Wednesday, 9 November 2011

The Past in the Present: Historic Parallels

The Past in the Present: Historic Parallels

Tuesday, 18 October 2011

Isabel Nuñez en su blog sobre el trabajo de Esther Planas

Extracto del Blog de Isabel Nuñez comentando Esther Planas en la Capella BCN/Producció10:

"El otro día vi una película sobre una exposición e instalación de Esther Planas que me perdí, hélàs, en la muestra BCN Producció '10 en noviembre pasado en la Capella. Me gusta esa definición de su trabajo como "pop oscuro y situacionista". En cualquier caso, parece describir bien ese mundo suyo que prefiguraba también las movilizaciones y acampadas de los indignados, además de mostrar otras muchas cosas, con su mirada crítica y talentosa. La película está llena de una melancolía de lo urbano que une la vieja nostalgia irónica de Betty Boop con las heridas de la historia y sus luces, la destrucción de la ciudad, nuestro Angst, y ese "desde mí" empático que la muestra a ella andando por las calles con su aire algo rockero, esas calles de la ciudad ambivalente donde todo late, duele, recuerda, pero donde no falta el humor ni la indignación vital y crítica. La película es preciosa, tiene esa poética del todo, que parece reunir el universo en una secuencia de imágenes, incluso la música refleja ese todo pynchoniano, melancólico, sutil y salvaje al mismo tiempo. Furiosa conmigo misma por haberme quedado abstraída en mi dolorido invierno y habérmela perdido allí, ver esas imágenes (y escuchar la película) me llenó de la felicidad de las afinidades y los encuentros."

Wednesday, 5 October 2011

The Last Great Cause: Mobilising Public Opinion



The Last Great Cause: Mobilising Public Opinion




FELICITY ASHBEE (1867–1956), They Face Famine in Spain: Send Medical Supplies, 1937, Off-set lithograph on paper, published by the National Joint Committee for Spanish Relief Courtesy of the People’s History Museum


The Spanish Civil War was fought from July 1936 to April 1939 between Republican factions loyal to the democratically elected Popular Front Government of the Spanish Republic, and the Nationalists, a right wing group led by General Francisco Franco whose military rebels had led a coup which ignited the conflict. The question of British political involvement in Spain was the subject of heated debate in parliament and in the media. In August 1936 Britain had signed a non-Intervention Agreement, together with 24 other nations. Due to a Franco-British arms embargo the Spanish Republic could only purchase arms from the Soviet Union, yet large amounts of weapons, supplies and troops were supplied to the Nationalists by Nazi Germany and fascist Italy, escalating the situation from a civil war to a conflict with an international dimension. The cause of Republican Spain thus attracted widespread international support, as it provided an opportunity for people and organisations from a wide political spectrum to show solidarity against fascism.


Many British artists became passionately involved in the political and social issues raised by the Civil War. This ranged from designing posters for non-partisan campaigns for medical aid and supplies such as the National Joint Committee for Spanish Relief, to travelling to Spain and, in the case of artists such as Clive Branson, joining the International Brigades to fight alongside their Spanish comrades. Over 2500 recruits from Britain and Ireland joined 35,000 volunteers from 53 countries, of whom 526 were killed and many more injured.


By 1936 the left-wing Artists' International Association (AIA) had over 600 members and since its formation in 1933, had evolved into a 'United Front against Fascism and War.' The AIA organised many exhibitions and fundraising campaigns including 'Artists Help Spain', 'Portraits for Spain' and an exhibition of drawings by Felicia Browne - the first British person killed in action in the conflict. These events united artists from across the spectrum of artistic styles, ranging from abstract artists to members of the Bloomsbury Group, such as Vanessa Bell (whose son Julian was killed in Spain in July 1937), the British Surrealists and realist painters such as James Boswell.

Wednesday, 14 September 2011

La semana trágica y la tradición Colonialista que implica a las conexiones Catalanas aristocráticas y explica lo trágico de nuestro panorama social

Semana Trágica (España)




Guardias Civiles y arrestados, durante la Semana Trágica

Se conoce con el nombre de Semana Trágica a los acontecimientos desarrollados en Barcelona y otras ciudades de Cataluña, entre el 26 de julio y el 2 de agosto de 1909. El desencadenante de estos violentos acontecimientos fue el decreto del primer ministro Antonio Maura de enviar tropas de reserva a las posesiones españolas en Marruecos, en ese momento muy inestables, siendo la mayoría de estos reservistas padres de familia de las clases obreras. Los sindicatos convocaron una huelga general.

El contexto histórico[editar]

España inicia el año 1909 con Alfonso XIII como monarca y con Antonio Maura, del Partido Conservador, al frente del gobierno desde el 25 de enero de 1907.

Políticamente, España, que no se había recuperado del varapalo moral que supuso la pérdida, en 1898, de Cuba, Puerto Rico, Islas Filipinas, Islas Marianas e Islas Carolinas, últimas colonias de ultramar, vive inmersa en un sistema político donde dos partidos, el Partido Conservador y el Partido Liberal, se turnan en el gobierno. La alternancia es organizada desde el poder mediante el reparto de escaños previo a las elecciones (conocido como encasillado), a través de una red de influencias denominada caciquismo que garantiza su cumplimiento y el pucherazo o adulteración de los resultados. En este sistema la monarquía ejerce un papel de arbitraje. El resto de los partidos políticos son marginados del poder y sólo consiguen representación en las zonas urbanas, donde el caciquismo es más débil y el control electoral por tanto es más difícil.

