Thursday, 5 April 2012

First Spanish Republic


Primera República Española Proclamación de la Primera República








Bandera, de carácter provisional,1 de la Primera República Española.

El rey Amadeo I renunció al trono de España el día 11 de febrero de 1873. Esta renuncia estuvo motivada por las dificultades a las que tuvo que enfrentarse durante su corto reinado, como la guerra en Cuba, el estallido de la Tercera Guerra Carlista, la oposición de los monárquicos alfonsinos, que aspiraban a la restauración borbónica en la figura deAlfonso de Borbón, hijo de Isabel II, las diversas insurrecciones republicanas y la división entre sus propios partidarios.


El Congreso, con inclusión del Senado, estaba reunido en sesión conjunta y permanente, y, mientras esperaba alguna comunicación final del rey, se erigió en Asamblea Nacional. Imperaba en ésta una amplísima mayoría de parlamentarios monárquicos, pertenecientes a los dos partidos monárquicos y dinásticos que hasta entonces se habían turnado en el gobierno: el partido radical de Manuel Ruiz Zorrilla y el partido constitucional de Práxedes Mateo Sagasta. Junto a la abrumadora mayoría monárquica se sentaba en la Asamblea Nacional una minoría republicana, muy dividida entre federales y unitarios. Uno de ellos, el federalista Francisco Pi y Margall, presentó a la Asamblea la siguiente proposición:


La Asamblea Nacional asume los poderes y declara como forma de gobierno la República, dejando a las Cortes Constituyentes la organización de esta forma de gobierno.


Pi y Margall, en su defensa de la propuesta —de la que era firmante junto con Figueras, Salmerón y otros diputados—, aunque se reafirmaba como federalista, renunciaba en ese momento a imponer como forma de gobierno la República federal con la esperanza de que fueran las Cortes Constituyentes que debían convocarse quienes la declararan, y anunciaba su acatamiento a otra decisión distinta si así se adoptaba democráticamente. Emilio Castelar subió al estrado y pronunció este discurso:


Señores, con Fernando VII murió la monarquía tradicional; con la fuga de Isabel II, la monarquía parlamentaria; con la renuncia de don Amadeo de Saboya, la monarquía democrática; nadie ha acabado con ella, ha muerto por sí misma; nadie trae la República, la traen todas las circunstancias, la trae una conjuración de la sociedad, de la naturaleza y de la Historia. Señores, saludémosla como el sol que se levanta por su propia fuerza en el cielo de nuestra patria.


Tras el elocuente discurso de Castelar, entre encendidos aplausos, fue proclamada la República Española, con la resignación de los monárquicos, por 258 votos a favor y sólo 32 en contra:


La Asamblea Nacional resume todos los poderes y declara la República como forma de gobierno de España, dejando a las Cortes Constituyentes la organización de esta forma de gobierno. Se elegirá por nombramiento directo de las Cortes un poder ejecutivo, que será amovible y responsable ante las mismas Cortes.


En esta misma sesión, se eligió el primer gobierno de la República. El republicano federal Estanislao Figueras resultó elegido "Presidente del Poder Ejecutivo" (jefe de Estado y Gobierno) y no "Presidente de la República" pues nunca se llegó a aprobar la nueva Constitución que creaba ese cargo; en su discurso, dijo que la llegada de la República era «como el iris de paz y de concordia de todos los españoles de buena voluntad».


La aprobación de esas resoluciones sorprendió y desconcertó a toda España, ya que en las Cortes, elegidas pocos meses antes, los republicanos eran una minoría. Ruiz Zorrilla afirmaba en plena Asamblea:


Protesto y protestaré, aunque me quede solo, contra aquellos diputados que habiendo venido al Congreso como monárquicos constitucionales se creen autorizados a tomar una determinación que de la noche a la mañana pueda hacer pasar a la nación de monárquica a republicana.


Para muchos, dada la imposibilidad de restaurar a Isabel II y la juventud del futuro Alfonso XII, la República es la única salida posible, aunque sólo sea como medida provisional, en razón del fracaso inevitable que la aguarda.
[editar]Gobierno de Estanislao Figueras


Este primer gobierno lo formaban federales y progresistas, que ya habían sido ministros durante la monarquía. En él cuatro ministros del rey Amadeo; Echegaray, Becerra, Fernández de Córdoba y Berenguer, ocupaban los ministerios de Hacienda, Guerra, Marina y Fomento.


Al comenzar, afrontaban una desesperante situación financiera: déficit presupuestario de 546 millones de pesetas, 153 millones en deudas de pago inmediato y solo 32 millones para cubrirlas. El Cuerpo de Artillería había sido disuelto en el momento de más virulencia en las guerras cubana y carlista, para las que no había suficientes soldados, armamento ni dinero con el que alimentar o adquirirlo. Por otro lado, España atravesaba una aguda crisis económica, coincidente con la gran crisis mundial de 1873 y agudizada por la inestabilidad política; en los años precedentes había aumentado el paro entre jornaleros y obreros. Las organizaciones proletarias respondieron con huelgas, marchas, concentraciones de protesta y la ocupación de tierras abandonadas.


El 23 de febrero, el recién elegido presidente de la Asamblea Nacional, el radical Cristino Martos, organizó un intento de golpe de Estado, llegando la Guardia Civil a ocupar el Ministerio de Gobernación y la Milicia Nacional el Congreso, para instaurar una república unitaria. Esto provocó la primera remodelación del gobierno sustituyendo a los ministros progresistas por ministros republicanos federales.


Doce días después de proclamarse la República, se firmó solemnemente el cese del servicio militar obligatorio, y se creó el servicio voluntario. Cada soldado cobraría una peseta diaria y un chusco.2 Se creaba asimismo una milicia de voluntarios de la República, con un sueldo de cincuenta pesetas al alistarse y dos pesetas y un chusco diarios.


El segundo gobierno de Figueras tuvo que enfrentarse al intento de proclamación del Estat Català el 9 de marzo dentro de la República Federal Española, que fue superado tras una serie de gestiones telegráficas con los dirigentes catalanes. Poco después, el 23 de abril, se produjo un nuevo intento de golpe de Estado preparado por alfonsinos, miembros de la Unión Liberal, progresistas de Sagasta y sectores monárquicos del Ejército, pero fracasaron cuando varias unidades se abstuvieron a última hora.


