing labor demonstrations forced the fall of Arias Navarro’s government and the establishment of a new monarchic government, led by Suarez, who had been Secretary General of the fascist movement and had supported most of the repressive measures of the Arias Navarro government. Suarez, along with the King, knew the situation could become explosive – indeed, the first year of the Suarez government saw the greatest labor unrest – unless a more open process was put in place, with legalization of all parties, including the Communist Party. The electoral rules, however, would be designed to discriminate against the working class and against progressive areas of the country, electoral rules that continue to this day. For example, the province of Segovia, a conservative stronghold, needs only 30,000 votes to elect a member of the Spanish parliament. Barcelona, a stronghold for progressive forces, needs 150,000 votes. And although the alliance of left-wing forces “ Izquierda Unida (to the left of the Socialist Party), which includes the Spanish Communist Party – is the third largest party in Spain by popular vote, it is only the fifth largest in Parliament, reduced to a small parliamentary group.
This small piece of history explains why European polls show that, of the populations of Europe, the Spanish population is the least friendly toward U.S. foreign policy. However, correctly reading the political situation in the U.S., the Spanish people have never identified the U.S. government and its policies with the majority of the people who live and work in the U.S. According to the same polls, compared with much of continental Europe, the Spanish population has a greater empathy for average folk in the U.S. “ that is, for the people and the popular culture. They share the opinion held by the majority of the U.S. population expressed in many polls that the federal government does not primarily represent their interests.

Vicente Navarro is Professor of Political Science and Public Policy at the Pompeu Fabra University, Spain, and The Johns Hopkins University, USA. In 2002 he was awarded the Anagrama Prize (Spain’s equivalent to the Pulitzer Prize in the USA) for his denunciation of the way in which the transition from dictatorship to democracy has been engineered, in his book Bienestar Insuficiente Democracia Incompleta, De lo que no se hable en nuestro pais (Insufficient Welfare, Incomplete Democracy; a book about what is being silenced in Spain). He can be reached at vnavarro@jhsph.edu

Published on www.counterpunch.org, Septembre 2007

See in PDF

Sunday, 13 September 2020

Las fosas comunes son las cajas negras de la dictadura franquista

 

Las fosas comunes son las cajas negras de la dictadura franquista; esas que la transición quiso esconder.


Aquí seguimos en Guadalajara exhumando a veintidós luchadores antifascistas por petición de sus familias.