En Cataluña, sin embargo, tras la Ley de Jurisdicciones de 1906, se forma bajo el nombre de Solidaridad Catalana una alianza electoral integrada por la Lliga Regionalista, el carlismo y ciertas agrupaciones republicanas que logran una victoria aplastante en las elecciones de 1907, obteniendo 41 de los 44 diputados posibles y desplazando a los partidos dinásticos del poder en Cataluña.

Socialmente, los obreros españoles comienzan a tomar conciencia sindical y empieza a surgir el movimiento obrero en las zonas industriales y especialmente enBarcelona, donde surge Solidaridad Obrera, una confederación sindical de socialistas, anarquistas y republicanos que nació como rechazo al acercamiento de Solidaridad Catalana al Partido Conservador de Maura.
El desencadenante[editar]
Véase también: Guerra de Melilla

Tras la pérdida de Cuba y las Filipinas, España buscó una mayor presencia en el norte de África, logrando en el reparto colonial efectuado en 1904 y en la Conferencia Internacional de Algeciras de 1906, el control sobre la zona norte de Marruecos.



Antonio Maura, presidente del gobierno durante los sucesos de la Semana Trágica

El 9 de julio de 1909 los obreros españoles que trabajaban en la construcción de un ferrocarril que uniría Melilla con las minas de Beni Bu Ifrur, propiedad de la Compañía del Norte Africano, de capital francés pero de nacionalidad española, y de la Compañía Española de Minas del Rif, una sociedad controlada por la familia del conde de Romanones y la Casa Güell emparentada con el marqués de Comillas,1 fueron atacados por los cabileños de la zona que se oponían a la penetración extranjera (cuatro obreros murieron). Este incidente, que constituirá el inicio de la Guerra de Melilla, será utilizado por el Gobierno de Maura para decretar el envío de las Brigadas Mixtas de Cataluña, Madrid y Campo de Gibraltar, además de otras unidades militares que complementarán a las Brigadas, con el objetivo de acabar con la rebelión rifeña y asegurar el control de la "zona de influencia" española en el norte de Marruecos.2 En laorden de movilización se incluyó a los reservistas de los cupos de 1903 a 1907, medida muy mal acogida por las clases populares debido a que la legislación de reclutamiento vigente permitía quedar exento de la incorporación a filas o consiguiendo que fuera otra persona en su lugar a cambio de dinero, o mediante el pago de un canon de 6.000 reales, cantidad que no estaba al alcance del pueblo (el sustento diario de un trabajador ascendía en la época aproximadamente a 10 reales). Además, la mayor parte de los reservistas eran padres de familia, en las que la única fuente de ingresos era el trabajo de éstos.

A partir de la publicación del decreto de movilización el 10 de julio se sucedieron las protestas en contra de la guerra en forma de artículos en la prensa, de mítines y manifestaciones, que en muchas ocasiones fueron prohibidos por el gobierno, y en algunas localidades se vivieron momentos de tensión con motivo de la salida de las tropas (aunque en otras, como Cádiz o Málaga, se produjeron despedidas entusiásticas y "patrióticas"). En Madrid se produjeron incidentes en la estación de ferrocarril de Mediodía en la noche y la madrugada del 20 al 21 de julio cuando se procedió al embarque de la Brigada Mixta de Madrid al mando del general Pinto. También los hubo en las estaciones de tren de Zaragoza y de Tudela.3 El gobierno, ante la presión popular y de la prensa, acordó el 23 de julio conceder una pensión de 50 céntimos diarios a las esposas e hijos huérfanos de madre de los reservistas movilizados.4


El gobernador Evaristo Crespo Azorín entra en Barcelona el 6 de agosto de 1909, acompañado del general Santiago.

En Barcelona los embarques de tropas en el puerto comenzaron el día 11 de julio sin que se produjeran incidentes. Pero en la tarde del domingo 18 de julio cuando se procedía al embarque del batallón de Cazadores de Reus, integrado en la Brigada Mixta de Cataluña, la tensión estalló. Algunos soldados arrojaron al mar los escapularios y medallas que varias aristócratas barcelonesas les habían entregado antes de subir al vapor militar Cataluña, mientras hombres y mujeres gritaban desde los muelles:


¡Abajo la guerra! ¡Que vayan los ricos! ¡Todos o ninguno!

La policía tuvo que hacer varios disparos al aire y detuvo a varias personas. Las protestas aumentaron en los días siguientes cuando llegaron noticias de que se habían producido gran número de bajas entre los soldados españoles enviados a Marruecos.5 El jueves 22 de julio los diputados de Solidaridad Catalana se hacían eco del "sentimiento popular" y exigían al gobierno la "reunión inmediata de las Cortes" para debatir la cuestión de la guerra y las "condiciones en que se practica el reclutamiento de las tropas expedicionarias".6 El gobernador civil de Barcelona, Ángel Ossorio y Gallardo, prohibió la reunión de Solidaritat Obrera que iba a celebrar el sábado 24 de julio para confirmar la propuesta de ir a una huelga general, por lo que fue un Comité de Huelga clandestino, integrado por Antoni Fabra i Ribas (un socialista que intentó sin éxito que la movilización barcelonesa se pospusiera para que coincidiera con la huelga general que el PSOE y la UGT iban a convocar en toda España, y que finalmente tendría lugar el 2 de agosto con poco seguimiento, debido a las medidas represivas adoptadas por el gobierno que incluyeron la detención en Madrid el 28 de julio de Pablo Iglesias y el resto de la cúpula dirigente socialista),7 José Rodríguez Romero (sindicalista) y Miguel V. Moreno (anarquista), el que fijó un paro de 24 horas para el lunes 26 de julio,8 el cual degenerará en la Semana Trágica.
Cronología[editar]
Lunes, 26 de julio[editar]




Barcelona se convirtió en La ciutat cremada ("la ciudad quemada") durante la Semana Trágica.