Se suele considerar a Pi y Margall como el alma de este gobierno que hubo de enfrentarse a un sinfín de problemas ya endémicos para la Primera República (Tercera Guerra Carlista; sublevaciones separatistas, en este caso de Cataluña; indisciplina militar, conspiración monárquica, etc.); su gobierno disolvió la Asamblea y convocó Cortes Constituyentes para el 1 de mayo. El 23 de abril, Cristino Martos, esta vez amparado en el gobernador civil de Madrid, Estébanez, intentó un nuevo golpe de Estado: un batallón de milicianos tomó posiciones en el Paseo del Prado y cuatro mil voluntarios más, perfectamente armados, se concentraron en la plaza de la Independencia con el pretexto de pasar revista. Enterado de la intentona golpista, Pi y Margall (a la sazón ministro de Gobernación) movilizó a la Guardia Civil. El ministro de la Guerra, por su parte, tras nombrar capitán general de Madrid a Baltasar Hidalgo, ordenó que el brigadier Carmona, con un batallón de infantería y algunas unidades de artillería y caballería, marchara sobre los milicianos: el golpe de Estado fracasó apenas iniciado, y el gobierno disolvió la Comisión Permanente del Congreso y los batallones que participan en la conjura.


El gobierno convocó elecciones a Cortes Constituyentes para el 10 de mayo, que resultaron en 343 escaños para republicanos federales y 31 para el resto de fuerzas políticas. Las elecciones se desarrollaron en condiciones muy poco ortodoxas, y su representatividad resultó ridícula, pues no participaron ni los carlistas (en guerra desde 1872), ni los monárquicos alfonsinos de Cánovas del Castillo, ni los republicanos unitarios, ni tan siquiera las incipientes organizaciones obreras adscritas a la Internacional, que se pronunciaron por laabstención[cita requerida]. Fueron posiblemente los comicios con la participación más baja de la Historia de España[cita requerida]. En Cataluña, sólo votó el 25% del electorado; en Madrid, el 28%.
[editar]La República federal


El 1 de junio de 1873 se abrió la primera sesión de las Cortes Constituyentes y comenzó la presentación de propuestas. El 7 de junio se debatió la primera de ellas, suscrita por siete diputados, que decía:


Artículo único. La forma de gobierno de la Nación española es la República democrática federal.


El Presidente, haciendo cumplir lo que ordenaba el Reglamento de las Cortes para la aprobación definitiva de las propuestas de ley, dispuso celebrar una votación nominal al día siguiente. El 8 de junio se aprobó la propuesta con el voto favorable de 219 diputados y solamente 2 en contra, proclamándose ese día la República federal. Al tiempo, los federalistas apostaban por un modelo confederal de tipo helvético, constituyéndose directamente en cantones independientes.


Así narraba Benito Pérez Galdós el clima parlamentario de la Primera República:


Las sesiones de las Constituyentes me atraían, y las más de las tardes las pasaba en la tribuna de la prensa, entretenido con el espectáculo de indescriptible confusión que daban los padres de la Patria. El individualismo sin freno, el flujo y reflujo de opiniones, desde las más sesudas a las más extravagantes, y la funesta espontaneidad de tantos oradores, enloquecían al espectador e imposibilitaban las funciones históricas. Días y noches transcurrieron sin que las Cortes dilucidaran en qué forma se había de nombrar Ministerio: si los ministros debían ser elegidos separadamente por el voto de cada diputado, o si era más conveniente autorizar a Figueras o a Pi para presentar la lista del nuevo Gobierno. Acordados y desechados fueron todos los sistemas. Era un juego pueril, que causaría risa si no nos moviese a grandísima pena.


Presidiendo un Consejo de Ministros, harto de debates estériles, llegó Estanislao Figueras a gritar en catalán: «Señores, ya no aguanto más. Voy a serles franco: ¡estoy hasta los cojones de todos nosotros!»3 Tan harto que el 10 de junio dejó disimuladamente su dimisión en su despacho en la Presidencia4 se fue a dar un paseo por el parque del Retiro y, sin decir una palabra a nadie, tomó el primer tren que salió de la estación de Atocha. No se bajó hasta llegar a París.
[editar]Gobierno de Francisco Pi y Margall



La república federal para Pi y Margall:


El procedimiento —no hay para qué ocultarlo—, era abiertamente contrario al anterior: el resultado podía ser el mismo. Representadas habían de estar en las nuevas Cortes las provincias, y, si éstas tenían formada idea sobre los límites en que habían de girar los poderes de los futuros Estados, a las Cortes podían llevarla y en las Cortes sostenerla. Como determinando la esfera de acción de las provincias habría venido a quedar determinada por el otro procedimiento la del Estado, determinando ahora la del Poder central, se determinaba, se quisiera o no, la de las provincias. Uno y otro procedimiento podían, a no dudarlo, haber producido una misma constitución y no habría sido, a mi manera de ver, ni patriotismo ni político dificultar, por no transigir por este punto, la proclamación de la República.

Si el procedimiento de abajo arriba no era más lógico y más adecuado a la idea de la Federación, era, en cambio, el de arriba abajo más propio de una nacionalidad ya formada como la nuestra, y en su aplicación mucho menos peligroso. No había por él solución de continuidad en el Poder; no se suspendía ni por un solo momento la vida de la nación; no era de temer que surgiesen graves conflictos entre las provincias; era la obra más fácil, más rápida, menos expuesta a contratiempos y vaivenes...

Francisco Pi y Margall


Tras la huida a Francia de Figueras, al advertir el vacío de poder ya iba a pronunciarse el general Manuel Sodas cuando uncoronel de la Guardia Civil, José de la Iglesia, se presentó con un piquete en el edificio del Congreso y anunció a los diputados que de allí no salía nadie hasta que eligieran a un nuevo Presidente. Eligieron el día 11 de junio al también federalista Francisco Pi y Margall, que al presentar a su gobierno ante la Asamblea declaró que no tenía programa y que no sabía qué hacer. El esfuerzo principal del nuevo gobierno sería la elaboración de una nueva Constitución, así como la aprobación de una serie de leyes de carácter social: el reparto de tierras desamortizadas entre arrendatarios, colonos y aparceros, el restablecimiento del ejército regular, con levas obligatorias, la separación de la Iglesia y el Estado, la abolición de la esclavitud, la enseñanza obligatoria y gratuita, la limitación del trabajo infantil, la creación de jurados mixtos de empresarios y trabajadores, el derecho a la sindicación obrera y la jornada de trabajo de 8 horas.

El 16 de junio se eligió una comisión de 25 miembros que debía elaborar la nueva Constitución, presentándose el proyecto de Constitución Federal de la República Española, cuya redacción se atribuye principalmente a Castelar, al día siguiente para su debate.

El 28 de junio, Pi y Margall renovó la composición de su gobierno, pero debido a la lentitud y las constantes demoras durante los debates sobre la nueva Constitución, los acontecimientos se precipitaron con una celeridad asombrosa. El 30 de junio el ayuntamiento de Sevilla acordó transformarse en República Social, y al día siguiente los diputados federales intransigentes abandonaron las Cortes. Una semana más tarde, el 9 de julio, Alcoy se declara independiente: desde el día 7 de julioestaban teniendo lugar una ola de asesinatos y ajustes de cuentas al amparo de una huelga revolucionaria (la llamadaRevolución del petróleo dirigida por elementos locales de la sección española de la AIT). Era sólo el comienzo. Poco después, comienza la sublevación cantonalista con huelgas generales en toda España, soldados asesinando a oficiales, alcaldes linchados, y un centenar de muertos.

Los focos federales del país no estallaron en forma de Estados autónomos, sino en una constelación de cantones independientes. Los levantamientos se suceden por diversas localidades de Valencia, Murcia y Andalucíafundamentalmente. Los hubo de ámbito provincial como Valencia y Málaga, otros más localizados, como Alcoy, Cartagena,Sevilla, Cádiz, Almansa, Torrevieja, Castellón, Granada, Salamanca, Bailén, Andújar, Tarifa y Algeciras, y los hubo incluso tan pequeños como el pueblo manchego de Camuñas y el murciano de Jumilla. No obstante, no existe constancia en el archivo municipal de ésta última localidad de proclamación de cantón alguno, discurriendo al parecer las sesiones del periodo dentro de los cauces normales. Tal circunstancia ha llevado a algunos historiadores a negar la existencia del Cantón de Jumilla, cuya invención atribuyen a mera propaganda anticantonal de la que es exponente el manifiesto del Cantón de Jumilla, texto que se popularizó en la época pero que no tiene fundamento histórico alguno.5




Sello del cantón federal deValencia.

"La nación jumillana desea vivir en paz con todas las naciones vecinas y, sobre todo, con la nación murciana, su vecina; pero si la nación murciana, su vecina, se atreve a desconocer su autonomía y a traspasar sus fronteras, Jumilla se defenderá, como los héroes del Dos de Mayo, y triunfará en la demanda, resuelta completamente a llegar, en sus justísimos desquites, hasta Murcia, y a no dejar en Murcia piedra sobre piedra."

El más conocido y activo de todos los cantones fue el de Cartagena, que estalló el 12 de julio en aquella base militar y naval, bajo la inspiración del diputado federal murciano Antonio Gálvez Arce, conocido como Antonete.6





Bandera cantonal de Cartagena en 1873.


Los cantonalistas cartageneros toman el castillo de Galeras. Izan una bandera roja y dan un cañonazo como señal previamente acordada, para indicar al Almansa que se han tomado las defensas y puede sublevarse junto al resto de la escuadra.7 En realidad, a falta de una bandera roja por completo, se iza una bandera turca. Enseguida se retira la bandera, y a falta de pintura roja, y para evitar confusiones que lleven a pensar que han perdido el control del castillo, un sublevado se corta en el brazo voluntariamente y con su sangre tiñe la media luna y la estrella.7 Cuando las noticias llegan al Capitán General. Este transmite a Madrid su famoso telegrama: «El Castillo de Galeras ha enarbolado bandera turca». Antonio Gálvez Arceapasionó a la marinería con su inflamada oratoria y se apoderó de la escuadra fondeada en el puerto, que en ese momento se componía de lo mejor de la Armada. Con la flota en su poder sembró el terror en la costa mediterránea próxima, y fue declarado pirata y buena presa por decreto del gobierno de Madrid.8 Ya en tierra, dirigió una marcha sobre Madrid que fue desbaratada en Chinchilla. El cantón de Cartagena acuñó moneda propia, el duro cantonal, y resistió seis meses de guerra e independencia.


Dos fragatas cantonales, la fragata de hélice Almansa y la fragata blindada Vitoria, salieron de Cartagena «hacia una potencia extranjera» (es decir, a Almería), para recaudar fondos. Al negarse la ciudad a pagar, fue bombardeada y tomada por los cantonalistas, quienes se cobraron ellos mismos el tributo. El general Contreras, al mando de la flota, se hizo rendir honores al desembarcar, curiosamente al son de la Marcha Real. A continuación, repitieron hazaña en Alicante y, de vuelta a Cartagena, fueron apresados como piratas por las fragatas acorazadas HMS Swiftsure y SMS Friedrich Carl, británica y alemana respectivamente.







Principales escenarios del levantamiento cantonalista y de la Tercera Guerra Carlista.


Según Emilio Castelar:


Hubo días de aquel verano en que creíamos completamente disuelta nuestra España. La idea de la legalidad se había perdido en tales términos que un empleado cualquiera de Guerra9 asumía todos los poderes y lo notificaba a las Cortes, y los encargados de dar y cumplir las leyes desacatábanlas sublevándose o tañendo arrebato contra la legalidad. No se trataba allí, como en otras ocasiones, de sustituir un Ministerio existente ni una forma de Gobierno a la forma admitida; tratábase de dividir en mil porciones nuestra patria, semejantes a las que siguieron a la caída del califato de Córdoba. De provincias llegaban las ideas más extrañas y los principios más descabellados. Unos decían que iban a resucitar la antigua corona de Aragón, como si las fórmulas del Derecho moderno fueran conjuros de la Edad Media. Otros decían que iban a constituir una Galicia independiente bajo el protectorado de Inglaterra. Jaén se apercibía a una guerra con Granada. Salamanca temblaba por la clausura de su gloriosa universidad y el eclipse de su predominio científico [...] La sublevación vino contra el más federal de todos los Ministerios posibles, y en el momento mismo en que la Asamblea trazaba un proyecto de Constitución, cuyos mayores defectos provenían de la falta de tiempo en la Comisión y de la sobra de impaciencia en el Gobierno.


Más grave incluso era el problema de la Tercera Guerra Carlista, que campaba por sus respetos con total libertad en las Vascongadas, Navarra y Cataluña, y extendía su acción a toda la península a través de partidas, mientras que el pretendiente Carlos VII había formado en Estella un gobierno con sus propios ministerios, que comenzaba incluso a acuñar moneda, mientras que la connivencia de los franceses les permitía recibir ayuda externa.


Sin tiempo para que la Constitución de la República Federal pudiera ser aprobada en las Cortes, Pi y Margall se vio en una situación crítica. Se negaba a reprimir la rebelión de los cantones porque declaraba, con toda lógica, que los sublevados no hacían más que seguir la doctrina que él había proclamado, en vista de lo cual, se vio forzado a dimitir el 18 de julio, tras 37 días de mandato. De esta forma describió las decepciones que le había dado la política:


Han sido tantas mis amarguras en el poder, que no puedo codiciarlo. He perdido en el gobierno mi tranquilidad, mi reposo, mis ilusiones, mi confianza en los hombres, que constituía el fondo de mi carácter. Por cada hombre agradecido, cien ingratos; por cada hombre desinteresado y patriótico, cientos que no buscaban en la política sino la satisfacción de sus apetitos. He recibido mal por bien...
[editar]Proyecto de Constitución Federal


Artículo principal: Proyecto de Constitución Federal de 1873.





Alegoría de La Niña Bonita sobre la I República Española,10 publicada en La Flaca, revista humorística y liberal del siglo XIX.


El proyecto de Constitución Federal de la Primera República Española se desarrollaba a lo largo de 117 artículos organizados en 17 títulos.