Tramvía talado durante la Semana Trágica.

En Barcelona la huelga se inició en los barrios periféricos, donde se encontraban la mayoría de las fábricas. Allí se quemaron las casetas donde se cobraban los odiados consumos. Después los obreros se trasladaron al centro de la ciudad donde se produjeron disturbios cuando intentaron detener por la fuerza los tranvías y obligaron a cerrar los comercios y los cafés. El Capitán General de Cataluña, Luis de Santiago, siguiendo las directrices del ministro de la Gobernación De la Cierva, proclamó el "estado de guerra", a lo que se opuso el gobernador civil, Ángel Ossorio y Gallardo, que dimitió de su cargo (su sustituto, Evaristo Crespo Azorín, no llegará a Barcelona hasta el 6 de agosto). De Santiago decidió esperar a recibir refuerzos desde Valencia y Zaragoza para empezar a actuar y se limitó a proteger los principales edificios públicos. Por la tarde se generalizaron los disturbios, en los que murieron dos personas, cuando los huelguistas intentaron detener completamente la circulación de los tranvías. Además dos comisarías de policía fueron asaltadas. Barcelona quedó paralizada, sin gas y sin luz, sin periódicos, e incomunicada con el exterior por ferrocarril, por telégrafo o por teléfono. Una manifestación encabezada por mujeres y niños fue disuelta a tiros en el Paseo de Colón, frente al edificio de la Capitanía General. A partir de entonces la revuelta se transformó en insurrección. Sin embargo, ningún dirigente republicano, ni lerrouxista ni del Centre Nacionalista Republicà, quiso asumir la dirección de la misma. A medianoche ardió el primer edificio religioso, el Patronato Obrero de San José, en Pueblo Nuevo, regentado por los hermanos maristas.9

La huelga y la revuelta se extendieron a muchas localidades catalanas, especialmente de las provincias de Barcelona y Gerona. En Sabadell, Mataró y Granollers tomó el carácter de una verdadera insurrección en la que se formaron juntas revolucionarias que proclamaron la República, se cortaron las líneas telegráficas y telefónicas y las vías de ferrocarril, se incendiaron edificios religiosos y se produjeron todo tipo de disturbios, siendo los de Sabadell los más graves (en el asalto al Ayuntamiento, algunas de cuyas dependencias fueron incendiadas, murieron ocho personas y veinte resultaron heridas, entre ciudadanos y fuerza pública).10 Hubo incidentes en otras muchas poblaciones, aunque sólo se produjeron incendios de edificios religiosos en Badalona, Premià de Mar (donde también se proclamó la República), Manresa, y San Adrián del Besós (en las comarcas de Barcelona), y Palamós, Calonge y San Feliu de Guixols (en las de Gerona).11
Martes, 27 de julio[editar]

En Barcelona se levantaron cientos de barricadas y varias armerías fueron asaltadas para proveerse de pistolas y fusiles. La violencia se dirigió contra las iglesias y las propiedades eclesiásticas, especialmente los conventos, los colegios y los patronatos de las órdenes religiosas. En el espacio de pocas horas ardieron muchos edificios religiosos. En algunos casos los frailes y las monjas y los bienes fueron respetados, pero en la mayoría los incendiarios se lanzaron al saqueo y al pillaje y se quemaron muebles y enseres. El cura párroco de El Poblenou murió asfixiado en el sótano de su iglesia donde se había refugiado. También se profanaron los cementerios de algunos conventos. El punto culminante de la violencia anticlerical se produjo durante la «noche trágica» del martes al miércoles en la que ardieron veintitrés edificios en el centro de la ciudad y ocho conventos en la periferia, y muchos religiosos sufrieron insultos y escarnios, como una monja anciana que fue obligada a desnudarse para cerciorarse de que no ocultaba nada entre los hábitos.12 En los incendios y en los disturbios tuvieron una participación muy destacada obreros y jóvenes militantes y dirigentes de segunda fila del Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux (que en esos momentos estaba exiliado), una de cuyas señas de identidad era el violento anticlericalismo.13


Francisco Ferrer Guardia, acusado falsamente de instigador de las revueltas, sería ejecutado en octubre de 1909

La inicial protesta antibelicista se había transformado en protesta anticlerical con el incendio de iglesias, conventos y escuelas religiosas. La explosión de violencia anticlerical fue la culminación, según Javier Moreno Luzón, "de años de propaganda revolucionaria, en los cuales se había expandido una cultura popular que achacaba los males del país a la influencia de la Iglesia, tenida por hipócrita y siniestra. […] [Para los alborotadores] las órdenes religiosas no sólo servían a los poderosos, atesoraban grandes riquezas y hacían una competencia económica desleal a los trabajadores en sus talleres, sino que también infligían toda clase de torturas a sus miembros. De ahí su interés morboso por escrutar cadáveres y celdas de monjas. Trataban asimismo de acabar con la red de centros confesionales dedicados a la enseñanza y a la caridad, símbolos de un orden social odioso y destruidos con frecuencia por sus antiguos pupilos y beneficiados".14