En su primer artículo fijaba lo siguiente:


Componen la Nación Española los Estados de Andalucía Alta, Andalucía Baja, Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Castilla la Nueva, Castilla la Vieja, Cataluña, Cuba, Extremadura, Galicia, Murcia, Navarra, Puerto Rico, Valencia, Regiones Vascongadas. Los Estados podrán conservar las actuales provincias o modificarlas, según sus necesidades territoriales.


Estos estados tendrían una «completa autonomía económico-administrativa y toda la autonomía política compatible con la existencia de la Nación», así como «la facultad de darse una Constitución política» (artículos 92º y 93º).


El proyecto de Constitución preveía en su Título IV, además de los clásicos Poder Legislativo, Poder Ejecutivo y Poder Judicial, un cuarto Poder de Relación que sería ejercido por el Presidente de la República.


El Poder Legislativo estaría en manos de las Cortes Federales, que se compondrían de: Congreso y Senado, siendo el Congreso una cámara de representación proporcional con un diputado «por cada 50.000 almas» que se renovaría cada dos años, y el Senado, una cámara de representación territorial siendo elegidos cuatro senadores por las Cortes de cada uno de los Estados.


El Poder Ejecutivo sería ejercido por el Consejo de Ministros, cuyo Presidente sería elegido por el Presidente de la República.


El artículo 40 del proyecto disponía: «En la organización política de la Nación española todo lo individual es de la pura competencia del individuo; todo lo municipal es del Municipio; todo lo regional es del Estado, y todo lo nacional, de la Federación». El artículo siguiente declaraba que «Todos los poderes son electivos, amovibles y responsables», y el artículo 42 que «La soberanía reside en todos los ciudadanos, y se ejerce en representación suya por los organismos políticos de la República, constituida por medio del sufragio universal».


El Poder Judicial residiría en el Tribunal Supremo Federal, que se compondría «de tres magistrados por cada Estado de la Federación» (artículo 73º) que nunca serían elegidos por el Poder Ejecutivo ni el Poder Legislativo. Además establecía que todos los tribunales serían colegiados y la institución del Jurado para toda clase de delitos.


El Poder de relación sería ejercido por el Presidente de la República Federal cuyo mandato duraría «cuatro años, no siendo inmediatamente reelegible», como dice el artículo 81º del proyecto.
[editar]Gobierno de Nicolás Salmerón





Retrato de Nicolás Salmerón Alonso.


Tras aceptar la dimisión de Pi y Margall, fue elegido Presidente del Poder Ejecutivo Nicolás Salmerón, con 119 votos a favor y 93 votos en contra.


El nuevo presidente, que era un republicano federal moderado, defendía la necesidad de llegar a un entendimiento con los grupos más moderados o conservadores y una lenta transición hacia la república federal. Su oratoria era demoledora. Francisco Silvela decía que Salmerón, en sus discursos, sólo usaba un arma: la artillería. Antonio Maura caracterizaba el tono profesoral de don Nicolás diciendo que «siempre parece que esté dirigiéndose a los metafísicos de Albacete».


Ya durante su etapa como Ministro de Gracia y Justicia en el gobierno de Estanisalo Figueras, promovió la abolición de la pena de muerte, así como la independencia del poder judicial frente al político.


Su nombramiento produjo una intensificación del movimiento cantonalista, para cuyo control tuvo que recurrir a generales abiertamente contrarios a la República Federal, mandando sendas expediciones militares a Andalucía y Valencia, al mando de los generales Pavía y Martínez Camposrespectivamente, que uno tras otro fueron sometiendo a los distintos cantones, excepto el de Cartagena que resistiría hasta el 12 de enero de1874.


Sus generales le solicitaron el “enterado” del gobierno y su firma para ejecutar varias sentencias de muerte a varios soldados desertores en el frente carlista, imprescindible, según ellos, para la recuperación de la disciplina del ejército. Salmerón, hombre de principios liberales muy avanzados, se negó a conceder el “enterado”, y, tal como figura inscrito en la piedra de su mausoleo, «abandonó el poder por no firmar una sentencia de muerte». De tal modo, dimitió el 6 de septiembre.
[editar]Gobierno de Emilio Castelar


Al día siguiente, el 7 de septiembre, fue elegido para ocupar la Presidencia del Poder Ejecutivo el unitario Emilio Castelar, catedrático de Historia y destacado orador, por 133 votos a favor frente a los 67 obtenidos por Pi y Margall. Durante su anterior etapa, como Ministro de Estado en el gobierno de Estanislao Figueras, promovió y consiguió que se aprobase la abolición de la esclavitud en el territorio ultramarino de Puerto Rico, aunque no en Cuba por la situación de guerra que vivía.


Con motivo de la difícil situación por la que pasaba la República, con el agravamiento de la Guerra Carlista, Emilio Castelar comenzó la reorganización del ejército, anunciando ante las Cortes que «para sostener esta forma de gobierno necesito mucha infantería, mucha caballería, mucha artillería, mucha Guardia civil y muchos carabineros». A pesar de la oposición federalista, las Cortes le concedieron poderes extraordinarios para gobernar, tras lo cual se cerraron las Cortes el 20 de septiembre. Confirmó las sentencias de muerte que provocaron la dimisión de su predecesor, restableció el orden y dejó a punto de rendición a los cantonales de Cartagena.





Entrada de las tropas del general Pavía en el Congreso de los Diputados el 3 de enero de 1874.


Sin embargo, el caos provocado por la sublevación cantonal y el recrudecimiento de la Guerra Carlista le llevaron a reabrir las Cortes el 2 de enero de 1874, para someter a votación la gestión de su gobierno y recabar plenos poderes con los que salvar a la República del descrédito total.11


Se abrió, en efecto, la sesión de Cortes el 2 de enero de 1874 pero los federales se lanzaron en tromba contra don Emilio Castelar, a quien respaldaba el capitán general de Madrid, don Manuel Pavía, antiguo partidario de Prim, con quien se había alzado en Villarejo de Salvanés. Dos fuerzas bien diferentes amenazaban con interrumpir las deliberaciones de las Cortes: los federales, deseosos de acabar con Castelar a mano airada, y las tropas del general Pavía, partidario de Castelar, que tenía decidido acudir en su socorro para evitar su derrota ante el federalismo.


Salían ya los regimientos comprometidos por la orden del capitán general, cuando las Cortes conocieron la derrota de Castelar por 119 votos contra 101. Dimitió el último presidente de la República, y el de las Cortes, que era Nicolás Salmerón, ordenó proceder a nueva votación para elegir a un nuevo jefe del Poder Ejecutivo.


Pavía se situó en la plaza frente al edificio con su estado mayor y ordenó a dos ayudantes que impusieran a Salmerón la disolución de la sesión de Cortes y el desalojo del edificio en cinco minutos. La Guardia Civil, que custodiaba el Congreso, se puso a las órdenes del general y ocupó los pasillos del Congreso (sin llegar a entrar en el hemiciclo). Eran las siete menos cinco de la mañana, cuando se estaba procediendo a la votación para elegir al candidato federal Eduardo Palanca, y Salmerón, al recibir la orden del capitán general, suspendió la votación y comunicó el gravísimo suceso a los diputados. Entonces, éstos abandonaron el edificio a toda prisa, entre escenas de exacerbado histerismo; algunos incluso se descolgaron por las ventanas. Pavía, sorprendido, preguntó: «Pero señores, ¿por qué saltar por las ventanas cuando pueden salir por la puerta?».


Pavía, que era republicano unitario, le ofreció a Emilio Castelar continuar en la presidencia, pero este rehusó al no querer mantenerse en el poder por medios antidemocráticos. Estos hechos supusieron el final oficioso de la Primera República, aunque oficialmente continuaría casi otro año más.
[editar]La República unitaria


En medio de la convulsión política, entró en Cartagena el 12 de enero el general López Domínguez, sustituto de Martínez Campos, mientras Antonete Gálvez, con más de mil hombres, lograba eludir el cerco a bordo de la “Numancia”, y poner rumbo a Orán. El final de la experiencia cantonal fue pagado por Gálvez con el exilio, pero la Restauración le permitió, mediante amnistía, regresar a su Torreagüera natal. En esta época entablaría una extraña y entrañable amistad con don Antonio Cánovas del Castillo, máximo responsable de la Restauración, quien consideraba a Gálvez un hombre sincero, honrado y valiente, aunque de ideas políticas exageradas.


Entretanto, tras la negativa de Emilio Castelar, se encargó al general Serrano, recién regresado de su exilio en Biarritz por su implicación en la intentona golpista del 23 de abril, la formación de un gobierno de concentración que agrupó a monárquicos, conservadores y republicanos unitarios, y del que se excluyó a los republicanos federales.


Francisco Serrano, duque de la Torre, de 63 años, antiguo colaborador de Isabel II, ya había desempeñado por dos veces la jefatura del Estado. Proclamó la República unitaria, haciéndose cargo de la Presidencia del Poder Ejecutivo, y gobernó prescindiendo de las Cortes en una dictadura republicana conservadora. Durante su mandato se sometió al último de los cantones insurrectos, el de Cartagena, y se concentraron los esfuerzos en la guerra carlista en el norte de España. El general intentó sin éxito consolidarse en el poder de forma dictatorial, según el ejemplo del régimen de duques y generales que se imponía en Francia a la caída de Napoleón III y tras la derrota de la Comuna de París.


A los pocos meses, el 13 de mayo cedió la presidencia del gobierno a Juan de Zavala y de la Puente para encargarse personalmente de las operaciones contra los carlistas en el norte. Y más tarde le encargó el gobierno a Práxedes Mateo Sagasta el 3 de septiembre. El 10 de diciembre comenzó el sitio de Pamplona, pero el pronunciamiento de Sagunto lo interrumpió.
[editar]Final de la Primera República


El 29 de diciembre de 1874, el general Martínez Campos se pronunció en Sagunto a favor de la restauración en el trono de la monarquía borbónica en la persona de don Alfonso de Borbón, hijo de Isabel II. El gobierno de Sagasta no se opuso a este pronunciamiento, permitiendo la restauración de la monarquía. El triunfo de la restauración borbónica se logró gracias al trabajo previo de Antonio Cánovas del Castillo, que sin embargo era contrario al pronunciamiento militar.


Hasta 1931, los republicanos españoles celebraban el 11 de febrero, aniversario de la Primera República. Posteriormente, la conmemoración se trasladó al 14 de abril, aniversario de la proclamación de la Segunda República, que además, entre 1932 y 1938 fue fiesta nacional.
[editar]Referencias
[editar]Notas

www.ejercito.mde.es
Chusco es el nombre, según el DRAE, del pan de munición, esto es, el de calidad inferior que se hace o se hacía para los cuarteles, cárceles, etc. Véase también el Diccionario de uso del español de María Moliner
«Senyors, ja no aguanto més. Vaig a ser-los franc: estic fins als collons de tots nosaltres!».
En aquel tiempo en la actualmente desaparecida Casa de los Heros, en la calle Alcalá número 34.
Pérez Crespo, Antonio (1994). «Incidencia en la Región Murciana del fenómeno cantonalista.» (pdf). Anales de Historia Contemporánea (Universidad de Murcia) (10): p. 285. Consultado el 14 de febrero de 2010.
Región de Murcia digital. «Antonio Gálvez Arce». Historia: personajes. Consultado el 2 de marzo de 2012.
a b Soler Cantó, Juan (2000). Leyendas de Cartagena. Vol. II Episodios legendarios. Murcia: J. Soler. pp. 150-156. ISBN 8493032220. OCLC 433889052.
Pérez Crespo, Antonio (1990). El cantón murciano. Murcia: Academia Alfonso X el Sabio. pp. 162-164. ISBN 84-87408-20-6. OCLC 27075835.
Se refiere al Ministerio de Guerra.
Alegoría de la Niña Bonita durante la I y II Republica Española.
Sólo había sido reconocida por dos naciones igualmente federales, Suiza y los EE. UU., y dos países hispanoamericanos.
[editar]Bibliografía
Barón Fernández, José. El movimiento cantonal de 1873 (1ª República). Ediciós do Castro, La Coruña, 1998. ISBN 84-7492-896-6
Catalinas, José Luis y Echenagusía, Javier. La Primera República. Reformismo u revolución social. Alberto Corazón, Madrid, 1973.
Guardiola, Tomás. "Historia de Jumilla". Imprenta Nogués, Murcia, 1976.
Jover Zamora, José María. Realidad y mito de la Primera República.. Espasa-Calpe, Pozuelo de Alarcón, 1991. ISBN 84-239-1994-3
Lacomba, Juan Antonio. La I República. El trasfondo de una revolución fallida. Guadiana, Madrid, 1976.
López Cordón, María Victoria. La Revolución de 1868 y la República. Siglo XXI, Madrid, 1976.
VV.AA. España, 1868-1874. Nuevos enfoques sobre el Sexenio Democrático. Junta de CyL, Valladolid, 2002. ISBN 84-9718-089-5
[editar]


La Primera República Española fue el régimen político que hubo en España desde su proclamación por las Cortes, el 11 de febrero de 1873, hasta el 29 de diciembre de 1874, cuando el pronunciamiento del general Martínez-Campos dio comienzo a laRestauración borbónica en España.


El primer intento republicano en la Historia de España fue una experiencia corta, caracterizada por la profunda inestabilidad política y social y la violencia. La República fue gobernada por cuatro presidentes distintos hasta que, tan sólo once meses después de su proclamación, se produjo el golpe de Estado del general Pavía y la instauración de una república unitaria dominada por el Duque de la Torre.