La llegada de noticias de Marruecos sobre el Desastre del Barranco del Lobo, donde perecieron de 200 a 300 reservistas, en su mayor parte del contingente que salió de Barcelona el día 18 de julio, avivó la insurrección.
Miércoles, 28 de julio[editar]

Barcelona amanece con numerosas columnas de humo procedentes de los edificios religiosos asaltados e incendiados. A lo largo del día continúa la violencia anticlerical y los tiroteos entre los insurgentes y las fuerzas de orden público. Los incidentes más graves se producen en el barrio de San Andrés de Palomar donde los rebeldes armados con fusiles capturados a los guardias de las casetas de consumos y a miembros del Somatén levantan barricadas e incendian la iglesia parroquial. No obstante este día llegan los primeros refuerzos militares, provenientes de Zaragoza y de Valencia, a los que se les hizo creer que iban a reprimir un movimiento “separatista”.15
Del Jueves, 29 de julio, al Domingo, 1 de agosto[editar]

Empezando por la zona de las Ramblas y el puerto, unos 10.000 soldados fueron ocupando la ciudad de Barcelona, mientras la moral de los insurgentes iba cayendo a medida que eran conscientes de que la rebelión no estaba siendo secundada en el resto de España. Entre el viernes y el sábado la ciudad fue recuperando poco a poco la normalidad excepto en los barrios de San Andrés y de Horta, donde continuaron los tiroteos y donde se produjeron los últimos incendios y saqueos de conventos y de colegios religiosos. El domingo volvieron a publicarse los periódicos. El lunes 2 de agosto los obreros barceloneses, a los que la patronal les prometió que cobrarían el salario de la semana como si nada hubiera ocurrido, volvieron al trabajo. En otras localidades catalanas la completa normalidad no se recuperó hasta el jueves 5 de agosto.16
La represión[editar]
Véase también: Gobierno largo de Antonio Maura

Manifestación durante la Semana Trágica, en la pancarta se puede leer: «Libertad, justicia» en alusión a los numerosos prisioneros

El balance de los disturbios de la ciudad de Barcelona supone un total de 78 muertos (75 civiles y 3 militares); medio millar de heridos y 112 edificios incendiados (de estos, 80 eran edificios religiosos). El gobierno Maura, por medio de su ministro de la Gobernación Juan de la Cierva y Peñafiel, inicia de inmediato, el 31 de julio, una represión durísima y arbitraria. Se detiene a varios millares de personas, de las que 2000 fueron procesadas, resultando 175 penas de destierro, 59 cadenas perpetuas y 5 condenas a muerte. Además se clausuraron los sindicatos y se ordenó el cierre de las escuelas laicas.

Los cinco reos de muerte fueron Josep Miquel Baró, un nacionalista republicano ejecutado el 17 de agosto de 1909 en elcastillo de Montjuic, como los otros cuatro; Antonio Malet Pujol, un republicano lerrouxista, ejecutado el 13 de septiembre; Clemente García, el joven discapacitado mental que había bailado con el cadáver de una monja por las calles de Barcelona, ejecutado el 4 de octubre; Eugenio del Hoyo, un ex guardia civil y guardia de seguridad; y el más conocido de todos ellosFrancisco Ferrer Guardia, pedagogo anarquista cofundador de la Escuela Moderna.17
El «caso Ferrer»[editar]

Ferrer Guardia detenido es conducido por la Guardia Civil a Montjuic

Imagen del juicio a Ferrer Guardia el 9 de octubre de 1909

En principio los sucesos de lo que sería conocida como la «Semana Trágica» y la dura represión posterior no tuvieron consecuencias políticas. Sin embargo la percepción del rey comenzó a cambiar en septiembre sobre todo como consecuencia de la campaña internacional de protesta por la condena a muerte en un consejo de guerra de Francisco Ferrer Guardia, acusado de ser el máximo responsable de los sucesos de la Semana Trágica, y que finalmente sería ejecutado el 13 de octubre, a pesar de las peticiones de conmutación de la pena, una posibilidad que el presidente del gobierno, el conservador Antonio Maura, ni siquiera se planteó. La propia hija de Ferrer le envió una carta al rey Alfonso XIII pidiendo clemencia para su padre:18


Rey muy cristiano que para un pueblo caballeroso simboliza la generosidad y la omnipotencia, no rechazad la humilde y ardiente súplica de la hija de Ferrer. Oh Rey que, como Dios mismo, podéis disponer de la vida o de la muerte, disipad por un arranque de vuestro noble corazón la amargura de mi alma y escuchad la humilde y ardiente súplica.

Según Javier Tusell y Genoveva García Queipo de Llano la pruebas presentadas contra Ferrer "eran escasas y deficientes, en especial para considerarlo jefe de los anarquistas españoles".19

Protesta en París por la ejecución de Francisco Ferrer Guardia (17 de octubre de 1909).

Según estos mismos historiadores, "durante meses la prensa mundial tuvo un motivo permanente de atención en las cosas de España, casi siempre para transmitir de ella una imagen de un país atrasado y bárbaro dominado por la Inquisición religiosa y por una Monarquía retrógrada. En París hubo banderas españolas con crespones negros o quemas de símbolos nacionales. En Suiza los manifestantes gritaban contra España y los curas. En Roma los protestatarios llegaron a entrevistarse con el presidente del Gobierno. También en Lisboa se produjeron actos parecidos y en Buenas Aires se lanzaron bombas contra el consulado español. Hubo mítines en Salónica, y en Génova los trabajadores de los muelles se negaron a descargar buques españoles. EnPetrópolis, una ciudad de Brasil, se quemó una efigie del rey. En Gran Bretaña, las protestas por el asesinato de Ferrer fueron frecuentes… En todo el viejo continente los diplomáticos españoles no cesaron de enviar en sus comunicaciones juicios como los de que la protesta había alcanzado inconcebibles e inexplicables proporciones".20
La caída de Maura[editar]

El rey Alfonso XIII.
Artículo principal: Gobierno largo de Antonio Maura

La protesta internacional por el «caso Ferrer», que apenas había tenido seguimiento en España,21 fue aprovechada por elPartido Liberal para promover un campaña con los republicanos en contra del gobierno al grito de Maura, no. EL 20 de septiembre se incorporaba a este «Bloque de Izquierdas» antimaurista el PSOE.22

El 18 de octubre de 1909, sólo cinco días después de la ejecución de Ferrer, tuvo lugar un debate en el Congreso de Diputados en el que se produjo un duro enfrentamiento entre Maura y Moret. Este pidió la dimisión del gobierno y apeló al rey al afirmar que «alguien» debía hacer entender a los conservadores que debían irse. El día 20 fue el ministro de la Gobernación Juan de la Cierva y Peñafiel el que atacó a Moret de forma muy violenta, llegando a decirle que su política, cuando estuvo al frente del gobierno, había conducido al atentado contra el rey del día de su boda, afirmación que se negó a retirar. El escándalo en las Cortes se hizo todavía mayor cuando Maura respaldó a Cierva dándole la mano. Al día siguiente el diario liberal El Imparcialdeclaró que la situación era «gravísima» porque los liberales habían sido acusados de «contactos siniestros con los anarquistas». El Diario Universal, propiedad del liberal conde de Romanones, afirmó que el gobierno no podía durar «ni un día más». El 22 de octubre Maura acudió a Palacio para plantear la continuidad de su gobierno al rey, pero cuando Maura le presentó la dimisión de forma protocolaria el rey la aceptó. Gabriel Maura Gamazo contó muchos años después la conmoción que provocó en su padre su destitución como presidente del gobierno. El rey nombró en su lugar a Moret. Por su parte el nuncio interpretó el cambio de gobierno como un «primer triunfo» de la «francmasonería internacional» contra España, la Monarquía y, sobre todo, la Iglesia.23

En unas declaraciones al diario francés Le Journal el rey Alfonso XIII lamentó la «interpretación tan falsa» que se había dado de los sucesos de Barcelona y se mostró especialmente dolido con la imagen que se había proyectado de España. «De dar oídos a ciertos franceses, parecería que éramos un país de salvajes», afirmó. Sobre el caso Ferrer dijo: «Yo soy un monarca constitucional, tan constitucional que ni siquiera tengo la iniciativa del indulto». Y añadió a continuación: «¿No habéis tenido vosotros en vuestra casa una cuestión Dreyfus? ¿Nos hemos mezclado nosotros con ella?».24

Bibliografía[editar]
Culla i Clarà, Joan B. (1999). «La semana trágica y la caída de Maura». En Miguel Ángel Bastenier y Vicente Verdú. Protagonistas del siglo XX. Madrid: Diario El País. pp. 70–71; 73.
García Rodríguez, José Carlos (2010). ¿Arde Barcelona? La Semana Trágica, la Prensa y la caída de Maura. Astorga (León): Editorial Akrón.
Juliá, Santos (1999). Un siglo de España. Política y sociedad. Madrid: Marcial Pons. ISBN 84-9537903-1.
Martín Corrales, Eloy (ed.) (2011). Semana Trágica. Entre las barricadas de Barcelona y el Barranco del Lobo. Barcelona: Edicions Bellaterra. ISBN 978-84-7290-528-3.
Moliner Prada, Antonio (ed.) (2009). La Semana Trágica de Cataluña. Alella (Barcelona): Nabla ediciones. ISBN 978-84-92461-34-9.
Moreno Luzón, Javier (2009). «Alfonso XIII, 1902-1931». Restauración y Dictadura. Vol. 7 Historia de España dirigida por Josep Fontana y Ramón Villares. Barcelona: Crítica/Marcial Pons. ISBN 978-84-4423-921-8 |isbn= incorrecto (ayuda).
Tusell, Javier; García Queipo de Llano, Genoveva (2002) [2001]. Alfonso XIII. El rey polémico (2ª edición). Madrid: Taurus. ISBN 84-306-0449-9.
Ullman, Joan Connelly (1972). La Semana Trágica: estudio sobre las causas socioeconòmicas del anticlericalismo en España, 1898-1912. Esplugues de Llobregat (Barcelona): Ariel.
Filmografía[editar]
La ciutat cremada, (Antoni Ribas, 1976)
Enlaces externos[editar]
Wikimedia Commons alberga contenido multimedia sobre Semana Trágica.
Arde Barcelona: La Semana Trágica, ensayo de una revolución, documental de José Manuel Delgado, en Documentos RNE.
Las crónicas de la revuelta: Cuatro días sin La Vanguardia (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el historial y la última versión).