El período estuvo marcado por tres guerras civiles simultáneas: la Tercera Guerra Carlista, la sublevación cantonal en lapenínsula Ibérica y la Guerra de los Diez Años en Cuba. Los problemas más graves para la consolidación del régimen fueron la falta de verdaderos republicanos, la división de éstos entre federalistas y unitarios y la falta de apoyo popular.



Saturday, 10 March 2012

The Spanish Holocaust by Paul Preston – review

The Spanish Holocaust by Paul Preston – review
This is a timely and invaluable look at Franco's legacy

'It is necessary to spread terror' … members of a Falangist youth band prepare for a victory parade in honour of Franco’s forces in May 1939. Photograph: Hugo Jaeger/Time & Life Pictures/Getty Images


Giles Tremlett

Friday 9 March 201209.00 GMTLast modified on Sunday 10 January 201617.17 GMT


In Madrid's supreme court one of the world's best-known human rights investigators, the Spanish magistrate Baltasar Garzón, has been on trial. Although he was found innocent of abusing his powers, the court still declared that he had been wrong to open an investigation into murderous repression in the Spain conquered, and then ruled by, dictator General Francisco Franco and his fascist-backed rebels.

The trial of Garzón at the behest of pro-Francoists and the Falange – which manned death squads during Spain's bloody civil war in the 1930s – is a reminder of Spain's thorny relationship with its past. Conservatives such as former prime minister José María Aznar want legislators and judges to leave the generalísimoand his cronies alone. "In the democratic transition there were implicit and explicit agreements. One was that we Spaniards don't want to look to the past," he says. "Let's not disturb the graves and hurl bones at one another. Let the historians do their job."


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That is what Paul Preston, a leading British hispanicist and highly respected historian in Spain, has done in The Spanish Holocaust. The result is an essential read for anyone wishing to understand Spain and its recent history. It is also a damning indictment of Franco's deliberate and far-reaching brutality, which destroys the myth cherished by some Spaniards that he was a "soft" dictator.

One of the many remarkable things about this narrative of butchery is, indeed, how it proves Garzón's central accusation – that Franco enacted a ruthless plan involving the "detention, torture, forced disappearance and physical elimination of thousands of people for political and ideological motives … a state of affairs that continued, to greater or lesser extent, after the civil war ended".

Preston provides facts, figures and harrowing descriptions in the first full and proper attempt to explain the horror. He does not shy away from strong words – "holocaust" is deliberately chosen to describe the extent of cold-blooded killing "because its resonances with systematic murder should be evoked in the Spanish case, as they are in those of Germany or Russia". Nor does he ignore the undoubted cruelty and the crimes committed on the Republican side of a three-year civil war sparked by a 1936 military rightist uprising against an elected government. Two-thirds of the clergy in the Catalan province of Lleida were killed. A third of all monks in the Republican zone also died. That is extreme religious persecution.

It was a cowardly war where more people died away from the front than on the battlefield. The often casual nature of the violence makes numbers hard to pin down, but some 200,000 people were killed by death squads, vigilantes, village rivals or firing squads – perhaps a quarter in the Republican zone. The victor prolonged his revenge, liquidating 20,000 opponents after the war, and condemning hundreds of thousands to prison, exile, ostracism or poverty as Franco made a calculated investment in terror.

Preston establishes key differences between the two sides. Under Franco's command, terror was official policy. In Republican Spain, with some glaring exceptions, it was more often the result of chaos, fear, ignorant hatred, criminal thuggery and anarchy (often with a capital A, as unleashed by the church-hating Confederación Nacional del Trabajo). It was also usually – but not always – heavily curtailed once law, order and central authority were established.

Preston charts the prejudice that led Spain's reactionary right into this bloodletting. Decades of dictatorship, and the ensuing silence after Franco's 1975 death, have kept this out of Spanish minds. Only over the past decade, as campaigners have dug up mass graves, has a desire for knowledge burst through. As a result, Preston can turn to new local studies.

He sees two main drivers behind the slaughter. The first was the absolute, and often paranoid, conviction of radical rightists that the enemy was evil. Democrats, reds, Jews, freemasons, Marxists, Muslims, "free" women, trade unionists, socialists, socially concerned priests and social liberals were, simply because of their beliefs, considered to be guilty of crimes against the fatherland, God and the natural social order. Franco believed in an entirely imaginary "Jewish-masonic-Bolshevik" plot against Spain. The Falangist Onésimo Redondo thought "Mohammedan utopias" were also to blame.

A second driving force was the brutalisation of Spain's colonial army in Africa, where Franco had made his name. This army was used to fighting north African Muslims it viewed as sub-human. It was no great leap to see Spain's own politicised landless labourers as "Berbers and savages". That made it easy for Franco and generals such as Emilio Mola or Gonzalo Queipo de Llano to pursue not just victory, but annihilation. "It is necessary to spread terror, eliminating without scruples or hesitation all those who do not think as we do," said Mola. "All those who oppose the victory of the movement to save Spain will be shot."

An early taste came in Badajoz. Hundreds, if not thousands, of prisoners were machine-gunned to death in the city's bullring. Rightists came to watch and cheer. The brutality drove one Portuguese witness to madness. Nearly 10% of the city's population of 40,000 was killed following the seizure of the town. People far from the frontline were treated just as savagely. "Here there is no battlefield shooting or taking of prisoners, but instead the most bestial persecution and unjustified murders," wrote Miguel de Unamuno, the Spanish philosopher who had initially backed the rebellion, from the university city of Salamanca. "It is a stupid regime of terror."

Anarchist excesses on the Republican side – perpetrated by murderous outfits such as the Lynxes, the Death Brigade and the Dawn Squad – completed the vicious cycle. The horrors of Badajoz fed the "red terror" of Madrid (including the notorious killing of more than 2,000 prisoners at Paracuellos del Jarama), which then encouraged greater Francoist brutality.

Life became a cheap commodity. The casual way in which victims were put to death is revealed in the case of the poet Federico García Lorca and the humanist Agustina González Blanco. "We killed him for being a queer and her for being a whore," said one rightist. Franco's obsession with freemasons saw 100 people killed for belonging to a masonic lodge in Huesca which had only five members.

Rape, humiliation and sexual abuse of women was common. "They'll not live more than four hours," said a Francoist officer as two teenage girls deemed leftists were pushed into a schoolhouse with 40 soldiers.

By the end of the war more than 370,000 prisoners were being held. In Franco's upside-down world, defenders of the legitimate, elected government could be executed for "military rebellion". Laws were passed allowing for the trial of those who had held positions of responsibility in the two years before the uprising – for breaking laws that did not exist at the time. Even the dead could be fined and their widows forced to pay.

Preston follows the repression to the early 1950s. Others will have to provide the story of later Francoism, a period some conservatives recall as "extraordinarily placid" (as Aznar's former interior minister Jaime Mayor Oreja put it). Preston's excellent, spine-chilling narrative, however, explains just how deep Franco's early investment in terror was and, as a result, why he was able to draw on it for decades.