Wednesday, 13 July 2011

La guerra civil de los escritores del mundo

La guerra civil de los escritores del mundo - Jorge Fondebrider


Fue tal vez el más pasional de los conflictos del siglo pasado. Casi toda la intelectualidad de Occidente tomó partido en la Guerra Civil española y se produjeron innumerables obras literarias y plásticas referidas a esa contienda. Hace 70 años, España cambió la lírica de grandes poetas como Neruda, Vallejo y Tuñón. Y convocó a Orwell, a Hemingway, a Dos Passos, a Malraux. Los ecos de aquel combate abrieron trincheras en la cultura argentina. Por ejemplo, separaron violentamente las aguas en la revista Sur. También, son un tema inagotable para historiadores


Miliciana
Hay un frecuente error de naturaleza eminentemente romántica que suele identificar a la izquierda política con el progresismo y a la derecha con el orden conservador. Bastaría con enumerar los gustos estéticos de Lenin y, sobre todo, de Stalin, confrontándolos con los de Rockefeller, para refutar ese equívoco. Ligada a ésta, hay otra falacia que consiste en ubicar las expresiones de la vanguardia artística en el bando progresista, creyendo que quienes no se identifican con la novedad, son meros conservadores, si no abiertamente retrógrados. Nuevamente, valdría la pena verificar cuál fue el credo político de T. S. Eliot y Ezra Pound o, en la vereda de enfrente, de los stalinistas Louis Aragon y Pablo Neruda, todos grandes vanguardistas, para comprobar el error. Dicho todo esto, podrá comprenderse que, leídos desde el presente, los años de la década de 1930 fueron en todo el mundo muy complejos y merecerían un análisis menos trivial y maniqueo que el que, llegada la hora de las efemérides, les corresponde.

Eric Hobsbawm, deteniéndose en los años previos al estallido de la Guerra Civil española, afirma en su famosa Historia del siglo XX que llama la atención que la mayoría de los intelectuales occidentales, de izquierda o derecha, se sintieran movilizados por lo que ocurría en España, un país periférico, ausente de todos los grandes cambios que, desde el siglo XIX, habían tenido lugar en Europa. Y agrega: "No es casual que la política interna de ese país peculiar y aislado se convirtiera en el símbolo de una lucha global en los años treinta. Encarnaba las cuestiones políticas fundamentales de la época: por un lado, la democracia y la revolución social, siendo España el único país de Europa donde ésta parecía a punto de estallar; por otro, la alianza de una contrarrevolución o reacción inspirada por una Iglesia Católica que rechazaba todo cuanto había ocurrido en el mundo desde Martín Lutero. Curiosamente, ni los partidos del comunismo moscovita ni los de inspiración fascista tenían una presencia importante en España antes de la guerra civil, ya que allí se daba una situación anómala, con predominio de los anarquistas de ultraizquierda y de los carlistas de ultraderecha". 

Se supone que 10.000 franceses, 5.000 alemanes y austríacos, 5.000 polacos y ucranianos, 3.500 italianos, 2.800 estadounidenses, 1.500 yugoslavos, 1.500 checos, 1.000 húngaros, 1.000 escandinavos y mucha gente de otros países fue a pelear a España. También unos 2.000 británicos (entre los que se incluyen, claro, los irlandeses). Así, las presencias en las Brigadas Internacionales del francés André Malraux, de los alemanes Gustav Regler y Ludwing Renn, del húngaro Mata Zalka, del cubano Alejo Carpentier, como la simpatía de Ernest Hemingway o John Dos Passos —presentes en Madrid durante la guerra— y el apoyo de personalidades de la talla de Charles Chaplin, Clark Gable, Marlene Dietrich, Bette Davis, Paul Robeson y Charles Laughton, entre muchísimos otros, demuestran las repercusiones de una guerra que, según unos versos del inglés W. H. Auden, ocurría "En ese árido cuadrado, en ese fragmento desgajado de la cálida/ Africa, tan toscamente unido a la ingeniosa Europa". Allá, en opinión de Auden —acaso el más notable exponente de la generación de poetas británicos de 1930—, "nuestros pensamientos tienen cuerpos".

El de Auden no fue un caso aislado dentro de su generación. En el prólogo de Poesía inglesa de la guerra española, una antología preparada por William Shand y Alberto Girri, publicada por El Ateneo en 1947, Guillermo de Torre escribió: "Los intelectuales ingleses se solidarizaron con España en todo sentido. Algunos dieron sus vidas como Ralph Fox, Julian Bell, Charles Donnelly, John Cornford; este último murió luchando en la Brigada Internacional al día siguiente de cumplir sus veintiún años. Pero no sólo los más jóvenes y nuevos, sino los que eran ya notorios en aquellas fechas, como Auden, (Stephen) Spender, (Cecil) Day Lewis, Herbert Read, (J.) Bronowsky y otros dejaron oír sus voces solidarias en poemas que rebasan el interés circunstancial y adquieren valor permanente". Así lo testimonian las varias antologías anteriores a la suya, que enumera Valentine Cunningham en las palabras preliminares a su Spanish Civil War Verse (Penguin Books, 1980): And Spain Sings: Fifty Loyalist Ballads, adapted by American Poets (1937), de M. J. Bernardete y Rolfe Humphries, que incluye versiones de Katherine Anne Porter y a Miguel Hernández traducido por William Carlos Williams; Poems for Spain (1939), de Stephen Spender y John Lehmann (1939); The Heart of Spain: Anthology of Fiction, Non Fiction and Poetry (1952), de Alvah Bessie; Poetry of the Thirties (1964), de Robin Skelton.