Franco had time to impose his own version of history, which still prevents contemporary Spain from "looking upon its recent violent past in an open and honest way", writes Preston. He is only too aware of the hysterical reaction to Garzon and those who break the taboo of interrogating the past. The fierce criticism of the truth-seekers is, he says, a long-term consequence of the brainwashing that turned many Spaniards into Francoists or, at least, adherents of what Spaniards call "sociological Francoism". "It lives on in the democratic Spain of today," Preston warns, just as "sociological communism exists in the countries of the old Soviet bloc." That is an uncomfortable thought for a country now facing its toughest period since the caudillo's death. But this is an invaluable book that does not shrink from even the harshest of truths.

• An updated edition of Giles Tremlett's Ghosts of Spain is published by Faber on April 5.

Wednesday, 28 December 2011

Exilio /Exiled : Maria Zambrano



'Fui alguien que se quedó para siempre fuera y en vilo. Alguien que se quedó en un lugar donde nadie le pide ni le llama. Ser exiliado es ser devorado por la historia. Y su lugar es el desierto. Para no perderse, enajenarse, en el desierto hay que encerrar dentro de sí el desierto. Hay que adentrar, interiorizar el desierto en el alma, en la mente, en los sentidos mismo, aguzando el oído en detrimento de la vista para evitar los espejismos y escuchar las voces (…)



El exiliado, ese ser devorado por la historia... una historia cruenta. Ese desconocido. Ese ser que no tiene lugar en el mundo, ni geográfico, ni político, ni social, ni ontológico. Creo que el exilio es una dimensión de la vida humana, pero al decirlo me quemo los labios porque yo querría que no volviese a haber nunca más exiliados.'







Los bienaventurados.









Saturday, 17 December 2011

MEMORIA // 75 AÑOS DEL COLECTIVOMUJERES LIBRES

Mujeres, revolucionarias y anarquistas

En octubre de 1936 nacía la Agrupación de Mujeres Libres. Anarquista, libertaria y emancipadora, fue el germen de un movimiento que llegó a tener 20.000 afiliadas.


“La lucha debe continuar, ahora hay que enseñar a las más jóvenes”
Kamala Orozco / Madrid

13/12/11 · 7:55


Quedan pocas de aquellas mujeres con vida. Concha Liaño es una. Tiene 94 años y conserva una enorme energía. Vive en Venezuela desde que se exilió durante la Guerra Civil. Formó parte de las mujeres que iniciaron Mujeres Libres y recuerda la situación de la mujer en aquellos días: “Ahora no se pueden imaginar cómo era la vida de la mujer entonces. El esposo mandaba y gobernaba. Aceptaban ese sometimiento. Nosotras entendimos que si se liberaban económicamente, ya no tendrían que soportar eso”.

La idea de la revista –de la queDIAGONAL publicó un extenso reportaje en su número 161– surgió en el otoño de 1935 de la mano de la militante anarquista Lucía Sánchez Saornil, a la que luego se unieron Mercedes Comaposada y Amparo Poch y Gascón. Lucía y Mercedes “habían enseñado en cursos de instrucción elemental para obreros y obreras, promovidos por la CNT de Madrid en los años ‘30. Vieron la necesidad derealizarlos específicamente para las mujeres, dada la misoginia y los prejuicios existentes”, indica Eulàlia Vega, autora del libroPioneras y revolucionarias.

Mientras la revista se gestaba y salía a la calle en Madrid, en Barcelona se había formado la Agrupación Cultural Femenina, en su mayoría militantes de la CNT y de otros organismos libertarios como los ateneos y las Juventudes Libertarias. Conocían la revista que se hacía en Madrid. Mercedes Comaposada se presentó en Barcelona buscándolas. Llevaba con ella los estatutos de una Federación Nacional. Les informó de que en Madrid y en Guadalajara ya se había constituido una agrupación con los mismos objetivos. Habían llamado a esta organización Federación Nacional de Mujeres Libres y propuso que Cataluña formara parte de la misma. Las catalanas aceptaron entusiasmadas.

Una organización de masas

Llegaron a contar con 20.000 afiliadas y 170 secciones locales en todo el país sin cobrar ninguna cuota. La Comisión de Solidaridad se encargaba de gestionar donativos o subvenciones con sindicatos, ateneos y otras entidades.

Pura Pérez, militante de la organización, explicaba en 1999 que “se gestaba una revolución femenina, de la misma forma que entre todos se hacía una Revolución Social. Obreras, campesinas, enfermeras, licenciadas…Todas eran guiadas por el deseo de emancipación, su empeño era lograr una sociedad equitativa y un futuro mejor”.


Martha Ackelsberg, autora de Mujeres Libres. El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres señala que había dos tendencias en sus actividades: capacitación (clases de alfabetización, aprendizaje en el trabajo, información sobre sus propios cuerpos, sensibilización y apoyo mutuo); y captación, con programas para animar a las mujeres a unirse al movimiento libertario. “Sin la completa participación de las mujeres, estaban convencidas, la revolución no podría triunfar realmente”,explica Ackelsberg.

Lo que las diferenciaba de otras agrupaciones de mujeres, como las comunistas o antifascistas, era que “su principal objetivo, incluso en mitad de la guerra, era la capacitación de las mujeres, no sólo su movilización en las actividades deapoyo al esfuerzo de guerra”, apunta Ackelsberg. “Insistían en que la participación de las mujeres en el mercado laboral, por ejemplo, no debería ser un cambio temporal, debido a las necesidades de guerra, sino un cambio más permanente en la forma en que las mujeres eran vistas en sus roles en la sociedad”.

Además, según Eulàlia Vega, “sus objetivos se diferenciaran de los otros grupos femeninos de la época, que no tenían en cuenta las diferencias de género, como la comunista Agrupación de Mujeres Antifascistas (AMA)”.

En 1937 en Valencia se establecen los Estatutos de la Federación Nacional de Mujeres Libres con el objetivo de capacitar a la mujer y emanciparla de la triple esclavitud a la que está sometida: “Esclavitud de ignorancia, esclavitud de mujer y esclavitud productora”.

Con el inicio de la guerra, desde la Agrupación Mujeres Libres, Concha Liaño señala que su objetivo, además de “la lucha por la liberación femenina”, también era “aportar una ayuda ordenada y eficiente a la defensa de nuestra República”. “Los hombres al frente,las mujeres al trabajo”, fue una de sus consignas. Invitaban a las mujeres a inscribirse para su adiestramiento en los campos de tiro y realizaron propaganda a favor de los Liberatorios de Prostitución o contra el analfabetismo. La respuesta de las mujeresespañolas fue “vibrante”, una “explosiva toma de conciencia” pero, en la mayoría de los casos, terminó con el exilio.

Sin embargo, Concha Liaño recuerda que “era emocionante, conmovedor, comprobar cómo las mujeres se esforzaban en aprovechar una ocasión que les permitía salir de su resignada impotencia y (…) de tantos siglos de injusto sometimiento (…) Para la mujer española ése fue su momento estelar”.

“Humanismo integral”

“Nunca se definieron como “feministas”. Para ellas, ‘feminismo’ era un movimiento burgués, centrado en ganar el derecho al voto y entrar en el mercado laboral en los mismos términos que el varón. Pero tenían claro que, para la clase obrera, el trabajo no era necesariamente ‘liberador’. Lo que querían no era acceso igualitario a un sistema deprivilegios, sino un nuevo sistema sin privilegios”, explica la escritora Martha Ackelsberg.

La mejor definición la hacen ellas mismas en el número 1 de la revistaMujeres Libres: “Esto es ya más que feminismo. Feminismo y masculinismo son dos términos de una sola proporción; (…) la expresión exacta: humanismo integral”. Y añaden: “El feminismo lo mató la guerra dando a la mujer más de lo que pedía al arrojarla brutalmente a una forzada sustitución masculina. Feminismo que buscaba su expresión fuera de lo femenino, tratando de asimilarse virtudes y valores extraños no nos interesa; es otro feminismo, más sustantivo, de dentro a afuera,expresión de un modo, de una naturaleza, de un complejo diverso frente al complejo y la expresión y la naturaleza masculinos”.


LA HERENCIA DE
'MUJERES LIBRES'

Eulàlia Vega, autora de Pioneras
y revolucionarias, destaca
que «es innegable la modernidad»
de los planteamientos de
la Agrupación de Mujeres
Libres. «El hecho de unir la
lucha contra la explotación
capitalista con la opresión
patriarcal marca su importancia
y su originalidad, siendo
sus militantes, en cierto sentido,
las pioneras de las organizaciones
feministas creadas
posteriormente con el final del
franquismo». Para la escritora
Martha Ackelsberg, su mayor
legado fue que «ofrecieron una
visión de cambio social, y una
sociedad revolucionaria, en la
que las mujeres fueran totalmente
participantes».

Wednesday, 7 December 2011

Mujeres Antifascistas


Mujeres Antifascistas


El 15 de febrero de 1936 se edita el primer número del órgano oficial de AMA, la revista: "Mujeres" y en su consejo de redacción figuran Dolores Ibárruri “Pasionaria”, Margarita Nelken, Ilsa Wolf, Encarnación Fuyola, Aurora Arnaiz, Lina Odena, Eveline Kahm y Emilia Pagnon. Su contenido definía con claridad el compromiso con la clase obrera, la liberación de la mujer y lógicamente la lucha antifascista.

  Lina Odena 


Por Carmen Sánchez Ortiz de Zárate
Historiadora. Fundación Domingo Malagón



En 1933 Jorge Dimitrov, secretario de la III Internacional, envía una carta a Bernadette Cattaneo, destacada dirigente comunista belga, en la que le propone la creación de una Asociación de carácter internacional que agrupe a las mujeres de forma unitaria, contra el fascismo y los planes de guerra de Alemania e Italia. Esta asociación recibirá el nombre de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo, y extenderá su trabajo con agrupaciones de mujeres por gran parte del mundo hasta entrados los años 60 del pasado siglo. En un primer momento María Rabaté, será la secretaria del Comité Nacional de Francia. Gabrielle Duchene presidirá el Comité Mundial y Bernardette Cattaneo se ocupará secretaria del Comité Mundial.


Manifestación durante la guerra


Ese mismo año, Dolores Ibárruri recibirá la visita de la delegación de la Asociación Mujeres contra la Guerra y el Fascismo con el fin de crear la sección española, y la puesta en marcha de la organización no se hará esperar. A lo largo del año se crearán comités de iniciativa por toda la geografía española.


El comienzo de la actividad más significativa de Mujeres Contra la Guerra y el Fascismo se producirá en Madrid en 1934, durante el bienio Negro con motivo de la movilización de reservistas, decretada por Diego Hidalgo para su traslado a Marruecos. Se prepara entonces una manifestación, a finales de agosto, por parte de la Asociación. Se ocupará de la tramitación para legalizarla Catalina Salmerón, hija Nicolás Salmerón quien fuera Presidente de la I ª República. Y a pesar de la negativa del gobierno para conceder las debidas autorizaciones, la manifestación se llevará a cabo con éxito y con la especial participación de las Trabajadoras de Tabacos de Madrid. Poco después se realizaría una manifestación análoga y de igual éxito en Zaragoza.


En Julio de 1934 celebran su Iº Congreso en España, con la presencia de 78 delegadas de los Partidos Republicano, Comunista, Socialista y compañeras sin afiliación política, quedando constituido el Comité Nacional de Mujeres Contra la Guerra y el Fascismo y siendo elegida Presidenta, Dolores Ibárruri y Presidenta de Honor, Doña Catalina Salmerón; en este Comité participarán, mujeres de gran relevancia política como Victoria Kent, Clara Campoamor, María Martínez, Veneranda Manzano y María Teresa León, Lina Odena… entre otras.


Emilia Elías


En un primer momento se fundarán Comités de Iniciativa para la creación de Asociaciones provinciales en Madrid, Barcelona, Bilbao, Asturias, Orense, Vigo, La Coruña, Toledo, Sevilla, Granada, Cuenca, Segovia, Valladolid, Zaragoza, Alicante, Córdoba y Málaga [1]

El Congreso se celebrará en Madrid del que saldrán elegidas 8 delegadas para participar en París en el I Congreso Internacional, que se realizará en agosto del mismo año. La composición será heterogénea: Delegadas a la reunión en París de del Comité Mundial de AMA serán, Encarnación Fuyola secretaria del Comité Nacional, Matilde Cantos por el PSOE, Amparo Navarro del Comité Provincial de Valencia, Manuela Ortiz, campesina, Teresa Cabreros del Comité Provincial de Madrid. Por Cataluña: Dolores Bargalló, Emiliana Ruiz, Eloisa R. Malasechevarría y Maria Luisa Algara.

En el congreso se establecerá su línea de pensamiento político y de acción, entendiendo que la guerra es un elemento consustancial al fascismo, como elemento fundamental.



Encarnación Fuyola

AMA pasará a ser ilegalizada en el mismo año de su creación, por parte del gobierno, tras la revolución de Asturias, ya que al igual que organizaciones políticas y sindicales han apoyado la huelga general de 1934. Con el fin de eludir la vigilancia gubernamental se crea la Asociación Pro Infancia Obrera, el Comité Nacional de AMA para poder actuar en la semi-legalidad, va a utilizar estas siglas para continuar su labor, y al tener PIO un carácter benéfico la asociación va a ser tolerada.

Mas Info: http://lahistoriaenlamemoria.blogspot.co.uk/p/asociacion-de-mujeres-antifascistas.html

Wednesday, 9 November 2011

The Past in the Present: Historic Parallels

The Past in the Present: Historic Parallels