Respecto de las otras, la antología de Cunningham tiene varios puntos de interés. El primero, incluye muchos más nombres. Así, a los ya citados, suma a poetas distinguidos como George Orwell, Kathleen Raine, George Barker, Sylvia Townsend Warner, Laurie Lee, Ruthven Todd, Nancy Cunard y Roy Fuller. Los irlandeses Charles Donnelly —voluntario muerto en 1937 en la batalla del Jarama— y Louis MacNeice —quien a fines de diciembre de 1938, tal como señala su biógrafo Jon Stalworthty, recorrió en representación de los escritores ingleses una Barcelona incendiada en compañía de Antonio Machado— también ocupan un lugar destacado. Junto con el escocés Hugh MacDiarmid. Sorprende por la virulencia de sus opiniones el extraordinario poeta sudafricano Roy Campbell, claro simpatizante de Franco.

Además de los muy conocidos Antonio Machado, Rafael Alberti, Miguel Hernández y Manuel Altolaguirre, Valentine Cunningham incluye entre otros a Francis Fuentes, Antonio García Luque y Félix Paredes. La lista, con todo, podría ampliarse significativamente si se recurre al Romancero de la Guerra Civil española (Visor, 1984), de Gonzalo Santonja, quien añade a Vicente Aleixandre y José Bergamín entre los más notables. También si se considera a los poetas que debieron o eligieron refugiarse en el extranjero, como Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas, Luis Cernuda, León Felipe, Jorge Guillén. Hubo, sin duda más poetas españoles que tomaron la Guerra Civil como motivo de sus textos. Párrafo aparte merece Manuel Machado, hermano de Antonio, quien escribió en 1939, para festejar la entrada de Franco en Madrid, un panegírico en verso, titulado "Al sable del Caudillo". Menos virulentos, pero igualmente adictos al régimen, fueron José María Pemán y Dionisio Ridruejo, entre muchos otros reconocidos franquistas.

Morir en Madrid

En 1934, Pablo Neruda llegó a Madrid, transferido del consulado chileno de Buenos Aires. Aquí había conocido a Federico García Lorca y ambos se habían hecho amigos. Su vida madrileña le trajo muchas relaciones: Alberti, Hernández, Bergamín, Aleixandre, Gómez de la Serna, Salinas, Guillén y Altolaguirre, poeta e imprentero con quien Neruda hizo los cinco primeros números de la revista Caballo Verde. El sexto, según cuenta en sus memorias, quedó sin compaginar porque debía salir el aciago 18 de julio de 1936. "Un chileno simpático y aventurero —anota Neruda—, llamado Bobby Deglané, era empresario de catch-as-can en el gran circo Prince de Madrid. Le manifesté mis reservas sobre la seriedad de ese ''deporte'', y él me convenció de que fuera al circo, junto con García Lorca, a verificar la autenticidad del espectáculo. Convencí a Federico y quedamos en encontrarnos allí a una hora convenida. Pasaríamos el rato viendo las truculencias del Troglodita Enmascarado, del Estrangulador Abisino y del Orangután Siniestro. Federico faltó a la cita. Ya iba camino de su muerte. Ya nunca más nos vimos. Su cita era con otros estranguladores. Y de ese modo la guerra de España, que cambió mi poesía, comenzó para mí con la desaparición de un poeta".

La versión de Raúl González Tuñón (que con Neruda es el otro latinoamericano incluido en la antología de Cunningham, traducido por el gran etnomusicólogo inglés A. L. Lloyd, miembro del PC británico y también presente en España) es diferente. Cuenta que la última vez que vio a Lorca fue en Barcelona: "Ese mediodía fuimos a almorzar al restaurante Los Caracoles. No íbamos a volver a verlo. ¡Federico García Lorca! Se ha sabido después que a comienzos de julio de 1936, cuando Madrid se agitaba y había sido muerto un guardia de asalto republicano, Federico le dijo a Neruda, todavía cónsul en Madrid, cargo que ocupó hasta el levantamiento de Franco, pues fue relevado del mismo por adherir públicamente a la causa del pueblo español: ''Me voy a Granada en busca de tranquilidad, para escribir en paz una obra que he comenzado''. Y fue otra la paz que allá le esperaba.".

Al chileno y al argentino, la guerra les dejaría sendos libros. Neruda escribió España en el corazón, publicado por primera vez por Manuel Altolaguirre, quien había instalado una imprenta en el frente del Este, cerca de Gerona, con la ayuda de los soldados republicanos. "Mi libro era el orgullo de esos hombres que habían trabajado mi poesía en un desafío a la muerte —escribe Neruda, con su habitual falta de modestia—. Supe que muchos habían preferido acarrear sacos con los ejemplares impresos antes que sus propios alimentos y ropas. Con los sacos al hombro emprendieron la larga marcha hacia Francia. La inmensa columna que caminaba rumbo al destierro fue bombardeada cientos de veces. Cayeron muchos soldados y se desparramaron los libros en la carretera. Otros continuaron la inacabable huida. Más allá de la frontera trataron brutalmente a los españoles que llegaban al exilio. En una hoguera fueron inmolados los últimos ejemplares de aquel libro ardiente que nació y murió en plena batalla".

Tuñón, en cambio, publicará La rosa blindada en Buenos Aires, gracias a la Federación Gráfica Bonaerense, en 1936. En el prólogo a la segunda edición, de 1962, él mismo se ocupa de explicar cómo fue que lo escribió: "Pasamos en Madrid casi todo el año 1935. Allí, un día, nos presentaron a Dolores Ibárruri, dirigente de Pro Infancia, entidad encargada de organizar la ayuda a los huérfanos de los mineros masacrados por las tropas moras y el Tercio Extranjero, por los ''galápagos de pellejo duro que no se ruborizan''. Ella nos puso al tanto de algunos hechos que habíamos conocido a través de cables escuetos y detalles de otros que ignorábamos, relacionados con el heroísmo y el martirio de los mineros asturianos". Entre los poemas que surgieron de esas informaciones estaba "La Libertaria", escrito a la memoria de Aída Lafuente. Años más tarde, Tuñón le contaría a Horacio Salas: "En plena guerra civil, a un centenar de escritores y periodistas de muchas partes del mundo nos invitaron al acto que iba a realizarse en un teatro, sobre la base de un muy variado espectáculo. Al final, un coro cantó mi poema ''La Libertaria'', y como te imaginarás, me causó una impresión enorme. En seguida marché hacia el escenario, porque no habían dado el nombre del autor de la letra y pensaba decirles que era yo. Estaba orgulloso, claro. Pero algo me iluminó, pues me limité a preguntar: ¿De quién es la letra de ''La Libertaria''?. Me contestaron: ''No lo conocemos, es un autor anónimo''. ¡Autor anónimo! ¡Qué te parece! Me encantó que lo pensaran y yo casi la embarro: ¡autor anónimo a los 32 años!".

Aparta ese cáliz

Otros poetas latinoamericanos escribieron sobre la Guerra Civil. Varios de ellos publicaron sus textos en 1937, el año en que fue bombardeado el pueblo de Guernica. Octavio Paz, por ejemplo, publicó en México su "Elegía", luego incluida en Libertad bajo palabra, de 1945. El cubano Nicolás Guillén publicó ese mismo año su Poema en cuatro angustias y una esperanza.

Más importante, sin duda, fue la obra que la guerra le inspiró al peruano César Vallejo. Había llegado a París en 1923, donde vivió y murió en la más extrema pobreza. Desde allí colaboraba para el diario El Comercio y para las revistas Variedades y Mundial. En 1926, con Juan Larrea, editó la revista Favorables. En 1930 fue expulsado de Francia por su militancia política. Emigrado a España, al cabo de dos años volvió a París. Pero llegó la guerra y en 1936 regresó a España, donde un año más tarde los soldados del ejército republicano del Este publicaron los quince poemas que componen España, aparta de mí ese cáliz. A la caída de Barcelona, el libro fue destruido y sólo se haría conocido en la edición mexicana de 1940.

Se trata, probablemente, de algunos de los mejores textos escritos en castellano sobre la Guerra Civil española. En esos textos el autor de Trilce (1922), logró poner muchos de sus extraordinarios descubrimientos prosódicos al servicio de algunas de sus mayores obsesiones: el amor fraterno, la libertad, la reivindicación de la justicia y los derechos humanos, la conciencia del dolor ajeno, temas que, con extrema ligereza, la posmodernidad suele caracterizar como ingenuos.

Thursday, 30 June 2011

Spanish Civil War 'drew 4,000 Britons' to fight fascism

  • 28 June 2011
Soldiers of Gen Franco's Nationalists escort captured Republican troops in the Spanish Civil War
Image captionHundreds of Britons who went to fight in the Spanish Civil War never returned, experts say
Hundreds more Britons went to fight fascism in the Spanish Civil War in the 1930s than had previously been thought, newly released files show.
MI5 recorded the names of about 4,000 people from Britain and Ireland suspected of travelling to join the war, National Archives files show.
The previous estimate stood at about 2,500. Many volunteers were communists and of interest to MI5.
One name on the list is Eric Blair, better known as author George Orwell.
His experiences in the Spanish Civil War were documented in his book Homage to Catalonia.
The details of those who had joined the fight against General Franco's forces between 1936 and 1939 continued to be updated by security service MI5 up until the mid-1950s.
The record for Orwell covers the period in which he published the bestselling novels Animal Farm and Nineteen Eighty-Four, until his death in January 1950.
The files, which can be downloaded free for a month, comprise more than 200 pages detailing the movements of the men and women who left British ports for the Spanish front line - as well as a "roll of honour" of some of those killed in action.
James Cronan, the National Archives' diplomatic and colonial records specialist, said it was not clear how many of those who left actually reached Spain, but he added that "we know that hundreds never returned".
"The International Brigades and associated militia brought volunteers together from all over the world in defence of democracy but few, if any, records exist of their service," he said. "That's why uncovering a document like this is so exciting."
This year marks the 75th anniversary of the start of the war in July 1936.